¿La transformación de Hamas? (y 2)

Lo sorprendente del reciente cambio de opinión de Hamas sobre el proceso de paz es que ha llegado en un periodo difícil para la organización islamista, que en los dos últimos años ha afrontado desafíos cruciales procedentes de grupos yihadistas de Al Qaeda, una guerra civil de baja intensidad con su rival Al Fatah (el partido gobernante de la Autoridad Nacional Palestina, ANP) y una situación humana y social caracterizada por el creciente deterioro en Gaza.

El verano pasado, un grupo militante llamado Jund Ansar Allah (Guerreros de Dios, una de las facciones radicales que actúa bajo el estímulo de Al Qaeda) proclamó la creación de un califato islámico en Gaza, un total desacato a la autoridad de Hamas. Las fuerzas de seguridad de Hamas atacaron instantánea y despiadadamente a este grupo y mataron a más de veinte de sus miembros, incluido su líder, Abdelatif Musa.

De una tacada, los líderes de Hamas enviaron a enemigos y amigos por igual el mensaje de que no tolerarán la existencia de grupos yihadistas como Al Qaeda.

Sin embargo, persiste el desafío a la autoridad de Hamas. El brutal asedio de Gaza por parte de Israel, en vigor desde el 2007, además de los sufrimientos y desesperación causados a su población de 1,4 millones de habitantes, ha echado a cientos de jóvenes palestinos en brazos de las pequeñas facciones extremistas salafistas que acusan a Hamas de perder la lucha armada y no aplicar la charia o ley canónica del islam.

Operativa e ideológicamente, median enormes diferencias entre Hamas y Al Qaeda y las diversas facciones afines a esta última organización, además de celos y envidia. Hamas es un movimiento de resistencia religioso y nacionalista de amplia base cuyo enfoque y violencia se circunscribe a Palestina/ Israel, mientras que Al Qaeda es un pequeño grupo terrorista transnacional que ha llevado a cabo ataques en todo el mundo. Bin Laden y Al Zauahiri, jefes de Al Qaeda, han criticado con vehemencia a Hamas por su disposición a maniobrar políticamente y negociar con Israel. Los líderes de Hamas han respondido que ellos saben lo que es bueno para su pueblo y han afirmado de modo diáfano que no tienen ningún interés en la militancia transnacional.

Por tanto, Hamas, a diferencia de Al Qaeda y otras facciones marginales, no es sólo una milicia armada, sino un movimiento social viable dotado de una red social amplia y una gran base popular calculada en más de 500.000 seguidores y simpatizantes. Hamas también ha demostrado ser sensible y receptivo a la opinión pública palestina. Otro ejemplo de sus prioridades políticas y sociales es la decisión de Hamas de llegar a un acuerdo con mediación egipcia que esboce una senda hacia la paz con su rival Al Fatah. Tras dos años de encarnizada rivalidad y división, las dos partes en conflicto se aproximan a un acuerdo, aunque sigue habiendo obstáculos importantes. El líder Jaled Mishal considera que la propuesta de Egipto (que trazaría un proceso de reconciliación orientado a culminar en elecciones presidenciales y parlamentarias) es positiva y volverá a El Cairo para firmar un proyecto de acuerdo a finales de octubre. ¿Qué significa todo esto?

Pese a su retórica rígida y reaccionaria, Hamas es un actor sensato, conclusión a la que llegó el ex jefe del Mosad, Efraim Halevy, asimismo asesor de seguridad nacional de Ariel Sharon y que ciertamente no es un pacifista israelí. El liderazgo de Hamas ha experimentado una transformación «justo ante nuestras narices» al reconocer que su objetivo ideológico «no es alcanzable y no será en el futuro previsible», según afirmó Halevy en el diario Yediot Ahronot hace unos meses. Su criterio es que Hamas está ahora preparado y dispuesto a aceptar la creación de un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967.

