La vía por la que avanzar en Hong Kong

No es del todo cierto que los ojos del mundo entero están puestos en Hong Kong. Lo estarían, desde luego, si se permitiera a la población de la China continental conocer lo que está pasando en la ciudad de mayor éxito de su país, pero el Gobierno de China ha intentado impedir que todas las noticias sobre las manifestaciones pro democracia de Hong Kong lleguen al resto del país, lo que no constituye precisamente una señal de confianza por parte de los gobernantes de China en su sistema de gobierno autoritario.

Antes de proponer a las torpes autoridades de Hong Kong una vía por la que avanzar, tres cosas deben quedar claras. En primer lugar, constituye una injuria a la integridad y los principios de los ciudadanos de Hong Kong afirmar, como lo hace la maquinaria de propaganda del Gobierno de China, que están manipulados por fuerzas exteriores. Lo que motiva a las decenas de miles de manifestantes de Hong Kong es la apasionada creencia en que deben poder dirigir sus asuntos, como se les prometió, eligiendo a quienes los gobiernen en elecciones libres y justas.

En segundo lugar, otros fuera de Hong Kong tienen un interés legítimo en lo que ocurre en esa ciudad. Hong Kong es un gran centro internacional, cuyas libertades y autonomía  fueron garantizadas en un tratado registrado en las Naciones Unidas. En particular, el Reino Unido, la otra parte de esa Declaración chino-británica conjunta, pidió y recibió la seguridad de que la supervivencia de la autonomía y las libertades de Hong Kong quedarían garantizadas durante cincuenta años.

Así, pues, resulta ridículo decir que los ministros y parlamentarios británicos no deben meter las narices en los asuntos de Hong Kong. En realidad, tienen el derecho y la obligación moral de seguir comprobando si China cumple con la parte que le corresponde en el acuerdo, como hasta ahora lo ha hecho –para ser justos, hemos de reconocerlo– en gran medida.

Pero, en tercer lugar, los mayores problemas se han debido a una controversia sobre adónde debe conducir a Hong Kong su prometida vía a la democracia y cuándo. Cuando se aseguró a los hongkonguenses que se mantendría el sufragio universal, nadie les dijo que no entrañaría la posibilidad de elegir a quién podían votar. Nadie dijo que el Irán era el modelo democrático al que se refería la burocracia de la China continental y en el que el Gobierno de ésta estaría autorizado a ejercer un veto efectivo sobre los candidatos.

En realidad, no era a eso a lo que se refería China. Ya en 1993, el negociador jefe de China sobre Hong Kong, Lu Ping, dijo al periódico People’s Daily lo siguiente: “Se debe transmitir el [método del sufragio universal] al [Parlamento de China] para que quede constancia al respecto, mientras que el asentimiento del gobierno central no es necesario. La forma como Hong Kong desarrolle su democracia en el futuro entra totalmente dentro de la esfera de la autonomía de Hong Kong. El gobierno central no se inmiscuirá al respecto.” El año siguiente, el ministro de Asuntos Exteriores de China lo confirmó.

El Parlamento británico resumió lo que se había dicho y prometido en un informe sobre Hong Kong en 2000. “Así, pues, el Gobierno de China ha aceptado oficialmente que corresponde al Gobierno de Hong Kong determinar el grado y la naturaleza de la democracia en Hong Kong”.

Entonces, ¿qué viene a continuación?

Los manifestantes pacíficos de Hong Kong, con sus paraguas y bolsas de recogida de la basura, no se dejarán barrer de la calles como basura ni someter mediante gases lacrimógenos y gas pimienta. Cualquier intento de hacerlo así ofrecería al mundo un panorama  terrible y perjudicial de Hong Kong y de China y sería una afrenta para todo lo que esta última aspire a ser.

Las autoridades de Hong Kong han interpretado pésimamente las opiniones de sus ciudadanos. Como los malos cortesanos contra los que avisaba Confucio, fueron a Beijing y dijeron al Emperador lo que creían que deseaba oír, no la situación real de la ciudad. Deben pensárselo de nuevo.

Conforme a los planes existentes, debe haber una segunda fase de consultas sobre el desarrollo democrático después de lo que ha resultado ser un comienzo falsificado del proceso. El Gobierno de Hong Kong debe ofrecer ahora a su pueblo una segunda ronda de consultas apropiada, transparente y sincera. El diálogo es la única vía sensata por la que avanzar. Los ciudadanos de Hong Kong no son irresponsables ni irrazonables. Ha de ser posible una avenencia decente sobre unas elecciones que los ciudadanos reconozcan como justas, no amañadas.

Los manifestantes en Hong Kong, jóvenes y ancianos, representan el futuro de la ciudad. Abrigan la esperanza de una vida pacifica y próspera en la que puedan gozar de las libertades y del imperio de la ley que se les prometieron. No sólo redundará en provecho de su ciudad, sino también de China. El futuro de Hong Kong es la cuestión principal, pero también lo es el honor de China y su reputación en el mundo.

Chris Patten, the last British Governor of Hong Kong and a former EU commissioner for external affairs, is Chancellor of the University of Oxford. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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