La Unión Europea y España frente a Cuba: valoración tras un año de enfermedad de Castro

Por Joaquín Roy, Universidad de Miami (REAL INSTITUTO ELCANO, 22/11/07):

Resumen: Transcurrido un año desde el anuncio sobre la salud de Castro emitido el 31 de julio, el fondo, la forma y el espíritu de la peculiar relación que mantienen Europa y Cuba no han cambiado demasiado. A pesar de una serie de medidas concretas adoptadas por Madrid, puede aplicarse esa misma valoración al actual capítulo de la “relación especial” que mantienen España y Cuba.[1]

Introducción: Transcurrido un año desde el dramático anuncio de la enfermedad de Fidel Castro y su cesión temporal de poder a favor de su hermano Raúl, la relación entre la Unión Europea (UE) y Cuba ha vuelto a un nivel de normalidad, tras un ciclo previo de congelación de las relaciones impuesto por las autoridades cubanas y un intento de los actores europeos de influir en La Habana, o persuadirla, para que adoptara medidas de apertura y llevase a cabo reformas políticas y económicas.[2] Tras un largo período de “esperar y ver qué pasa” por parte de Bruselas y algunos de los Gobiernos europeos más activos en la relación con Cuba (con España a la cabeza), se pusieron en marcha una serie de iniciativas que recibieron una respuesta ambivalente por parte del Gobierno cubano, que hizo una distinción entre las que consideró medidas positivas de determinados Gobiernos y las que interpretó como de una actitud agresiva de otros. Sin embargo, cuando en junio de 2007 se publicaron las críticas conclusiones del Consejo Europeo especial, en las que se incluía una oferta a las autoridades cubanas para reunirse en Bruselas, la respuesta de La Habana fue una negativa pública y enérgica, coronada por una columna escrita por el propio Fidel Castro. En definitiva, transcurrido un año desde el anuncio sobre la salud de Castro emitido el 31 de julio, el fondo, la forma y el espíritu de la peculiar relación que mantienen Europa y Cuba no ha cambiado demasiado. A pesar de una serie de medidas concretas adoptadas por Madrid, puede aplicarse esa misma valoración al actual capítulo de la “relación especial” que mantienen España y Cuba.

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