La UE, el ‘Titanic’ en el párking

Por Pere Vilanova, catedrático Ciencia Política de la UB (EL PERIÓDICO, 24/11/06):

La primera página de la web del servicio de noticias de la BBC traía el otro día dos noticias relativas a Europa, de las que hablaré al final, y que ilustran perfectamente dónde estamos exactamente: en un callejón sin salida. O quizá en un párking, confortable, tranquilo, pero sin salida por delante, y en el que cuesta dar marcha atrás. Si se prefiere hay otro símil. La Unión Europea es el Titanic, con los motores parados y a la deriva, y ni siquiera puede achacar su suerte a un iceberg (aunque fuera un cubito de hielo), porque se ha parado sola. Por no haber, ni tan solo hay un motín a bordo. Se prometió a los ciudadanos europeos nada menos que una Constitución, y desde hace casi dos años nadie en el puente de mando –los jefes de Estado y de Gobierno de la UE– dice esta boca es mía. Veamos el estado de la cuestión.
En primer lugar, ningún responsable gubernamental europeo parece tener el coraje de salir a la plaza pública y recordar algunos datos elementales. Se prometió imprudentemente una Constitución para Europa, cuando en realidad se trataba jurídicamente de una reforma del tratado intergubernamental en vigor. No distinguir una Constitución de un tratado internacional es, para un estudiante de Derecho de primer curso, un suspenso asegurado. La UE hoy se sigue rigiendo por el texto que se negoció en Niza en diciembre del 2000. Este era, a su vez, una reforma a la baja del Tratado de Amsterdam de 1997, que, a su vez, rebajó a la baja el Tratado de Maastricht, de modo que estamos de rebajas desde 1992, y nadie lo admite.
Tampoco se dice que en Niza se decidió imprudentemente no resolver la reforma de las instituciones internas de la UE, que ya estaban en crisis cuando los miembros eran 15 estados, y para superar el escollo se decidió ampliar la UE a 10 más, en particular a los países poscomunistas del Este. Ahora, en enero, entran dos más, Bulgaria y Rumanía, con lo cual el colapso será a 27: ¡más madera! Pensar que con la ampliación a 25 se generaría una dinámica que haría más fácil una reforma, imposible a 15, es otro suspenso general, pues lo que ha crecido es el número de supuestos en los que lo que se ejerce es el derecho de veto a cualquier cambio del statu quo.

EN SEGUNDO lugar, llama la atención que sea tan fácil (por difícil que haya sido el esfuerzo económico para algunos países) entrar en la UE ahora, a condición de que seas europeo, hayas padecido el régimen soviético y tengas un supuesto perfil culturalmente cristiano, comparado con lo que le costó en su día a España. O comparado con lo imposible que le está resultando a Turquía, a la que se le prometió en su día (y sucesivamente) que a lo mejor entraría, que no entraría nunca, que entrará alguna vez y, ahora, que no entrará nunca por culpa de su posición en Chipre. Pero se olvidan dos cosas que uno recuerda muy bien. En 1974 fue la dictadura griega de los coroneles la que promovió un golpe de Estado fascista en la isla, provocó la segunda guerra civil entre chipriotas y, de paso, la intervención turca en la isla. En segundo lugar, en el 2004, el plan de la ONU y la UE para la reunificación de Chipre fracasó por la posición grecochipriota, cuya población votó en contra y entró en la UE, mientras que los turcochipriotas, a pesar de votar a favor, quedaron fuera. Una provocación innecesaria.
Demagogia aparte, Turquía ha ido haciendo sus deberes, los que le impone la UE, pero sobre todo los que le impuso en su día otra organización europea, el Consejo de Europa, que es la que examina de democratización, y los ha ido haciendo de un modo más que significativo bajo un Gobierno musulmán. Turquía, además, fue lo suficientemente occidental para ser miembro de la OTAN durante décadas, de la OSCE, del Consejo de Europa, pero no para ser de la Unión Europea. ¿Por qué? ¿Porque no son búlgaros? Estamos enviando el peor mensaje posible a aquellos musulmanes que se consideran o quieren considerarse europeos, o al menos que consideran que su islam es plenamente compatible con el proyecto europeo.

VOLVAMOS AL principio. El caso turco es un ejemplo extremo de cómo buena parte de la clase política europea utiliza a Europa. Siendo un tema de ampliación de la UE, es en realidad un tema de política interior y, sobre todo, un tema electoral, y los referendos perdidos en Francia y en Holanda han hecho saltar todas las alarmas: Si no quieres perder elecciones, deja a Turquía fuera, sería la consigna. Desde luego, que una decena de países hayan aprobado el proyecto de tratado por vía parlamentaria, no solo no preocupa a sus opiniones públicas, sino que es algo que simplemente nadie recuerda. Solo queda en el recuerdo el supuesto fracaso franco-holandés. En cuanto a España, la victoria del por un 75%, con una participación del 42%, dice mucho de la fugacidad del invento.
¡Ah!, las noticias de la BBC, publicadas simultáneamente el 20 de noviembre, fueron dos. La primera, que la UE intenta buscar una política energética común (tema importante), porque es crucial llegar a acuerdos con Rusia en este tema, pero está todo bloqueado por el veto de Polonia. La segunda se refirió a un gran paso adelante: la UE acordó imponer una prohibición sobre el comercio de pieles de gatos y perros (tema estratégico).