De hecho, cabe argumentar que Hamas se ha acercado en mayor medida a una visión de paz en consonancia con el consenso internacional – el concepto de dos estados distintos en la Palestina histórica-que la actual coalición de gobierno israelí. Sin embargo, si Hamas se halla tan deseoso de aceptar una solución basada en dos estados, ¿por qué no anuncia sencillamente que reconoce la existencia de Israel y promete negociar un acuerdo de paz que permita convivir a los dos países? En mis entrevistas con funcionarios de Hamas, destacan que su organización ha hecho importantes concesiones a tres condiciones del Cuarteto, pese a que este no ha levantado las sanciones punitivas contra Hamas ni ha presionado a Israel para poner fin a su asedio de Gaza, que ha provocado una grave crisis humana y social en los territorios ocupados y, como los líderes de Hamas creen que la aceptación de la presencia de Israel es la última carta disponible en la manga, no están dispuestos a malgastarla antes incluso de que comiencen las conversaciones. Por otra parte, su punto de partida diplomático será exigir que Israel reconozca los derechos nacionales palestinos y se retire de los territorios ocupados, pero no será su postura final.

No puede haber acuerdos de paz viables y duraderos entre Israel y los palestinos si Hamas no es consultado sobre el proceso de paz y si los palestinos siguen divididos con dos autoridades en conflicto en Cisjordania y Gaza. Hamas posee los medios y el respaldo social necesarios para socavar cualquier acuerdo que no tenga en cuenta los legítimos derechos y reivindicaciones del pueblo palestino. Su rival Al Fatah y la Autoridad Nacional Palestina carecen de un mandato popular y de la legitimidad necesaria para poner en práctica una solución del conflicto. El presidente Abas se ha visto debilitado políticamente por errores propios.

Guste o no, Hamas es la organización más poderosa en los territorios ocupados y está profundamente arraigada en la sociedad palestina. Tal realidad no puede desaparecer sólo porque lo deseen Israel o las potencias occidentales. El factor positivo en toda esta cuestión, si mi interpretación es correcta, es que Hamas ha cambiado, ha cumplido varias condiciones del Cuarteto y hace preparativos políticos en casa para nuevas concesiones.

Si, en lugar de hacer caso omiso de Hamas o, aún peor, intentar derribarlo, Estados Unidos y Europa comprometieran a la organización diplomática y políticamente en una senda de participación y la alentaran a seguir moderando sus puntos de vista, Occidente podría poner a prueba el alcance de la evolución de Hamas y ver si está dispuesto a aceptar una solución basada en dos estados. Hasta ahora, la estrategia de aislar y oponerse militarmente a Hamas, perseguida por Israel y la administración  Bush, no ha parecido debilitar a la organización de forma espectacular. Yen todo caso el éxito de tal estrategia en el debilitamiento de Hamas ha sido contraproducente, ya que ha radicalizado a cientos de jóvenes palestinos que se han unido a facciones afines a Al Qaeda.

Si no se compromete a Hamas como se ha dicho, Estados Unidos y Europa nunca sabrán si puede evolucionar hacia un movimiento social abierto, tolerante y pacífico. La verdad es que el jurado aún está deliberando sobre si Hamas, un movimiento religioso de orientación radical, es capaz de realizar esta transición penosa y costosa ideológicamente. Pero el argumento de que comprometer la participación de Hamas legitima a la organización islamista es de escaso peso, debido a que Hamas deriva su legitimidad de un mandato popular por el pueblo palestino.

Europa debería respaldar un gobierno palestino unificado que pueda negociar la paz con Israel. El acuerdo firmado relativo a una tregua entre Hamas y Al Fatah es una oportunidad que cabe aprovechar para rehacer y fortalecer las instituciones internas palestinas de gobierno que se han desgastado como consecuencia de la intensa rivalidad en los últimos dos años. Dado que en este momento el gobierno de Obama no está dispuesto a comprometerse con Hamas, que sigue calificando de organización terrorista, Europa debe tomar la iniciativa en la creación de un nexo formal con el movimiento islamista. Los gobiernos europeos ya han tratado con el Hizbulah libanés, grupo de mentalidad similar a Hamas, y cuentan con la pericia, experiencia y peso político necesarios para romper el punto muerto y ayudar a negociar un acuerdo de paz viable.

Fawaz A. Gerges, profesor de Relaciones Internacionales sobre Oriente Medio de la London School of Economics y autor de El viaje del yihadista: dentro de la militancia musulmana, Ed. Libros de Vanguardia

********************

Leer primera parte.