La UE y las guerras

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski.

Tenemos ya cierta perspectiva, tristemente, porque ello supone que la guerra cruenta se prolonga y la económica va para largo, como para reflexionar sobre la reacción de la UE ante la invasión de Ucrania. Esencialmente, podemos decir ya que la UE ha interiorizado cuatro decisiones claves: 1. No permanecer neutra ante la tropelía de la invasión 2. No enviar a ninguno de sus ciudadanos a combatir 3. Tomar una posición muy activa en contra de Rusia utilizando fuertemente sus armas más poderosas, la diplomática y la económica y 4. Asumir muy rápidamente que ya nada será igual, que la Ostpolitik ha muerto definitivamente, y por ende cambiar drásticamente prioridades y estrategias, sabiendo muy bien que a corto plazo eso supondrá una cierta crisis económica.

El primer punto no era tan evidente, baste con recordar la actitud que mantuvo en Georgia, o más palmariamente, en la reciente toma de Crimea por los rusos. Una protesta pro-forma y alguna sancioncilla para aparentar que se hace algo, pero plena admisión de facto. Está claro que no es así en el caso de la invasión actual, y que la UE ha decidido ser razonablemente beligerante para defender el derecho internacional y la integridad territorial de sus vecinos. La UE ha dicho claramente a Putin y sus seguidores que «hasta aquí hemos llegado».

Nos parece bien, la verdad, porque la Historia nos ha enseñado que conviene parar los pies a tiempo a cualquier invasor imperialista y totalitario para evitar horrores mayores. Dice la historiadora Applebaum que conviene ver esta invasión desde la perspectiva de la Segunda Guerra Mundial, y hace bien. La solución Chamberlain-Daladier no se puede volver a repetir. Algunos son críticos porque estiman que la UE se ve obligada y arrastrada por terceros muy poderosos a mostrarse tan beligerante. Es posible, pero hay que realizar las políticas claves con los mimbres de los que dispones. Si quieres una Europa más autónoma en sus decisiones empieza a crear más y mejor UE para el futuro, ahora mismo no es posible dudar en qué bando estás.

El punto dos es felizmente evidente y creemos que unánimemente aceptado. Nada tendría de bueno para el bien común de los ciudadanos de la UE, ni para su futuro, enviar a sus jóvenes a luchar (y morir) en el terreno, aumentando hasta un punto de no retorno la escalada bélica, el horror y el sufrimiento. Eso se ha de reservar para cuando tu propio territorio, el de la UE, está invadido. Por eso mejor parar los pies antes y avisar.

El punto tres lo observamos todos los días con la diplomacia, que, aunque tiene siempre poco peso en mitad de una guerra, ofrece la nada desdeñable ventaja para los europeos de «estar unida» y hablar con una sola voz desde el Consejo Europeo y la Comisión. No crean en absoluto que eso es siempre así, recuerden las posturas sobre Venezuela, o Cuba, o el Frente Polisario. Nos alegra que la UE esté unida en este asunto de importancia vital; es la base para establecer mejores relaciones de poder para los ciudadanos europeos.

En cuanto a la guerra económico-comercial, que pretende ahogar financieramente a Rusia, se va desarrollando por etapas, creemos que de manera inteligente y muy pensada en ritmo y posibilidades reales, aunque los técnicos sabrán más. Pero son medidas muy serias y potentes. Aquí conviene también apuntar y valorar en su justa medida la actitud de Hungría. Las Instituciones de la UE, si quieren una más y mejor Europa, deben cuidar de la solidaridad entre los ciudadanos y los Estados. Hungría, en este punto, está apelando a ello y sí que se siente muy miembro de la UE (en el de la primacía indispensable del Derecho Europeo, desgraciadamente, no).

Siendo un país sin costas y el más dependiente del gas ruso para asegurar un mínimo bienestar a sus ciudadanos, en resumidas cuentas, lo que pide es que la UE le ayude a sustituir la energía, vital para los húngaros, que viene de Rusia, por otras fuentes y que, como eso llevará tiempo, entretanto se le exima temporalmente de cortar sus suministros. Más y mejor Europa, más visión europea de la política energética para TODOS los habitantes de la UE.

El punto cuatro es el de mayor importancia histórica y merece por sí sólo un desarrollo aparte y detallado, que les propondremos en quince días, pero que tiene un aspecto ineludible que nos servirá de colofón por hoy. Creemos indudable que vienen momentos económicos muy difíciles, así como carencias energéticas y alimentarias muy dolorosas, a nivel de ciudadanos. No era seguro cuando empezó la invasión, pero estimamos que hoy en día es inevitable. Y se deberá a la guerra en sí, por supuesto, pero también a efectos rebotes de la guerra económica que Occidente ha decidido utilizar contra los invasores.

Esos efectos perjudiciales serán distintos por sectores y, sobre todo, por naciones. Pues bien, la UE, con el BCE, debe trabajar ya en la solidaridad intra-europea y en el justo reparto de sacrificios. Y pueden ser necesarios grandes cambios normativos y ambiciosas reformas (¿Cómo se puede gestionar solidaridad en la UE, que llegue a los ciudadanos, con un presupuesto que no alcanza el 1% de la Unión?) pero hay que preverlas y estudiarlas ya.

En resumen, creemos que el proyecto europeo, es decir asegurar la mayor libertad, prosperidad y solidaridad a los ciudadanos de la UE, se la juega con la eficiencia y la excelencia de las medidas que tome en la guerra económica y en la gestión de la solidaridad para aliviar las secuelas socio económicas de dicha guerra. Creemos que por ética (no olvidemos que la UE también es espacio de valores) y por realismo político, ha empezado bien, pero necesitamos urgentemente una UE más potente, mejor, y más solidaria.

Por Enrique Calvet, ex europarlamentario y Presidente de ULIS.

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