La senda irresponsable de Sánchez

Consideren un país cualquiera que se enfrenta a un tsunami demográfico. Este país acaba de tener el peor saldo vegetativo de su historia: han nacido 391.930 niños y han muerto 423.643 personas, un saldo negativo de más de 31.000. Estarán de acuerdo en que éste es un país que debe ahorrar, en lo posible, para un complicado futuro. Desgraciadamente, este país, que es España, en vez de estar ahorrando para ese difícil futuro, es el quinto con mayor deuda pública de Europa, y tiene el segundo mayor déficit de Europa, tras Rumanía.

¡Ah, pero este país tiene una oportunidad histórica para poner la casa en orden y prepararse para la que se nos viene encima! El país está disfrutando de un alto crecimiento económico, y su recaudación tributaria ha alcanzado, en los cinco primeros meses de 2018, los mayores niveles de su historia.

Así razonamos desde Ciudadanos, el año pasado, cuando logramos que 2017, con el primer Presupuesto que negociamos, fuera el primero en una década que no se desviara ni una décima del objetivo de déficit marcado por los compromisos europeos. Se trataba de reconocer que nada es gratis, que hay que mimar la recuperación y evitar el pan para hoy y hambruna para mañana del anterior Gobierno socialista.

Pues bien, el debilísimo Ejecutivo de Sánchez se dispone a volver a las andadas. Sus planes son más déficit, más deuda, más gasto, y más impuestos ahora, y consecuentemente más impuestos ahora y más adelante, cuando esta capacidad fiscal será muy necesaria para financiar lo que será un maltrecho Estado del bienestar. Las grandes cifras que condensan su electoralista política fiscal son las que se votarán hoy viernes en el Congreso y el lunes en el Senado. Esto es lo que se conoce popularmente como techo de gasto, un acuerdo del Consejo de Ministros que contiene la senda de déficit, el objetivo de deuda pública, la regla de gasto y el límite de gasto no financiero de la Administración General del Estado.

Para conseguir sus objetivos electoralistas, Moncloa propone dos cosas. En primer lugar, suavizar la senda de déficit: el Gobierno de Sánchez ha comunicado unilateralmente a la Comisión Europea que el desfase entre ingresos y gastos será superior en 0,5 puntos en los próximos tres años. Esto son algo más de 6.000 millones más de gasto al año, unos 20.000 millones más de deuda pública de aquí al final de la legislatura. Traduciendo, el país que más déficit tiene de Europa, y que por primera vez en 10 años había cumplido con el déficit, ha dicho que la senda le parece demasiado difícil, aunque la economía española esté creciendo al 3%.

Esta mayor deuda tiene consecuencias que todos podemos imaginar. Pagaremos más intereses a medida que el Banco Central Europeo vaya subiendo los tipos de interés, y sufriremos tipos mayores que otros países. Tendremos mucho menos margen (ninguno) para hacer políticas fiscales anticíclicas si las cosas vienen mal dadas. Y, esto es lo más importante, recortamos nuestro margen de maniobra para ese futuro cercano en el que el sistema de pensiones empieza a exigir a nuestro despilfarrador estado más de lo que este puede dar.

En segundo lugar, para financiar las variadas ocurrencias de gasto del nuevo Gobierno no sólo afrontaremos más déficit y más deuda, sino también más impuestos. Sánchez no quiere realizar ninguna reforma que potencie el crecimiento económico. Tampoco ha anunciado ninguna medida significativa para luchar contra el fraude. Ha elegido el camino más cómodo: subir impuestos.

La lista de subidas previstas es simplemente impresionante. El “Gobierno de la dignidad” quiere incrementar los impuestos a los conductores de coches diésel, a los clientes de los bancos, a las grandes empresas… eso sí, entendiendo por “grandes” a las medianas que vendan ocho millones al año. Por último, los socialistas también quieren subir las cotizaciones tanto a los trabajadores como a los autónomos y a las empresas en un destope que sería, simplemente, un impuesto al trabajo.

Una sola justificación podría aducirse para justificar la senda elegida por el Gobierno socialista: invertir en el futuro. Financiar un cambio radical en políticas educativas, de innovación y de crecimiento, para que la economía genere crecimiento mejor y de mucha mejor calidad.

Les sorprenderá poco a los lectores saber que nada de esto está en los planes de Sánchez. Lo anunciado por el Gobierno no tiene mayor objetivo que hacer en las mejores condiciones posibles las campañas locales y autonómicas del 2019: las Comunidades Autónomas podrán gastar 2.500 millones más, la Seguridad Social otro tanto, y el Estado cerca de 6.000 millones más. Esta última cifra es el crecimiento del límite de gasto financiero que, siguiendo la recomendación de Podemos, crece un 4,4% por encima del crecimiento económico. Ninguna de las medidas anunciadas supone un esfuerzo estructural para que nuestra economía crezca más. De hecho, nos atrevemos a pronosticar que todas y cada una de estas medidas, el incremento de déficit, el de impuestos, y el del gasto improductivo, todas, llevarán a una caída del crecimiento económico en el medio plazo.

Si los objetivos son pésimos tanto en ingresos como en gastos, también lo ha sido el procedimiento. El ministro Montoro, en los últimos dos años, negoció el techo de gasto con los grupos parlamentarios antes de llevarlo al Parlamento. El resultado de esa negociación es, por ejemplo, que los mileuristas ya no pagan el IRPF gracias a esta exigencia de Ciudadanos para aprobar el vigente techo de gasto. Este viernes, por el contrario, el Gobierno Sánchez lleva a las Cortes el acuerdo de techo de gasto sin ni siquiera haber consultado a los grupos parlamentarios con carácter previo.

En Ciudadanos creemos que los españoles no se merecen ni la irresponsabilidad fiscal de acumular más deuda cuando deberíamos estar reduciéndola, ni pagar más impuestos. Si, como imaginamos, este acuerdo, derivado de una política fiscal equivocada, no tiene la más mínima posibilidad de pasar el examen parlamentario, esperamos que el nuevo acuerdo que este Gobierno deberá remitir en el plazo de un mes se negocie y, sobre todo, que sea más sensato.

Mientras tanto, desde Ciudadanos votaremos en contra de este techo de gasto, tanto en el Congreso como en el Senado. Votaremos en contra de más déficit, más gasto, más despilfarro y más impuestos. Votaremos a favor de la sensatez en política fiscal, y en contra de que el presidente del Gobierno, con este Presupuesto electoralista, trate de que los españoles les financien la campaña electoral más larga y más cara de la historia.

Francisco de la Torre es diputado de Cs y presidente de la Comisión de Presupuestos del Congreso. Luis Garicano es responsable de economía y empleo de Ciudadanos.

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