La Seo, un debate innecesario

Tras siglos de islamización, la catedral del Salvador de Zaragoza, conocida como la Seo, fue consagrada en 1121 sobe la mezquita mayor de Saraqusta, en el solar del antiguo foro romano. Desde entonces, la Iglesia la ha poseído pacíficamente hasta nuestros días, casi durante novecientos años. ¿Qué mayor legitimidad de dominio que la posesión durante este tiempo? Entonces no fue posible ningún tipo de inscripción, al no existir en el siglo XII Registro ni Estado.

Sorprende que el alcalde Pedro Santisteve ni siquiera tome en consideración la historia de uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad, al afirmar (HERALDO, 8 de abril) que la catedral fue construida por el pueblo. En un asunto tan delicado, pretende justificar el dominio público con argumentos erráticos y superficiales. ¿Cómo un pueblo pobre y analfabeto se embarcó en semejante tarea de siglos? ¿Cómo un pueblo analfabeto y pobre diseñó la variedad de estilos artísticos? Precisamente, las esculturas de capiteles y de retablos pretendían promocionar culturalmente a una sociedad que no sabía leer ni escribir.

Da la impresión de que estamos ante un nuevo movimiento populista de corto recorrido, que busca la notoriedad que tal vez no da el quehacer municipal. En cualquier caso, la construcción de la Seo fue obra de personas creyentes, cultas y generosas y no del pueblo en general. Sin olvidar el mecenazgo del Papa Luna y su cimborrio, cuya enseña, la media luna invertida, permanece en el templo. Tampoco fue el rey, sino el obispo Pedro de Librana, quien inició la construcción, contando con el apoyo de fieles benefactores, nobleza, ricohombres o gremios. Y no olvidemos que los diferentes constructores lo hicieron ‘ad maioren Dei gloriam’.

Con la alusión a la Ley Hipotecaria de Primo de Rivera, de 1926, el alcalde abraza el planteamiento del insigne dictador. Y se refiere también a la rehabilitación con dinero público. Efectivamente, con dinero público, con dinero de la Iglesia y con dinero de diversas entidades privadas. Pero, de acuerdo con el artículo 46 de la Constitución, «los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad». Conviene insistir en «cualquiera que sea su titularidad». Y el artículo 158 otorga competencias a las comunidades autónomas, y no a los Ayuntamientos, en lo referente al patrimonio monumental de interés de la comunidad. El Estado, en definitiva, no hace sino atenerse a los mandatos constitucionales.

Para legitimar el dominio público, Santisteve se refiere también al bien común. No sé qué entenderá el alcalde por bien común. Tal vez pretenda un giro o ruptura respecto al pensamiento de siglos anteriores, formulando conflictos innecesarios, volcándose en una ética atractiva para la satisfacción de sus bases laicistas. Porque desde un principio la Seo ha estado, conforme a su naturaleza, al servicio del bien común, en este caso con el servicio cultual, fin primordial de cualquier templo; en caso contrario el templo pierde su razón de ser. Lo cual no impide la celebración de actos culturales o artísticos. En las celebraciones religiosas, las puertas de la Seo quedan abiertas de par en par para quienes lo deseen, sin marginaciones por motivos ideológicos, culturales, religiosos o políticos.

Con tan peregrinos argumentos, quién sabe si Santisteve irá un día a por la basílica del Pilar. Ojalá tenga presente las ‘Cartas filosóficas’, en las que Voltaire apuesta por la tolerancia y el sentido común, y no pierda el tiempo en debates innecesarios, lo cual va en detrimento del bien común.

Alfredo Compaired Aragüés

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