Las 12 ocasiones en las que ERC ha humillado al PSOE

1. El salivazo a Josep Borrell

Pocas cosas cuestan más que perdonar a quien humillaste en el pasado. Y quizá sea por ello por lo que el pasado 21 de noviembre Gabriel Rufián llamó a Josep Borrell «el ministro más indigno de la historia de la democracia española». Rufián, en fin, sigue sin perdonarle a Borrell haber recibido un salivazo del diputado republicano Josep Salvador el 21 de noviembre de 2018 en el Congreso de los Diputados.

ERC negó aquel día el escupitajo, Borrell se reafirmó en su acusación, y para la historia quedó el primer salivazo a un ministro de la historia del Parlamento español. Algunos habríamos apostado a que ese hito sería protagonizado por algún diputado de Podemos o de Bildu y que la víctima sería más bien algún ministro del PP o de Ciudadanos. Pero los protagonistas fueron PSOE y ERC, ahora negociadores de un pacto «de progreso» para la investidura de Pedro Sánchez. ¿Por qué no llamarlo el pacto de los chubasqueros, en honor al llamativo incidente?

2. ¿Prisa? ¿Quién tiene prisa?

Nada le corre más prisa ahora mismo a Pedro Sánchez que cerrar un pacto con ERC y ser investido presidente antes de las fiestas de Navidad. Una urgencia que ERC no comparte y que se sacude de los hombros con nada disimulado desdén. «Durante la reunión nos explicaron que ellos trabajan con un calendario más acelerado y nosotros les dijimos que no tenemos ninguna prisa, que esto no va de días» respondió la republicana Marta Vilalta cuando fue preguntada el pasado viernes por las urgencias del PSOE. «No nos importa el calendario» añadió luego.

Las prisas del PSOE tienen una explicación obvia. Cuanto más tarde Oriol Junqueras en concederle a Sánchez su aprobación, más arreciarán las dudas y las presiones internas y externas en contra del pacto del PSOE con la extrema izquierda y el nacionalismo. Y la parsimonia de ERC obedece a esa evidencia. Cuanto más tarden los republicanos en darle su ‘sí’ al PSOE, más concesiones esperan obtener a cambio.

3. ERC veta al PSC en el Ayuntamiento barcelonés

Tras la primera victoria electoral de Ada Colau en las elecciones municipales de 2016, el PSC arrancó de inmediato a fantasear con su fórmula de Gobierno preferida tanto para Barcelona y Cataluña como para España: un tripartito de PSC/PSOE, Podemos y ERC. Pero ERC se encargó de aguar cualquier expectativa que los socialistas catalanes pudieran albergar al respecto vetando al PSC y obligando a Colau a un difícil gobierno en solitario y con apoyos variables que destrozó la ciudad y elevó las tasas de criminalidad hasta niveles difícilmente vistos en cualquier otra ciudad europea.

4. ¿Iceta presidente del Senado? Por encima de ERC

Era costumbre habitual en el escenario político español que los partidos no pusieran excesivos problemas a las propuestas de designación de los senadores de otros partidos. Hasta que ERC decidió romper esa costumbre no escrita y vetar la designación de Miquel Iceta como senador sustituto de José Montilla, paso previo a su nombramiento como presidente del Senado. ERC votó ‘no’ con la excusa de que el PSOE había vendido la piel del oso antes de cazarlo –anunciando el nombramiento de Iceta antes siquiera de consultarlo con el resto de los grupos– y el líder del partido socialista catalán se quedó sin su deseada presidencia del Senado.

La humillación no ha impedido, sin embargo, que el PSC defienda con entusiasmo un pacto del PSOE con ERC. Pacto que, a su vez, tendría su contrapartida en el apoyo del PSOE a un futuro gobierno autonómico tripartito de ERC, PSC y Podemos en Cataluña.

5. ¿Quieres nuestros votos? Háblalo con el arquitecto del golpe

Que a nadie le quepa la más mínima duda de que, de haber podido, ERC habría obligado al PSOE a aceptar la presencia de Oriol Junqueras en el equipo republicano que negocia con los socialistas la investidura de Pedro Sánchez. Y que a nadie le quepa la más mínima duda de que, si eso hubiera ocurrido, el PSOE habría aceptado la imposición de ERC.

A falta de Junqueras, bueno ha sido Josep Maria Jové, exnúmero dos de Junqueras imputado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por su responsabilidad en la organización del referéndum ilegal del 1-O y considerado como el arquitecto de ese procés por el que el líder del partido republicano ha sido condenado a trece años de prisión por el Tribunal Supremo. La simple presencia de Jové en la mesa de negociación es demoledora para el PSOE, que ahora está obligado a negociar con uno de los principales responsables de lo que, sentencia del procés en mano, no ha sido otra cosa que un golpe contra la democracia española.

6. La Moleskine no se negocia

Que Josep Maria Jové apareciera en la reunión con el PSOE del pasado jueves con una agenda Moleskine similar a aquella en la que él mismo anotó todos los detalles relativos a la organización del referéndum del 1-O y la posterior declaración de independencia –es decir la hoja de ruta del procés– no fue una simple burla de ERC, sino un detalle bastante más significativo de lo que parece a simple vista. Porque lo que los republicanos estaban diciendo con ese gesto es que lo que se debate en esa mesa de negociación no es en realidad la investidura de Pedro Sánchez, sino la recuperación de la hoja de ruta del procés. Pero esta vez con la complicidad y la participación del PSOE.

7. El segundo golpe en menos de cien años

Cuando Carmen Calvo llamó a ERC «uno de los grandes partidos históricos» de España estaba siendo tan generosa como para obviar la evidencia de que en el currículo de los republicanos figuran dos golpes de Estado –algunos historiadores suman un tercero a la lista– y 8.000 asesinados en la Cataluña de 1936 bajo la presidencia de uno de los personajes más siniestros de la historia de España: Lluís Companys.

Fue ERC, además, la que más presionó en octubre de 2017 para que Carles Puigdemont declarara la independencia de Cataluña –y sólo hay que recordar los lloros de Marta Rovira o las 155 monedas de plata de Gabriel Rufián– y la que condujo al nacionalismo catalán hacia una senda de desobediencia, crispación y confrontación que ahora les resulta imposible abandonar.

8. ¿Moderados, nosotros? Ahí llevas una moción contra la Corona

Dice el relato socialista que ERC es, a día de hoy, el nacionalismo moderado. A pesar del procés. A pesar de la declaración de independencia. A pesar del golpe contra el orden constitucional. A pesar de la condena de trece años de cárcel a su líder Oriol Junqueras. Según el PSOE, ERC ha aprendido la lección y desea volver al redil de la legalidad y la gobernabilidad a cambio de algunas concesiones mínimas relativas al Título VIII de la Constitución y la igualdad de todos los ciudadanos españoles. Es decir, a cambio de una república federal de naciones hermanas diseñada por aquellos que se han mostrado incapaces de vivir junto a sus propios vecinos castellanohablantes.

Eso dice el relato socialista mientras Roger Torrent se alza en contra del ordenamiento jurídico y permite votar en el Parlamento catalán una moción prohibida por el Tribunal Constitucional y en la que se reprueba a la Corona y se defiende la autodeterminación. «Son gestos meramente declarativos» dicen en el PSOE, deseosos de que sus fantasías acerca de la moderación republicana sean ciertos. No lo son, pero en esa fantasía se desangra el partido socialista día a día.

9. La reunión de Carod-Rovira con ETA

Dice Josep Lluís Carod-Rovira que su entrevista con ETA en un pueblo del sur de Francia «valió la pena». Carod-Rovira era por aquel entonces –principios de 2004– vicepresidente del primer tripartito catalán. Un tripartito que encabezaba el socialista Pasqual Maragall. José Luís Rodríguez Zapatero era secretario general del PSOE. Cargos y militantes del PSOE eran objetivo prioritario de ETA.

Y aún así, el republicano se reunió con la banda terrorista en calidad de presidente autonómico en funciones –Pasqual Maragall se encontraba fuera de la comunidad– y pactó un cese de los atentados, sólo para Cataluña, a cambio de apoyo explícito a las demandas de los terroristas. Carod-Rovira dimitió en cuanto se destapó el escándalo, pero el PSOE no sólo no perdió la confianza en ERC, sino que pactó un segundo tripartito, esta vez encabezado por José Montilla. De ese segundo tripartiro, Carod-Rovira fue primero consejero de la Vicepresidencia y, luego, vicepresidente.

Como si no hubiera pasado nada.

10. ERC, de la mano de Bildu

La actual alianza entre ERC y Bildu –que obliga a los dos partidos a una cierta «unidad de acción» en el Congreso de los Diputados– es sólo uno más de los sapos que el PSOE se ha visto obligado a tragar en aras de un supuesto bien mayor: la investidura de Pedro Sánchez. Las constantes estampas de Rufián y del resto de diputados y altos cargos republicanos junto a Arnaldo Otegi, Mertxe Aizpurua y el resto de miembros de Bildu suelen pasar desapercibidas gracias a la connivencia de una brunete mediática socialista siempre dispuesta a ocultar las fotografías más incómodas para el PSOE. Pero, de puertas para adentro, el desagrado es evidente en el partido socialista dado que lo que esas imágenes contribuyen a consolidar en el imaginario popular es la idea de que lo que está gestando Pedro Sánchez no es tanto un gobierno al uso como un frente popular contra la mayoría de los ciudadanos.

11. Nosotros te coronamos, nosotros te derrocamos

No debe de resultar fácil para Pedro Sánchez aceptar la evidencia de que jamás habría llegado a la presidencia de no haber sido por ERC, de que aún continuaría en ella si los republicanos no hubieran tumbado sus Presupuestos Generales en febrero de 2019, y de que su futura investidura depende de nuevo de un partido que más que negociar con el PSOE, lo ha usucapido. «ERC ha puesto y ha quitado Gobiernos» dijo Gabriel Rufián el pasado 26 de noviembre, antes de la reunión con Adriana Lastra, José Luis Ábalos y Salvador Illa, y el mensaje llegó alto y claro a un PSOE que, lejos de buscar una alternativa a esa dependencia humillante de ERC, parece sentirse cómodo en ella.

12. Que se metan el indulto donde les quepa

Eso respondió Oriol Junqueras tras su condena por parte del Tribunal Supremo a trece años de prisión por los delitos de sedición y malversación de fondos públicos. «Es un orgullo estar aquí [en la cárcel] por poner las urnas» añadió. No cabe duda de que el arrepentimiento ha inundado el alma de este pacifista y que ERC, el partido que lidera, está ahora, por fin, en la senda de la concordia y del respeto al Estado de derecho.

Que la investidura de Pedro Sánchez dependa a día de hoy de la voluntad de un presidiario condenado por uno de los más graves delitos posibles contra la democracia es sólo una más de las paradojas de ese futuro gobierno «de progreso» que promete el PSOE a todas horas mientras unos pocos en el partido osan decir que el rey no sólo va desnudo, sino que lleva a Junqueras subido a los hombros.

Cristian Campos

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