La transición de Libia hacia la transición

Pese a que los libios celebran actualmente el primer aniversario de la revolución que derrocó a Muamar el Gadafi, se sienten cada vez más frustrados con sus nuevos líderes. Los libios se quejan de que el gobierno interino, conocido como el Consejo Nacional de Transición (CNT), no ha actuado lo suficientemente rápido para depurar y procesar a los altos funcionarios del régimen de Gadafi, o para tomar control sobre las milicias que derrocaron a dicho régimen.

No obstante que el CNT está dedicado a actuar con el fin de satisfacer las exigencias de los libios, este organismo carece de la capacidad técnica y del tiempo necesario para llevar a cabo dichas acciones antes de las elecciones, las cuales están tentativamente programadas para este próximo verano. Frente a estas limitaciones, el CNT debe concentrarse en un número pequeño de iniciativas importantes antes de entregar el poder a un gobierno electo.

La experiencia política nunca ha sido un requisito para ser miembro del CNT. Un representante ante dicho Consejo fue designado como tal porque desertó con su avión de combate MIG hace 20 años. Otros son miembros porque en el pasado fueron presos políticos o disidentes en exilio.

Sin experiencia en el arte de la política, el CNT con frecuencia carece de la visión necesaria para tomar decisiones de importancia crítica. Durante los ocho meses que duró la revolución del año pasado, el CNT se centró en derrocar a Gadafi, por lo que logró reconocimiento internacional y obtuvo acceso a los activos congelados de Libia. Esas tareas le dejaron poco espacio para preocuparse de planificar una Libia post-Gadafi. Hoy en día, el CNT simplemente no tiene los recursos humanos para consolidar la transición.

Libia, de manera contraría al caso de su vecino Egipto, nunca fue bendecida con una burocracia profesional. Gadafi frecuentemente asignaba poder a los municipios y a los ciudadanos, de esta manera intentaba eludir a los empleados públicos, ya que ellos, constantemente, hacían fracasar sus planes grandiosos. Además, las casi dos décadas de sanciones internacionales impidieron que toda una generación de libios estudie en universidades occidentales y así pueda obtener los conocimientos técnicos necesarios.

Incluso el sector petrolero, que es el sustento de la economía libia y representa el 95% de los ingresos en moneda extranjera del país, sufre por la escasez de gerentes profesionales. De acuerdo a un cable diplomático estadounidense divulgado por “WikiLeaks”, “Los libios que se presentan como posibles empleados de las empresas extranjeras (empresas petroleras) a menudo carecen de títulos universitarios o de experiencia práctica aplicable”.

En lugar de inyectar sangre nueva en los altos puestos públicos durante sus 42 años en el poder, Gadafi simplemente barajó a sus compinches entre ministerios. Su último director de la organización de seguridad externa, Abu Zayd Dorda, representa el epítome de esta tendencia. Durante sus 30 años de carrera política, Dorda fue asignado a numerosas carteras en el gabinete, que van desde la de agricultura a la de economía, y a la encargada de los municipios. Dorda posteriormente prestó servicios como Presidente del Parlamento, Primer Ministro y Embajador ante las Naciones Unidas.

Hoy en día, el CNT está en apuros ya que debe encontrar burócratas que sean competentes y que no estén políticamente contaminados para llenar los puestos de trabajo en sus ministerios. Pero esta situación no es la que preocupa a la mayoría de los libios, quienes piden a gritos que se despida a los funcionarios leales a Gadafi. Un nombre que viene fácilmente a mente es el de Sadiq al-Kabir, gobernador del Banco Central. Otros, como por ejemplo Omar Brebesh ex embajador de Libia en Francia, fueron encontrados muertos, y al parecer torturados por una de las milicias que encabezaron la campaña para derrocar a Gadafi.

La falta de empleados públicos calificados es un factor que también dificulta que el CNT impulse los cambios que los libios exigen. El Consejo no está listo para juzgar a los altos funcionarios de Gadafi, muchos de los cuales están en la actualidad bajo la custodia de las milicias, debido a que el sistema judicial actual nunca estuvo encargado de procesar casos políticos. Tales juicios se llevaban a cabo en los tribunales revolucionarios que operaban al margen del poder judicial y cuyo personal estaba formado por seguidores fanáticos de Gadafi. Sin perspectivas de un juicio justo en un futuro previsible, los funcionarios de Gadafi languidecen en las cárceles.

Tal inercia burocrática no es del agrado de muchos libios, quienes aún se encuentran indecisos y no saben qué pensar sobre la revolución. Sin embargo, la escasez de empleados públicos capacitados no es lo único que paraliza al CNT. Desde su creación en febrero pasado, el CNT se ha declarado de manera consistente como un organismo de transición que va a ceder el poder a un gobierno electo una vez que se libere al país. Ya que se determinó que las elecciones se celebrarán a más tardar el 23 de junio, el Consejo tiene menos de cuatro meses para preparar a Libia para su primer proceso de votación libre después de sesenta años.

Como resultado de ello, el CNT simplemente no tiene el tiempo necesario para implementar los cambios que el pueblo libio espera. No va a ser capaz de disolver a las innumerables milicias que desestabilizan al país, porque no puede encontrar la manera de ofrecer a sus combatientes la formación profesional que se espera los atraiga de nuevo hacia la vida civil. La responsabilidad de llevar a cabo estas reformas va a recaer en el gobierno que será elegido.

Debido a que el CNT enfrentar tantos dilemas teniendo tan poco tiempo, este Consejo debe concentrarse en un número reducido de asuntos clave que pueden ser resueltos antes de que se entregue el poder. El Consejo debe centrarse en establecer un cierto grado de estado de derecho, y en frenar los abusos de las milicias. Debe hacer respetar y proteger los derechos individuales con el fin de demostrar a los libios que no se tolerará el tipo de justicia arbitraria que caracterizó a la era de Gadafi.

El CNT no tiene la capacidad de resolver todos los problemas de Libia. Sin embargo, al aminorar la montaña de desafíos que enfrenta el país, puede aliviar la carga que afrontará el gobierno electo que surja como resultado del voto popular en el mes junio.

Por Barak Barfi, research fellow with the New America Foundation.

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