La sólidas reformas energéticas de México

México está perfilándose para llegar a ser la estrella económica de Latinoamérica en el próximo decenio. La reciente reforma del sector energético por parte del Gobierno contribuirá directamente a los resultados económicos reduciendo el costo de la manufactura. En el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), el aumento consiguiente en la competitividad de la manufactura presagia un impulso importante del crecimiento de México.

Hasta que el Gobierno aprobó la necesaria modificación constitucional y promulgó la legislación correspondiente, el sector energético de México era enteramente de propiedad estatal. El componente más importante de dicho sector, Pemex, era la propietaria de todas las reservas de petróleo y gas de México y la encargada exclusiva de la exploración, la producción y la distribución al por menor. También la producción y distribución de electricidad estaba enteramente en manos del Gobierno.

Como los conocimientos técnicos de Pemex eran limitados, no podían desarrollar y explotar enteramente los enormes recursos de petróleo y gas de México. Hay unas importantes reservas de petróleo que requieren la tecnología para la perforación en aguas profundas, de la que esa empresa carece. Además, hay pozos antiguos que han dejado de producir, pero se podría volverlos productivos de nuevo con las tecnologías modernas, y hay yacimientos de gas y petróleo que sólo se pueden explotar con las nuevas tecnologías de fracturación hidráulica y perforación horizontal.

Hasta que se aplicó la reforma, se habían considerado durante mucho tiempo patrimonio nacional las reservas energéticas que sólo podía desarrollar Pemex. Como la Constitución prohibía toda propiedad extranjera directa o indirecta, no había forma de brindar incentivos para que las empresas extranjeras compartiesen su tecnología, pero dicha tecnología extranjera ofrecía tan importantes beneficios, que el Presidente Enrique Peña Nieto pudo reunir una mayoría en el Congreso de México para modificar la Constitución y aprobar la legislación que atraerá a las empresas energética extranjeras al país.

La apertura del sector energético completa el programa de integración económica que se inició cuando se aprobó el TLC en 1994. Ese acuerdo transformó a México de una economía muy cerrada y con pocas exportaciones de manufacturas en otra que ahora está estrechamente vinculada con la de los Estados Unidos. El aumento de la producción de petróleo y gas mexicanos consolidará dichos vínculos y contribuirá a la independencia energética norteamericana.

Las exportaciones de manufacturas de México se han multiplicado por diez desde que se creó el TLC y el 80 por ciento, aproximadamente, de ellas van dirigidas a los Estados Unidos. Muchas empresas multinacionales de los EE.UU. han implantado instalaciones en México como parte de su proceso total de producción, que está estrechamente unido a los insumos obtenidos localmente. De hecho, las relaciones manufactureras entre los EE.UU. y México son tales, que el 40 por ciento, aproximadamente, del valor añadido en las exportaciones mexicanas a los EE.UU. procede en realidad de este último país.

Las nuevas reformas energéticas permitirán también a México beneficiarse del gas, más barato, del Canadá. El precio del gas en los EE.UU. y en el Canadá es tan sólo la mitad del precio actual en México (y menos de la mitad del precio en Europa y Asia). El acceso de México a un gas más barato impulsará las industrias petroquímicas mexicanas y reducirá los costos energéticos para la manufactura. Los expertos calculan que el costo de la electricidad para las manufacturas mexicanas podría reducirse nada menos que en un 20 por ciento.

La privatización de Pemex y de la empresa nacional de electricidad permitirá también que gestores profesionales capacitados substituyan a los burócratas estatales y pondrá fin al importante papel que desempeñan actualmente los sindicatos en el proceso de dirección. Además, la privatización eliminará las limitaciones a la inversión que el presupuesto gubernamental ha impuesto a Pemex y a la empresa de electricidad.

Incluso antes de que se aplicaran las reformas del sector energético, México había estado aplicando unas políticas macroeconómicas racionales durante un período de tiempo considerable. A consecuencia de ello, el país se ha beneficiado de una inflación escasa, déficits fiscales pequeños y déficits por cuenta corriente manejables. Y, aunque México tiene un régimen de tipos de cambio de libre fluctuación, el valor del peso frente al dólar ha permanecido estable.

Todo esto no quita para que México siga teniendo que afrontar otros problemas importantes. Por ejemplo, las enseñanzas primaria y secundaria necesitan mejoras que los sindicatos de profesores están bloqueando y por culpa de las actividades delictivas, gran parte de ellas relacionadas con las drogas, la seguridad personal es un grave motivo de preocupación en todo el país.

Pero, pese a dichos problemas, las reformas energéticas y eléctricas y los profundos vínculos con los EE.UU. y el Canadá que entrañan, presagian una aceleración de la tasa de crecimiento de México, un impulso al empleo y los ingresos y, por tanto, un aumento del nivel de vida de México.

Martin Feldstein, Professor of Economics at Harvard University and President Emeritus of the National Bureau of Economic Research, chaired President Ronald Reagan’s Council of Economic Advisers from 1982 to 1984. In 2006, he was appointed to President Bush’s Foreign Intelligence Advisory Board, and, in 2009, was appointed to President Obama’s Economic Recovery Advisory Board. Currently, he is on the board of directors of the Council on Foreign Relations, the Trilateral Commission, and the Group of 30, a non-profit, international body that seeks greater understanding of global economic issues. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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