La última hambruna de África

El año pasado, la comunidad internacional se dio cuenta que una de las peores tragedias humanitarias de los últimos tiempos se desarrollaba en el Cuerno de África, y se trasladó al lugar con el fin de aliviar la hambruna generalizada existente. En la actualidad, la escasez de lluvias, la escasez de cosechas, y los conflicto persistentes podrían causar que millones de personas se hundan nuevamente en niveles de hambruna y malnutrición que hagan peligrar sus vidas.

La ayuda de emergencia es crucial en este momento delicado, pero no es suficiente. Sólo si se abordan las deficiencias fundamentales del sector agrícola puede la región realmente escapar de la plaga del hambre.

África está dotada con un 60% de las tierras cultivables ociosas del mundo y tiene millones de agricultores muy trabajadores. Ellos simplemente necesitan herramientas, infraestructura y aptitudes para desbloquear el enorme potencial agrícola del continente. No existe ninguna razón – ni ninguna excusa – para dejar que la supervivencia de millones de personas quede a merced de condiciones climáticas impredecibles. Por el contrario, los países deben tomar el control al mejorar su eficiencia y productividad de manera drástica.

Sin duda, se ha avanzado. Algunos gobiernos africanos han reducido las barreras regulatorias a las inversiones en agricultura del sector privado. Y algunos están implementando herramientas de gestión de riesgos y de cobertura de riesgos (hedging) con el fin de proteger a los agricultores de sequías e inundaciones, y a los consumidores de escasos recursos de la volatilidad de los precios de los alimentos causada por este tipo de desastres. Por ejemplo, el “Global Index Insurance Facility” (Fondo de Seguros en base a Índices Climáticos) asegura a los agricultores de Kenia contra riesgos de sequía o lluvias excesivas.

Este tipo de iniciativas fomentan los flujos de recursos para la agricultura – tanto para las empresas agrícolas que son necesarias para alimentar a las ciudades en crecimiento de África, como para los pequeños agricultores que necesitan mejores semillas, fertilizantes, y carreteras que los conecten con los mercados. Aunque las regiones más desarrolladas han estado tomando estas medidas, las mismas todavía no se han generalizado como práctica estándar en África.

El sector agrícola del continente enfrenta aún más obstáculos por el bajo nivel de formación, la carencia de innovación, la debilidad de la infraestructura, la escasez de financiación, la falta de acceso a la tierra y a los títulos de propiedad, y la falta de seguridad para los prestamistas. Sin embargo, si se tuvieran las herramientas adecuadas todos los mencionados problemas tienen solución.

Por ejemplo, con el fin de financiar la reforma, los bancos locales necesitan incentivos para expandir el crédito. Eso podría significar acceso a burós y a agencias de calificación que se especialicen en créditos, a fondos que mutualicen el riesgo para los pequeños agricultores, y a servicios de consultoría con el fin de proporcionar educación y desarrollo de capacidades.

Estos bancos también necesitan apoyo directo. Por ejemplo, la Corporación Financiera Internacional está invirtiendo $25 millones de dólares estadounidenses en el Zambia National Commercial Bank con el fin de aumentar el acceso a la financiación para los pequeños empresarios y para las empresas agroindustriales rurales, quienes representan una parte importante de la producción económica de Zambia.

Además, varias técnicas innovadoras de financiación – tales como el financiamiento estructurado del comercio exterior, la financiación contra recibos de almacenes, y la financiación para proveedores – ya se encuentran en funcionamiento o están en etapa de desarrollo. En el marco del programa Global Warehouse Receipt Program (Programa Mundial de Recibos de Almacenes), por ejemplo, los agricultores podrán utilizar los productos almacenados en depósitos como garantía para préstamos.

También se necesitan modelos de mecanización agrícola para pequeños agricultores a fin de mejorar su eficacia y aumentar su rendimiento productivo. Los agricultores podrían agruparse para unir su producción y negociar acuerdos de compra de la totalidad de la producción (offtake agreements) favorables con el propósito de monetizar ventas futuras, luego podrían usar los recibos de dichos acuerdos para arrendar equipos, como por ejemplo tractores.

El agua es otra gran limitación a la producción de alimentos en algunas regiones. Los países más afectados trabajan para aumentar el suministro mediante el desarrollo de nuevas fuentes de aguas subterráneas y superficiales, la utilización de aguas residuales de las zonas urbanas vecinas, la recolección de agua de lluvia, o la reutilización del drenaje agrícola. De forma paralela, algunos países se centran en la reducción de la demanda, a través de un mejor manejo del agua y técnicas agrícolas innovadoras, tales como riego de precisión y por goteo.

África también necesita una mejor infraestructura para poder impulsar la producción de alimentos. El acceso limitado a la energía eléctrica significa que se carece de almacenamiento en frío; las carreteras mal mantenidas hacen que los vehículos antiguos se desplacen más lentamente; y los puertos ineficientes a menudo dejan que los alimentos se pudran en los muelles. La producción no tiene sentido si los productos frescos no llegan al mercado en buenas condiciones y a un costo razonable.

Por último, la transformación de África en una potencia agrícola debe basarse en la inclusión y la sostenibilidad del medio ambiente. Las inversiones deben garantizar un reparto equitativo de los beneficios entre productores y consumidores, y deben incluir la participación de los pequeños agricultores y vínculos con mercados para insumos y productos. Además, los inversores deben tener en cuenta los intereses de los países de acogida, de las comunidades locales, y del medio ambiente – este es un enfoque que es bueno y que también es un buen negocio.

Es posible lograr seguridad alimentaria a largo plazo en África. De hecho, la seguridad alimentaria es sólo el primer paso en el camino hacia un auge de las exportaciones agrícolas africanas. Si actuamos ahora, los líderes africanos e internacionales pueden garantizar no sólo la seguridad alimentaria del continente, sino también una economía próspera e inclusiva.

Thierry Tanoh is Vice President for Sub-Saharan Africa, Latin America and the Caribbean, and Western Europe at the International Finance Corporation, a member of the World Bank Group. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.

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