¿“La última oportunidad” para África?

¿“La última oportunidad” para África? Reflexiones sobre la Comisión para África y los informes del Proyecto Milenio. Por Andrew Mold, director del European Journal of Development Research (REAL INSTITUTO ELCANO, 17/10/05):

Introducción:

Solamente les habrá pasado por alto a los decididamente alejados del mundanal ruido el hecho de que África ha pasado a ocupar recientemente un firme primer plano de la agenda internacional de un modo que habría resultado inimaginable hace tan sólo un par de años. En estos últimos tiempos se han organizado conciertos musicales, se han emitido documentales por televisión y, lo que es más importante, se han celebrado reuniones políticas en apoyo al “desarrollo” africano. Dos propuestas concretas se han situado en el punto de mira: la primera, la Comisión para África (CpA) constituida el año pasado por el primer ministro británico Tony Blair, en la que se involucraron 18 comisionados, y cuyo informe fue publicado el mes anterior a la celebración de la Cumbre del G8 en Gleneagles, en julio de 2005, con la clara intención de que al menos algunas de las recomendaciones del informe fueran suscritas por los líderes del G8.

La segunda es el Proyecto del Milenio (PM), instaurado asimismo el año pasado, a petición del secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, y encabezado por Jeffrey Sachs, profesor de Economía de Harvard. Aunque el área de competencia de este segundo informe no se centra específicamente en África, sino más bien en cómo alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas (ODM) en la fecha tope fijada, el año 2015 (algo que, por consenso general, parece una posibilidad cada vez más remota para una amplia mayoría de países subsaharianos), se infiere claramente de las recomendaciones que la prioridad del informe se centra en los problemas de desarrollo que se plantean en África.

No cabe la menor duda de que estos dos proyectos han generado un nivel de orgullo desmedido, pero en concreto por lo que respecta a la CpA. El propio Blair se ha sumado a esta impresión, con declaraciones sobre cómo “No puede haber excusa ni defensa ni justificación al sufrimiento actual de millones de nuestros semejantes en África. Nada debería interponerse en nuestro camino… si somos incapaces de actuar, traicionaremos el futuro no sólo de centenares, de millones de niños en África, sino de nuestros propios hijos. Sería impensable que actuáramos de este modo” (cita de Left, 2005). Partícipes del clamor generalizado, algunos comentaristas han llegado incluso a apodar el informe de la CpA como “la última oportunidad para África”, quizá desconocedores de que la propia estrategia de desarrollo de África, la Nueva Alianza para el desarrollo de África (NEPAD), recibió una denominación similar en la reunión del G8 que tuvo lugar en Canadá hace sólo tres años. Dos “últimas oportunidades” durante los primeros cinco años del nuevo milenio resultan quizá algo excesivas, sobre todo teniendo en cuenta que sólo se trata de las más recientes de una larga sucesión de anteproyectos para el desarrollo africano que se han ido sucediendo a lo largo de los últimos treinta años.

Este breve artículo pretende explorar la realidad que se esconde tras estas propuestas. Haremos hincapié en el proceso de elaboración de los informes respectivos (es decir, las circunstancias bajo las cuales se elaboraron los informes) así como en el contenido sustantivo de cada uno de ellos. Se concluye que, aunque existen una serie de recomendaciones que serán bien acogidas tanto en la CpA como en el PM (recomendaciones que, si entran en vigor, representarían un significativo paso adelante con respecto al tipo de políticas anteriormente aprobadas por los países miembros del G8) ambos proyectos adolecen de determinados puntos ciegos conceptuales y políticos. Entre ellos destaca probablemente la falta de reconocimiento, manifiesta en ambos informes, de la importancia de permitir que sean los propios gobiernos de los países en vías de desarrollo los que fijen sus propias agendas de desarrollo, a través de una ampliación de su “espacio político”. Ambos informes reconocen la importancia de la “propiedad o titularidad” local de la estrategia política, pero en realidad son de naturaleza altamente preceptiva por lo que respecta al tipo de políticas que es necesario adoptar.

Un punto más crucial, aunque existan indicios que apunten a un crecimiento del impulso político a favor de “hacer algo por África”, es que todavía no está claro cuál será el alcance de esta iniciativa. Dado el actual clima político internacional, y el historial de puesta en práctica de los resultados de dichos informes, en este artículo se argumenta que en realidad son pocas las posibilidades de que llegue a implementarse algo más que una pequeña muestra de los hallazgos de los informes. Ello no significa que los informes carezcan de valor, sino que probablemente sea necesario reducir las expectativas. Tal como el PNUD (2005, p. 40) indica:

“La moneda del compromiso de la comunidad internacional está en estos momentos tan sumamente devaluada a causa del incumplimiento en su entrega que, de forma generalizada, se considera que carece de valor. La revalorización de dicha moneda es vital no sólo para el éxito de los ODM, sino también para la creación de confianza en el multilateralismo y la cooperación internacional: cimientos que, combinados, consolidan la paz y la seguridad internacionales.”

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