La unión euroasiática

En los últimos decenios, los procesos integracionistas se realizan a escala global. La Unión Europea, toda una lista de las agrupaciones latinoamericanas, la Comunidad de Estados Independientes, los ejemplos de integración en otras partes del mundo son conformaciones diferentes pero persiguen un objetivo común: unir los esfuerzos de las naciones que las componen en el camino hacia el progreso y bienestar común, donde ganan todos y nadie pierde. Pero la vía del fomento de cada estructura es larga y no exenta de dificultades. Si vemos las raíces de la Unión Europea, podemos darnos cuenta de que se fundó sobre las tres comunidades europeas preexistentes -la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, la Comunidad Europea de la Energía Atómica y la Comunidad Económica Europea-, que teniendo mucho en común, sin embargo, no podían evitar algunas discrepancias con respecto al futuro de la comunidad. Con la firma del Tratado de Lisboa, la UE sucedió por completo a esas comunidades y asumió sus competencias políticas, económicas y judiciales. Actualmente, la UE sigue promoviendo la integración a través de políticas comunes que abarcan diferentes ámbitos, coadyuvando de este modo al fortalecimiento institucional y económico de los países que la integran.

La unión euroasiáticaLa idea de impulsar los procesos de integración en Europa es semejante, en principio, a las políticas que se promueven en el espacio de la Comunidad de Estados Independientes. Cabe recordar que la CEI es una organización supranacional que culminó la disolución de la URSS y, como dijo el presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin, permitió un «divorcio civilizado» entre las repúblicas que formaban parte de la Unión Soviética. Desde la aparición de la CEI se han firmado múltiples acuerdos de interacción política, económica y de defensa. Del seno de esta comunidad surgió la alianza político-militar llamada Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva. Hasta hoy, la CEI no pierde vigencia, aunque choca con ciertos obstáculos de carácter institucional dentro de la organización.

Con la firma, el pasado 29 de mayo, del pertinente acuerdo, va tomando cuerpo la Unión Económica Euroasiática (UEE), que empezará sus actividades a partir del próximo 1 de enero. Tiene los mismos objetivos que otras agrupaciones de esta índole, como la UE. Está formada por Rusia, Kazajistán, Bielorrusia y Armenia, y en breve se sumará Kirguizistán. Se valora la posibilidad de que se incorpore Tajikistán. Surgida en base a la Unión Aduanera, la UEE está encaminada al acercamiento de las naciones, modernización y aumento de la competencia de los países en el mercado mundial, así como a la creación de un mercado importante regional de 170 millones de personas. Los países que la integran poseen enormes reservas de recursos naturales, en particular, controlan la quinta parte de las reservas mundiales de gas y casi el 15% de las de petróleo. De este modo, la UEE conformará con otras entidades integracionistas, tanto en Europa como en Asia, la cooperación que favorecerá la estabilidad de la economía global. Con la ratificación del Acuerdo sobre la UEE nos movemos en un nuevo y más alto escalón de la integración, lo que permitirá solucionar las tareas de modernización de las economías de los países que forman parte de la Unión. Con la entrada en vigor del Acuerdo sobre la UEE -que prevé el libre flujo de mercancías, servicios, capitales y trabajadores-, tendrá lugar una coordinación crucial en los ámbitos de la industria, la energía y la agricultura. Y es que, conservando plenamente la soberanía estatal, se puede garantizar una cooperación económica más ajustada y armonizada. Nuestra posición geográfica nos permite crear rutas logísticas no sólo de importancia regional, sino también de relevancia global, concentrando en ella los enormes flujos comerciales entre Europa y Asia. Casi 30 países han mostrado ya su interés en el régimen de libre comercio con la UEE. Este mismo mes se está negociando la zona de libre comercio con Israel, India, Vietnam y Egipto. Al mismo tiempo, se supone que la UEE reforzará la cooperación económica con China.

Creo que sería muy útil encontrar un modo para establecer una interacción más estrecha entre la UE y la Unión Euroasiática, intensificando de este modo los lazos económicos y comerciales entre dos grandes bloques lo que, a su vez, contribuiría al crecimiento del nivel del bienestar de la población. Hoy ya se empieza a hablar en voz alta sobre la legitimidad de plantear la tarea encaminada a establecer un único espacio económico y humanitario desde Lisboa hasta la ciudad de Vladivostok, sobre la necesidad de entablar un diálogo entre la UE y la UEE. Ya no se percibe como algo raro la idea expresada por Vladimir Putin a principios de año de que el primer paso debe de ser el comienzo de las negociaciones acerca de la creación de la zona de libre comercio entre la Unión Europea y la Unión Aduanera con el fin de culminar el proceso hacia 2020.

Todo está sobre la mesa y ahora serán la diplomacia y la política las que decidan. Por el momento, estamos en el nivel de la discusión, pero tenemos la certeza de que llegaremos a lo que ahora llaman «la integración de las integraciones». Ése será uno de los temas que Rusia promoverá en el marco de la OSCE, en el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores que se celebrará en Basel (Suiza).

Integrarse para encarar mejor el futuro es una idea constructiva que responde a la percepción del mundo policéntrico y multipolar. Ya no queda sitio para la hegemonía de ciertos actores internacionales. El mundo es para todos. Los países de nuestra vasta región tienen que trabajar en ello, haciendo muchos esfuerzos y pensando en el futuro.

Yuri Korchagin es el embajador de la Federación Rusa en España.

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