La tercera hora ataca de nuevo

Por Alberte Branchadell, profesor de la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB (EL PERIÓDICO, 08/06/08):

La tercera hora de castellano ataca de nuevo. Este podría ser el título de la secuela con que el conseller de Educació, Ernest Maragall, y sus presuntos socios de ERC han reeditado brevemente el pulso que ya mantuvieron hace más de un año. Aquella vez el pulso se saldó con la técnica de la huida hacia adelante: según el decreto 142/2007, de 26 de junio, el cumplimiento de la tercera hora se dejaba a la discreción de cada centro educativo, que la había de incluir en todo caso en un “proyecto lingüístico” cuyo plazo de entrega finalizaba el 30 de abril de 2008.
La secuela empezó el 20 de marzo de este año. Previendo que muchos centros no iban a respetar el plazo estipulado, Maragall firmó una orden por medio de la cual se ampliaba dicho plazo hasta el 30 de junio. Posteriormente, acaso acuciado por los jueces, dio instrucciones para que los centros dieran cumplimiento a la legislación española incluyendo la tercera hora de castellano en sus proyectos lingüísticos. Todo iba de maravilla hasta que un sector de ERC levantó la liebre justo a las puertas del supersábado, que se celebró ayer, en el que debían elegirse el nuevo presidente y el nuevo secretario general del partido.

EL RESULTADO era déjà vu: como dijo Anna Simó, “mientras ERC esté en el Govern no habrá tercera hora de castellano”. El martes de esta misma semana el enroque republicano surtía efecto y Maragall firmaba una nueva prórroga del plazo de entrega del proyecto lingüístico hasta el 30 de junio de 2009.
Al día siguiente, con su oportunismo característico, Albert Rivera, de Ciutadans, preguntó al president, José Montilla, cuál era su opinión sobre la no aplicación de la tercera hora, que de manera sutilmente poética calificó de “nueva bajada de pantalones” del PSC. En lugar de responder a la pregunta, Montilla emitió el enésimo canto de alabanza al modelo lingüístico de inmersión, “garantia de convivència i de cohesió social”, como si la inclusión de una tercera hora de castellano en el currículo de primaria hubiera de suponer la ruina de ese modelo. Montilla, eso sí, sostuvo que conviene adaptarlo a “las exigencias de la realidad cambiante”, y se remitió a la futura ley catalana de educación como marco para conseguir el deseado trilingüismo (catalán, castellano e inglés) de los alumnos.
En la misma sesión parlamentaria, Joan Puigcercós (ERC) preguntó a Montilla cómo pensaba “garantizar, blindar y consolidar” el modelo de inmersión en la futura ley, no sin antes aclarar que ERC forma parte del Govern “para que se mantenga y mejore el modelo de inmersión lingüística y el modelo de escuela catalana”.
Sin responder tampoco a la pregunta, Montilla volvió a ensalzar el éxito social del modelo, proclamó de nuevo que los alumnos de hoy no solo deben conocer el catalán y el castellano, sino también el inglés e insistió en que el marco adecuado para conseguir este objetivo es la futura ley de educación. Siguiendo la estela de diputados de su grupo como Daniel Font, Montilla pronunció la palabra mágica: “Si queremos seguir compartiendo nuestra voluntad de ser en el mundo global, hemos de empezar a hablar de plurilingüismo, sin temores”.
Dado que ya tenemos un anteproyecto de ley de educación encima de la mesa, ¿hasta qué punto se garantiza, blinda y consolida en él el modelo de inmersión? ¿Hasta qué punto ofrece un marco adecuado para asegurar la competencia en inglés de los alumnos? En general, ¿hasta qué punto supone un cambio de un modelo de “escuela catalana” a un modelo de “escuela plurilingüe”? Lo cierto es que Puigcercós puede estar tranquilo. El artículo 3 del anteproyecto repite lo de siempre: “El catalán, como lengua propia de Catalunya, es la lengua normalmente utilizada como lengua vehicular y de aprendizaje en el sistema educativo”.
Lo del trilingüismo, con el inglés como tercera lengua, es otra cosa. El anteproyecto prevé que los currículos educativos “deben incluir la enseñanza, como mínimo, de una tercera lengua que habilite para su uso técnico y social”. Pero la substanciación de este principio no es clara. Para empezar, si el inglés es la tercera lengua que todos deben saber, sorprende que la palabra “inglés” no aparezca ni una sola vez en las 81 páginas del anteproyecto.

EN SEGUNDO lugar, también sorprende que la posibilidad de impartir materias no lingüísticas en “lengua extranjera” solo se establezca obligatoriamente para el bachillerato, es decir, después de la enseñanza obligatoria. En el caso de primaria y ESO hay que acudir al proyecto lingüístico de cada centro. Si nos fijamos en los principios generales que han de seguir los proyectos, estipulados en una orden de Maragall del 2007, encontramos alguna sorpresa: los centros, ciertamente, “podrán” (no “deberán”) impartir contenidos de áreas no lingüísticas en una lengua extranjera, pero “los libros de texto y material didáctico utilizados serán en lengua catalana”. ¿Cómo se pueden impartir contenidos en inglés, si los libros de texto y los materiales didácticos están en catalán?
Visto el anteproyecto de Maragall, nuestra pregunta sobre el modelo de escuela plurilingüe se desvela retórica. Montilla dijo en el Parlament que “hemos de empezar a hablar también de plurilingüismo, sin temores”. Pues bien: ¿saben cuántas veces aparece la palabra plurilingüismo en el anteproyecto?