La UNESCO y los dictadores

Obiang Nguema, presidente de Guinea Ecuatorial, consiguió no sin cierta polémica que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura creara en 2008 el Premio Internacional UNESCO-Obiang Nguema de Investigación en Ciencias de la Vida. La UNESCO se dejó seducir por los tres millones de dólares que aportaba Guinea Ecuatorial a la Fundación del mismo nombre. Su finalidad es premiar la investigación científica que contribuya a mejorar la calidad de vida de la población.

La UNESCO no pudo formar el jurado que tenía que entregar el premio en la primavera pasada debido a la movilización de la comunidad científica y académica internacional. Varios premios Nobel (en diversas materias), laureados de UNESCO, universidades de prestigio y centenares de asociaciones han tomado conciencia de la gravedad de semejante premio y abogan por su revocación para no dañar definitivamente el prestigio de la organización. La nueva directora general, la búlgara Irina Bokova, consciente del irreparable daño que semejante patrocinio está causando a la UNESCO logró en junio su suspensión hasta que el Consejo Ejecutivo se dote de criterios coherentes en materia de distinciones.

El dictador guineano, que lleva más de 30 años en el poder, preside un país muy rico en materias primas, en especial petróleo; si el país no hubiera sido expoliado por el dictador y su familia, la población de Guinea Ecuatorial tendría la renta per cápita más alta de África y sería comparable su bienestar al de Italia o Corea del Sur. Por el contrario, la inmensa fortuna personal de su grupo familiar ha llevado a que más del 75 % de la población ecuatoguineana viva en extrema pobreza. Los informes de las agencias de la ONU aportan datos incuestionables. Es recomendable la lectura en internet del Informe para 2009 del Departamento de Estado de los EEUU sobre esta cruel dictadura en el que se señalan con nombres y apellidos a víctimas y fechas: «homicidios ilegales por parte de las fuerzas de seguridad», «torturas a detenidos y presos por parte de las fuerzas de seguridad», «impunidad oficial», «detenciones arbitrarias», «asesinatos en los centros de detención», etcétera. También el Senado de los EEUU ha constatado en un informe 2004-2010 que varias decenas de miles de millones de dólares de los ingresos petroleros fueron desviados a las cuentas de Obiang, su familia y socios en el Gobierno.

La calderilla de tres millones de dólares de la Fundación Obiang no servirá para mejorar la calidad de vida sino para endiosar a un dictador que predica su origen teocrático y para que la UNESCO glorifique la corrupción, la tortura y las más graves violaciones de los derechos humanos. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU (relator especial para Guinea Ecuatorial, informes de 2009 y 2010 en internet) ha puesto en evidencia que «la tortura es practicada de manera sistemática por las fuerzas policiales», el aislamiento total de muchos presos supera los cuatro años. El daño que la UNESCO está haciendo al sistema de Naciones Unidas puede ser irreparable. Hace inútil la existencia de tales organismos.

El Consejo Ejecutivo debe revocar ese premio que anula la razón de ser de esa organización pagada con los impuestos de los ciudadanos de las democracias. Como establece el artículo 1 de su tratado constitutivo, la UNESCO debe «contribuir a la paz y a la seguridad» mediante la educación, la ciencia y la cultura a fin de asegurar «el respeto universal a la justicia, a la ley, a los derechos humanos y a las libertades fundamentales», que la Carta de la ONU reconoce sin distinción a todos los pueblos del mundo, incluidos los ecuatoguineanos. Es bien sabido que Guinea Ecuatorial carece de un sistema jurídico creíble, que es un Estado sin Derecho, que carece de sistema judicial, que se practica habitualmente la tortura, que se ejecuta arbitrariamente a sus ciudadanos (en el mes de agosto se hicieron públicas una serie de ejecuciones de opositores y otros no llegaron vivos a la ejecución).

Además de las prácticas criminales mencionadas, el Gobierno de Obiang Nguema desprecia la educación y la cultura hasta el punto de no haber librerías. Cuando Guinea Ecuatorial accedió a la independencia de España en 1968 las condiciones de vida y los índices de alfabetización de los ecuatoguineanos eran los más altos del continente africano (informe del Departamento de Estado de EEUU, 2008). Desde hace años, los niños y niñas guineanos carecen de libros e instrumentos para poder aprender a leer y escribir. Los textos escritos, cuadernos y lápices accesibles son los que facilitan los cooperantes internacionales, desde AECID a las órdenes religiosas que allí permanecen y unas pocas, muy pocas, ONG. Esto lo debía de haber sabido la UNESCO en 2008. En su informe Educación para Todos de 2010, UNESCO reconoce que mientras todos los Estados mejoran algo en acceso a la educación (1999-2007), en Guinea Ecuatorial bajó un 22%. Aparte de hacer tan concienzudos como inútiles informes para justificar su costosa existencia, a la UNESCO no le ha preocupado ni la educación ni la cultura, al menos en Guinea Ecuatorial.

Lo lamentable es que algunos Gobiernos de la Unión Europea que tanto afirman los valores rectores de la acción exterior, en un caso test como éste, apoyan la creación de ese premio. El Gobierno de España, la antigua metrópoli que administró Guinea Ecuatorial hasta 1968, defrauda más que ninguno otro con su pasividad. En la reunión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU de enero de 2010 (accesible en internet) mientras los delegados de Canadá, Francia, Alemania, Estados Unidos y otros le reprochaban a Guinea Ecuatorial innumerables violaciones a los derechos humanos o que mantenga en vigor la brutal legislación penal de la posguerra civil española, el Gobierno socialista de España sufría amnesia histórica y solamente le recordaba que aún debían adoptar más «medidas para mejorar la igualdad de género», como si fuera el único problema en Guinea Ecuatorial.

A nadie se le oculta que el apoyo que tuvo la creación del premio como la reticencia a su revocación tiene que ver con la untuosidad del petróleo. La facilidad del uso de caudales públicos por parte de Obiang para fines privados hizo mella en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el cual ha llegado a retirar el mandato al representante especial que venía informando sobre Guinea Ecuatorial; y el mismo realismo energético hace que el Gobierno español no reproche al Gobierno guineano su carácter despiadado y corrupto o que diputados del PP, PSOE y CiU no vieran nada anormal en las últimas elecciones generales, mientras EEUU y otros países dejaban constancia del fraude electoral masivo. Los valores que el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero predica parece que se ahogan en la negrura del petróleo ecuatoguineano. Por otra parte, la presencia de empresas españolas es muy limitada comparada con Estados Unidos pero ello no impide a este Gobierno informar a la opinión pública sobre el fraude electoral y la brutalidad de esa dictadura. No cuestiono la presencia de inversiones españolas (o de otros Estados) en Guinea o en otros países con dictaduras o regímenes autocráticos. Pero una mínima transparencia en las actividades de las industrias extractivas permitiría aumentar considerablemente el nivel de vida y educación de su pueblo. Justo lo que Obiang pretende con el premio que lleva su nombre.

En los días que quedan hasta que el Consejo Ejecutivo de la UNESCO tome la decisión definitiva a finales de octubre, el Gobierno de España no nos debe defraudar más. Debe apoyar de forma eficaz la necesidad de un cambio en la política de premios de la UNESCO y la cancelación definitivamente de esa desvergonzada iniciativa del dictador ecuatoguineano.

Araceli Mangas Martín, catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Salamanca.