La ‘torna’ del ‘procés’

Cuando era niño e iba a comprar una barra de medio, la panadera la pesaba. Como no llegaba a los 500 gramos, añadía un pedazo de otra, la ‘torna’, para completar el peso. Ya sabemos que los seguidores de la hoja de ruta manifiestan una confianza absoluta en superar 50% de votos, en la cara opuesta de la experiencia y de los sondeos. Precisamente por la escasa base de esta confianza, convendría incorporar otro fragmento del electorado: la ‘torna’ del ‘procés’.

El procedimiento es tan sencillo como el de la panadera. Solo es necesario que alguna formación política presente una propuesta confederal con la promesa de sumarse a la independencia en caso de no obtener respuesta positiva del Estado. Con un mandato claro, que sin duda obtendría un apoyo considerable en las urnas, el Estado propio estaría mucho más al alcance que nunca. Debe suponerse que Madrid preferiría entregar la caja antes que desprenderse del fajín. El catalanismo culminaría así sus aspiraciones, anteriores a las Bases de Manresa. Estado propio catalán, al lado si no lo prefieren dentro. Aunque pocos se quieran enterar, el cambio de relación con Catalunya sería una de las mejores cosas que le podrían pasar a España, ya que así se desprendería de una carcasa que siempre la ha dominado.

Los partidarios de la tercera vía se deberían apropiar de este planteamiento en vez de esperar, ahora ya muy ingenuamente, una oferta alternativa a la independencia por parte de quien la puede negociar y hacer efectiva. Es por ausencia de propuesta catalana, acompañada de una hoja de ruta para presionar, que cualquier idea de nuevo reparto del poder territorial ha desaparecido del mapa mental madrileño. El independentismo debe ser derrotado, como sea y al precio que sea, en vez de integrar una parte de él en una España más atractiva. El Estado es la garantía de la unidad amenazada. Volveremos a vencer a los catalanes que desafían al centralismo. Punto final.

Tanto constriñe el Estado a los de la tercera vía que, en vez de insistir en demandas concretas de autogobierno, abandonan su vocación de puentes y se ponen junto a los que han emprendido una cruzada contra la mayoría soberanista del Parlament. Los catalanistas que invocan la ley como tótem y tabú han levantado el campamento intermedio y han trasladado sus tiendas al campo del Estado. La máxima aspiración de las puertas abiertas del catalanismo consiste, no en obtener nada para Catalunya, sino en recuperar una porción del espacio político perdido, y creen que lo conseguirán, después del fracaso del procés, en la gestión de un hipotético posindependentismo, otra vez autonomista. Dicen «así no» al procés, sin concretar qué quieren ni sugerir ningún procedimiento que signifique «así sí» o ni siquiera «así tal vez».

Mucho más hacia la izquierda, los nuevos ‘comuns’ miran de pasar la maroma sin despeñarse, pero están atrapados por la estrategia referendista de Junts pel Sí y la CUP basada en los principios de la democracia radical y el derecho a decidir, que no pueden dejar de compartir. Pero se alejan porque la finalidad del referéndum es favorecer o justificar la independencia, minoritaria entre el electorado de izquierdas. El independentismo circula por el camino de los comuns con el objetivo de pasar de largo. Como la maniobra les desconcierta, se aferran a la victoria de Pedro Sánchez para hacer aflorar de nuevo las expectativas de un cambio en España que de rebote resolvería el pleito catalán, más por arte de magia que por fuerza de propuesta.

Con el catalanismo autonomista a favor del Estado, los ‘comuns’ mirando de escabullirse indemnes, y toda la caballería política, mediática, judicial en contra, ya será mucho si la mayoría del Parlament llega a un final digno y coherente de la legislatura. Si nadie se arruga, la hoja de ruta completa supone que el desafío del independentismo llegue hasta el final, convoque y apruebe todo lo que convenga, y a continuación pase la antorcha a las organizaciones independentistas de masas, para que defiendan las urnas en la calle. La que se prepara será breve pero intensa.

Del ‘referéndum o referéndum’ estamos a punto de pasar al referéndum o independencia. A ver quién, por la vía factual, se adueña de la calle. No es previsible que nadie frene antes de llegar tan lejos, y sí en cambio que todo el mundo sea conminado a alinearse. Conmigo o contra mí. ¿Y después? Si el independentismo se impone, ya se sabe. Si fracasa, cuidado administradores de la victoria centralista, porque más adelante se podría producir un estallido fulminante. Si no es que algún partido se erige en impulsor de la ‘torna’.

Xavier Bru de Sala, escritor.

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