La unión bancaria, la llave para recuperar la confianza

Cinco años después de la quiebra de Lehman Brothers, que marcó el inicio de la Gran Depresión, hoy podemos decir que la recuperación de la economía mundial está en marcha. En este escenario más positivo, toca ahora hablar de futuro y del papel del sistema financiero. Es el momento de valorar si el sistema financiero internacional sale de esta crisis reforzado, saneado y con las herramientas adecuadas para acompañar el crecimiento de la economía real; y de si la banca está preparada para cumplir con su función principal, la de proveer de suficiente crédito a la economía.

En estos cinco años se han logrado grandes avances. Las entidades tienen hoy más y mejor capital, con unos ratios más altos y homogéneos, y mejor definidos. Ahora queda pendiente la armonización del cálculo de los activos ponderados por riesgo, para asegurar que los ratios son equiparables entre países y evitar así la actual fragmentación. Es un punto importantísimo, pues se han detectado diferencias muy significativas que pueden dificultar la comparación de los ratios de solvencia entre las entidades e incluso perjudicar a las más conservadoras.

La liquidez de los bancos va a estar por primera vez regulada, lo que en sí mismo es positivo. Sin embargo, todavía hay que afinar este marco regulatorio, que no debe centrarse únicamente en ratios cuantitativos. De lo contrario, pueden llegar a establecerse exigencias desmesuradas que limiten en exceso la función de la banca. La estabilidad que implica la liquidez procedente de los depósitos de clientes es un activo de gran valor para los bancos comerciales.

La resolución de crisis es el tercer elemento de la reforma regulatoria y, en mi opinión, es toda una revolución. No puedo estar más de acuerdo con el objetivo de que los contribuyentes y las entidades financieras bien gestionadas no tengan que volver a soportar los costes de crisis financieras. Para ello es necesario que las autoridades de resolución dispongan de herramientas efectivas y homogéneas para prevenir las crisis, gestionar de forma ordenada situaciones de dificultad, posibilitar las quiebras cuando sea necesario y minimizar el coste para todos: para el propio sistema y para la sociedad. Es importante que se permita elegir a las entidades una estrategia de resolución que se adecue a su estructura de grupo. En el caso de Banco Santander, organizado en filiales autónomas en capital y liquidez, el modelo de múltiples puntos de entrada es el adecuado. Con todos estos avances, el sector financiero en su conjunto es mucho más sólido que antes de la crisis. Con el objetivo de que estos logros se consoliden, quiero destacar cuatro ideas:

—Aún hay voces que exigen ir mucho más allá de Basilea III en requerimientos de capital. En mi opinión esto puede ser contraproducente: la aportación marginal de seguridad al sistema es mínima y no compensa la caída que ello supondría en el flujo del crédito.

—Regular sólo a los bancos no resuelve los problemas: todos los segmentos del sector financiero estuvieron involucrados en la crisis y en particular el shadow-banking.

—No hay regulación que pueda sustituir a una rigurosa supervisión. Una supervisión cercana, que permita un buen conocimiento de las entidades y asegure una buena gestión de los riesgos.

—Se ha puesto el foco en la estabilidad y en la fortaleza del sector, pero quizás no se ha tenido totalmente en cuenta la necesidad de que también sea rentable para ser sostenible en el tiempo, para atraer inversores y para estar a la altura de las necesidades de los clientes.

Para que todos los avances permitan de verdad que fluya el crédito y un mayor crecimiento económico es necesario recuperar la confianza, y para ello, la principal herramienta es completar la unión bancaria. Este es el factor clave para la recuperación definitiva de la confianza en el euro, en nuestro sector financiero y en el futuro de una Europa más integrada y sólida. Y sin duda tendrá repercusiones positivas para el conjunto de la economía mundial.

Parece claro que en una unión monetaria como la nuestra los agentes económicos y financieros sólo deben diferenciarse en función de su riesgo y no de su nacionalidad. 2014 tiene que ser el año en que se rompa definitivamente el círculo vicioso entre la deuda soberana y la bancaria, y no ya por el bien de los bancos, sino por el de los clientes a los que damos servicio. Y como consecuencia de todo lo anterior, permitirá una mayor fluidez del crédito hacia empresas y particulares, contribuyendo al crecimiento económico y a la creación de empleo.

La llegada del supervisor único es un paso decisivo e irreversible en el proceso de integración financiera de Europa. Pero la unión bancaria no estará completa sin un mecanismo único de resolución. Es necesario contar con una única autoridad con poderes bien definidos y con acceso a un fondo único de resolución que sea el recurso de última instancia en caso de crisis de cualquier entidad.

En los próximos trimestres se darán pasos importantes para avanzar en la unión bancaria. El Banco Central Europeo realizará una evaluación exhaustiva a las entidades que serán objeto de su supervisión. Estos ejercicios, por su rigor y transparencia, son la oportunidad definitiva para discriminar y valorar a las entidades, y zanjar de una vez por todas las dudas sobre el sector en Europa.

La experiencia en España en este sentido es contundente. El análisis pormenorizado al que se ha sometido el sector bancario español ha permitido distinguir con toda claridad las entidades sanas de aquellas cuya solvencia y viabilidad estaba muy dañada.

Hoy podemos afirmar que el sector bancario español es uno de los más sólidos de Europa. Hemos recorrido ya un largo camino y podemos empezar a mirar hacia el futuro con optimismo. Es el momento de que los bancos seamos proactivos y centremos todos los esfuerzos en favorecer la creación de riqueza y de empleo. Podremos decir que la crisis ha terminado cuando se hable menos de los bancos y más de las empresas.

Con bancos sólidos y centrados en su negocio, un buen sistema de supervisión, instituciones capaces y fuertes, y políticas responsables y firmes lograremos consolidar esta recuperación económica y podremos mirar hacia adelante con la satisfacción de haber superado con éxito estos grandes retos.

Emilio Botín, presidente del Banco Santander.

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