La supervivencia de Lula

Por Antoni Traveria, director de Casa Amèrica Catalunya (EL PERIÓDICO, 30/09/06):

Ni los numerosos escándalos de corrupción que han salpicado la acción de su Gobierno, ni la cadena de dimisiones en su entorno político de confianza más personal, ni tampoco las denuncias de última hora de una oposición desorientada parecen ser argumentos suficientes para evitar que Luiz Inácio Lula da Silva logre prolongar su mandato al frente de Brasil. Si, además, consigue ganar en primera vuelta este domingo con más del 50% de los sufragios, podremos convenir que nos hallamos ante una figura política incombustible que ha sabido levantarse fortalecido de las severas caídas sufridas en estos años. Desde los ya remotos inicios de su carrera política, Lula ha mostrado una enorme capacidad para sobreponerse a la derrota y salir airoso, hasta la fecha, de situaciones especialmente críticas que habrían acabado con muchos líderes con una supuesta mayor formación intelectual y política.

Su primer intento frustrado de acceder a la presidencia se produjo en 1989. Perdió en el último minuto ante un candidato prefabricado de urgencia por la oligarquía financiera tradicional con el inestimable apoyo televisivo del grupo mediático más influyente de Brasil. Iba por delante en todas las encuestas, pero la campaña sucia del miedo al comunismo que Lula representaba, decían, le derrotó ante Fernando Collor de Mello, que acabaría su mandato hundido en una marea de corrupción. Cinco años después, el triunfo de Fernando Henrique Cardoso supuso su segundo fracaso. Nadie pensaba que volvería a intentarlo otra vez en 1998. Favorito en las encuestas, declaró en aquella ocasión que paralizaría el proceso de privatización de las empresas públicas y que se disponía a corregir la política de cambio. Aquellas palabras le costaron la elección después de una espectacular caída de las bolsas. Lejos de rendirse, en el 2002, en su cuarto intento, logró un triunfo histórico indiscutible con más de 52 millones de votos.

Lula había moderado y madurado sus propuestas, había también cambiado su característico atuendo informal por trajes de diseño, el corte de pelo, la dentadura. Más pragmático, mucho menos radical, más ortodoxo, menos ingenuo, el márketing entró en la vida de aquel tornero metalúrgico doctorado en sindicalismo que, con enorme tenacidad, logró convertirse en un símbolo de referencia política más allá incluso de las fronteras de Brasil. También el país había cambiado desde aquellas primeras elecciones libres de 1989. A pesar de sonoras frustraciones, la transformación democrática supuso que los más desposeídos se incorporaran al proceso de decisión política.

Precisamente las políticas sociales y la redistribución de la renta son dos de las claves para entender, en gran medida, el favor que mantiene entre una parte significativa del electorado. Los programas Hambre Cero y Bolsa Familia, que distribuyen dinero a cerca de 40 millones de personas, han logrado satisfacer necesidades mínimas de miles de familias condenadas a subsistir en la miseria. La prestigiosa Fundación Getulio Vargas acaba de publicar una investigación en la que destaca que en este primer mandato del presidente Lula la pobreza se ha reducido un 19%, y la renta media de los brasileños ha tenido un crecimiento en el 2005 de un 29,75%, mientras que con Cardoso en la presidencia, la caída alcanzó el 5%, por las diversas inestabilidades financieras que sufrió el país a partir de 1998, tras la reelección del dirigente.

Tal vez el momento más crítico para Lula, aunque ha habido más, se produjo en agosto del año pasado, cuando buscó refugio en las tierras del nordeste, la zona donde se concentran grandes bolsas de pobreza y en la que obtiene los índices más altos de apoyo popular. La oposición política llegó a reclamar su juicio político para inhabilitarle como presidente. Se había quedado solo. La cúpula del Partido de los Trabajadores (PT) y varios ministros de su gabinete habían sido literalmente barridos, al aparecer involucrados en sobornos y malversaciones de fondos en una tupida red de corrupción institucionalizada. Las comisiones de investigación se sucedían en un Parlamento convertido en una especie de circo romano retransmitido en directo por las televisiones. Un espectáculo de bajas pasiones en el que todo valía para desacreditar al enemigo, sin comprender que todos podían quedar bajo sospecha, incluidas las instituciones democráticas, como así ha sido.

Los últimos días de campaña han servido para acentuar la estrategia de erosión de Lula a raíz de nuevas revelaciones de corrupción. Pero las encuestas vuelven a otorgarle ahora el papel de favorito, con un mínimo de 15 puntos de ventaja sobre Geraldo Alckmin, candidato de una variopinta coalición de partidos de derecha y centro que ya solo aspira a que Lula no alcance a la primera más de la mitad de los votos emitidos, para forzar así una segunda vuelta el próximo 29 de octubre. Y Lula responde: “Fidel Castro escribió que la historia un día lo absolverá. Yo no voy a precisar esperar por la historia: el pueblo me absolverá ahora”. Veamos.