La trampa de Gaza

Por José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo (EL PERIÓDICO, 25/09/06):

Los focos de tensión en el Oriente Próximo o Medio son mucho más intensos y diseminados de lo que nos quieren presentar algunos gabinetes de comunicación. Si no se reconoce esta evidencia, estaremos siempre con la mirada puesta en aquellos puntos que los rectores de la política en esa zona, Estados Unidos de Norteamérica y su ramal en la zona, el Estado de Israel, decidan sacar a escena.

Se pasa de macroconflictos, explicados con la metáfora del inevitable choque de las civilizaciones, a microconflictos como el del Líbano, introduciendo factores complementarios que permiten implicar a Siria e Irán. Todo vale para eludir el debate sobre la realidad insoslayable del presente y el origen ancestral del conflicto. Se tergiversa la historia, se desdeña a las Naciones Unidas, se introduce el factor del terrorismo internacional como justificación de la guerra sin cuartel, se invoca una espumosa concepción de la seguridad nacional, mientras se evita actuar, sin demora, sobre las verdaderas causas de las tensiones insoportables que viven los habitantes de la zona, antes de que se generalicen y nos lleven a una catástrofe de dimensiones incalculables en la que todos nos veamos envueltos.

LA SELECTIVIDAD de la respuesta bélica se ha plasmado de forma harto expresiva en los últimos meses. Se producen dos secuestros de soldados israelís, uno en Gaza y otro en la frontera con el Líbano. De forma calculada se elige como frente mediático el Líbano porque permitía implicar de paso a Siria e indirectamente a Irán, internacionalizando el conflicto. Al mismo tiempo, como acción secundaria y puramente interna, se bombardea la franja de Gaza causando 226 muertos, entre ellos 54 menores, según fuentes de organizaciones humanitarias israelís.

Gaza es un recinto herméticamente sellado y perfectamente controlado. Resulta más rentable arrasar la población civil de la frontera sur del Líbano e implicar a Naciones Unidas de forma peligrosa en una tarea de interposición, cuyas reglas las marca, como siempre, la omnipotencia de la autoridad militar dentro del Estado de Israel.

Conviene recordar que esta franja de tierra tiene solamente una extensión de 360 kilómetros cuadrados y una población aproximada de un millón y medio de habitantes. Para Israel, es innecesario y costoso bombardear Gaza. Basta con asfixiar todas sus posibilidades de vida y desarrollo económico. Para conseguirlo, ha cerrado sus dos respiraderos, uno al norte y otro al sur.

Algunos representantes de la Unión Europea en la zona han llamado la atención sobre el riesgo inminente de catástrofe humana. A los que conocemos parte de la zona, nos llama la atención que la Unión Europea no haya puesto en marcha sus propias reglas y exigencias fundacionales. El primer pilar sobre el que se creó la Comunidad Económica Europea fue el de la libre circulación de mercancías y el intercambio comercial. Sus funcionarios en la zona han denunciado que se está vulnerando esta regla y, no obstante, ningún organismo de la Unión Europea ha requerido a Israel para que cumpla con este principio fundacional.

El cruce de Rafá en la frontera con Egipto, una de las mayores fuentes de salida de la producción palestina, ha sido cerrado. Nadie ha pedido explicaciones a la omnipotente autoridad militar israelí y a su Gobierno. No cederán si no controlan las organizaciones terroristas y reconocen, sin contraprestaciones, al Estado de Israel. Se les exige controlar el terror y reconocer su existencia. Me parece pueril presentar excusas previas, cuando se abre un debate sobre estos temas, reconociendo, a modo de confesión, que Israel tiene derecho a existir en paz y defenderse.

Como decíamos al principio, todo pasa por Palestina. Algunos lideres israelís, para su consumo interno y para recabar votos, no dudan en proclamar y predicar que todo el territorio fue prometido exclusivamente a los judíos por Yahvé. Su misión histórica consiste en expulsar a los palestinos al otro lado del Jordán y, por el oeste, arrojarlos al mar.
El desalojo de Gaza, vendido como una muestra de la buena voluntad del Gobierno de Israel, es una de las farsas mejor montadas en la historia internacional.

EN “LA FRANJA” solo había un escaso numero de asentados a los que se les ofreció una salida pactada que pasaba por proporcionarles nuevos asentamientos y compensaciones económicas. La trama engañosa no dejaba de ser efectista frente a la opinión pública internacional. Por un lado se transmitía una postura de racionalidad y deseo de arreglar el conflicto; por otro, se ofrecía una imagen del desalojo, fuertemente traumática, con la repetición de imágenes de resistencia que, en su mayoría, estaban hábilmente montadas. Se detectaron por varios corresponsales que cubrieron la información y así me lo transmitieron. Cuando el desalojado a la fuerza llegaba a un determinado lugar, fuera de la cobertura de las cámaras de televisión, recobraba su compostura y se alejaba tranquilamente.

La vida de los atrapados es trágica e insoportable. Los espacios cerrados son más favorables para las explosiones que los abiertos. Si alguien se empeña en seguir mezclando el mandato divino con las estrategias terrenales, la locura está servida.