La vivienda también afecta a la salud

La vivienda es uno de los factores que están relacionados con la salud de la población y, por tanto, elementos como las condiciones físicas o el acceso a un hogar son importantes en la salud pública. El acceso a una vivienda adecuada se reconoce expresamente a la Declaración Universal de Derechos Humanos, ya que toda persona debe tener derecho a un nivel de vida que garantice salud y bienestar, independientemente de su situación.

La relación entre vivienda y salud se puede explicar a través de diferentes dimensiones: los aspectos económicos y legales, que son de gran importancia y se relacionan con el acceso y la seguridad en la tenencia de la vivienda y, por tanto, con el riesgo de perderla. En segundo lugar, el significado emocional y social que las personas dan a su hogar. Las condiciones físicas de la vivienda y el entorno físico y social del barrio de residencia serían dos aspectos finales también clave. Pero conviene saber que la situación económica del país, las políticas que fomentan el Estado del bienestar, así como el mercado y las políticas de vivienda son condicionantes también de la relación entre la vivienda y la salud.

Hay abundante bibliografía científica que relaciona la inseguridad de vivienda por causas económicas con la salud. El riesgo de perder la casa por causas económicas es un problema en España, sobre todo desde el inicio de la crisis en el 2008, cuando miles de unidades de convivencia tuvieron dificultades para hacer frente al coste de la hipoteca o el alquiler, muchas de ellas hasta el extremo de sufrir un desalojo. Una revisión reciente realizada por nuestro grupo de investigación de la Agència de Salut Pública de Barcelona muestra cómo el hecho de vivir en riesgo de desalojo tiene importantes efectos en la salud mental y física de las personas (en enfermedades crónicas, hipertensión, etcétera). Además, sabemos que las personas sin hogar a menudo presentan problemas de salud mental y física y un mayor consumo de alcohol y otras drogas.

Respecto al significado emocional del hogar, hay que señalar que un espacio percibido como seguro, íntimo y habitable proporciona grandes beneficios psicosociales. Representa un refugio protegido del mundo exterior, permite el desarrollo de un sentido de la identidad y vínculo y proporciona un espacio para ser uno mismo.

Las condiciones físicas de la vivienda también han sido relacionadas con la salud de las personas. Por ejemplo, la calidad del aire interior, las temperaturas extremas (frío o calor) y el polvo se vinculan con enfermedades respiratorias; el ruido exterior –que puede estar relacionado con la salud mental–, o los factores que influyen en las lesiones domésticas. De todos modos, las condiciones de la vivienda varían de forma importante por territorios, ya que en núcleos o barrios marginales de algunos países a menudo no hay unos elementos mínimos de habitabilidad y acceso a agua potable o servicios. Se ha visto cómo algunos indicadores de salud son más deficientes en estos barrios: aumentan la mortalidad infantil, las enfermedades infecciosas y las enfermedades transmitidas por insectos u otros animales, pero también son destacables las lesiones por accidente y por violencia, sin olvidar que en estos barrios se genera peor salud mental y aumentan las enfermedades respiratorias.

Las condiciones físicas y sociales del barrio son importantes condicionantes de la salud. Así, los barrios que tienen una adecuada planificación urbanística, con espacios verdes donde se puede caminar y con unos servicios públicos adecuados, son más saludables. También muestran mejores indicadores de salud los barrios donde se fomentan la interacción y las redes de cooperación entre las personas. Actualmente son factores de mayor calidad de vida la proximidad a zonas verdes o espacios abiertos respecto al domicilio, el acceso a servicios públicos, así como las facilidades y la seguridad para el desplazamiento a pie o si hay necesidades especiales de movilidad.

Finalmente, cabe mencionar que la vivienda tiene el potencial de reducir o aumentar las desigualdades en salud (diferencias de salud entre las personas que pertenecen a diferentes clases sociales), pero a menudo son las personas más desfavorecidas socioeconómicamente las que sufren más problemas relacionados con la vivienda y con la salud. Tanto las políticas de Estado de bienestar como las políticas de vivienda pueden ayudar a revertir esta situación mejorando aspectos como la seguridad de la tenencia de la vivienda y la promoción de viviendas más asequibles y con condiciones físicas que las hagan más habitables.

Carme Borrell, gerente de la Agencia de Salud Pública de Barcelona.

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