La solución son los salarios

Confieso estar un poco sorprendido. Gratamente sorprendido. Algo se mueve en la Comisión Europea en su visión sobre la situación económica en la Unión. Según el informe de otoño que la Comisión acaba de publicar, la recuperación económica se consolida. Todos los países del euro vuelven a crecer. Y el pronóstico para el 2018 es también positivo. Es una buena noticia.

Sin embargo, la sorpresa surge cuando se leen los adjetivos que el informe utiliza para calificar ese crecimiento: «incompleto» y «atípico». ¿Por qué motivo? Porque no viene acompañado de un paralelo crecimiento de los salarios. «Pobre»,  «flojo», «débil» crecimiento salarial. Especialmente en los países mediterráneos; en particular, España. Algo que no debería sorprender después de proponer durante años reformas laborales que inevitablemente implicaban contención, cuando no caída, de salarios.

¿Por qué la Comisión se preocupa ahora por el estancamiento salarial? Porque sin esa mejora salarial la recuperación económica difícilmente será sostenible. El motivo es que hasta ahora el motor principal del crecimiento ha sido el estímulo monetario y crediticio que el Banco Central Europeo, de la mano del italiano Mario Draghi, introdujo desde el 2015. Desde esa fecha, el BCE, preocupado por las tendencias deflacionistas en el área del euro, decidió abandonar la ortodoxia monetaria que había mantenido hasta ese momento y pasó a usar instrumentos no convencionales: la compra directa de deuda pública de la zona euro. Esto había sido anatema anteriormente. Especialmente por parte germana, Pero es algo que el BCE tenía que hacer si quería ser un banco central como dios, dispuesto a hacer transfusiones de crédito hasta donde hiciese falta para reanimar a la economía del euro y volver a una inflación razonable que acabase con las expectativas depresivas.

Mucha gente, incluidos expertos y responsables políticos, piensa que crear inflación es fácil. No es cierto. Cuando existen expectativas deflacionistas en los consumidores e inversores, un banco central debe comportarse como un alcohólico empedernido antes de que los agentes económicos introduzcan la expectativa de inflación en sus conductas. Pese a los años que lleva inyectando grandes cantidades de dinero cada mes, aún no lo ha logrado. La inflación aún está por debajo del objetivo del 2%.

Pero Draghi acaba de anunciar el principio del fin de esos estímulos. Aunque será de forma controlada: menos incentivos, pero durante más tiempo. Pero este anuncio plantea la cuestión de qué sustituirá al estímulo monetario como motor del crecimiento. El candidato solo puede ser el consumo de las familias. Se podría volver a fomentar el consumo favoreciendo el endeudamiento. Esa opción ya se utilizó antes de la crisis. Y sabemos cómo acabó la historia.

Pero aquí es donde surge el problema. El consumo de los hogares está lastrado por el pobre comportamiento de los salarios. Hay que recordar que el capitalismo funciona con el consumo de las clases medias y trabajadoras, no con el de los más ricos.

Al llamar la atención sobre los salarios, la Comisión Europea viene a sumarse a lo que viene haciendo el BCE. Primero pidiendo el activismo fiscal-inversor de los gobiernos y de la Comisión. Y ahora el activismo salarial. Así, en la reunión del pasado mes de junio el BCE señaló que el mayor riesgo para la economía del euro es el «sorprendente» comportamiento de los salarios. La sorpresa está justificada porque, de acuerdo con la llamada curva de Philips –un economista británico de mediados del siglo pasado–, cuando el desempleo se reduce los salarios tienden a aumentar. Sin embargo, no está ocurriendo así en la zona euro.

Pero llevamos tanto tiempo con una mentalidad deflacionista de los salarios como vía para la competitividad empresarial que ahora es difícil hacer comprender la necesidad de una política de rentas. Probablemente la Comisión y los gobiernos deberán seguir el ejemplo del primer ministro de Japón, Shinzo Abe, involucrándose personalmente en las negociaciones salariales de su país.

En todo caso, ¿hay margen para subidas salariales? Lo hay. En la mayoría de los sectores de la economía española ha habido mejoras de márgenes que permiten las mejoras salariales. Un buen ejemplo es el acuerdo alcanzado en Baleares –entre Administración, patronal y sindicatos– en el sector hotelero para subir los salarios de forma gradual en los próximos años.

Si queremos que la recuperación económica europea y española se mantengan y que, además, vengan acompañadas de progreso social, la solución es  mejorar los salarios.

Antón Costas, Catedrático de Política Económica (UB).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *