Las cinco estrellas italianas

En vísperas de las elecciones generales del 4 de marzo, todas las encuestas indican que el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) es el primer partido de Italia, con más del 25% de intención de voto.

El M5S es la mayor novedad de la política italiana desde que Berlusconi puso en marcha Forza Italia en 1994. Nacido como una agrupación de seguidores del cómico Beppe Grillo —entre un club de fans y un experimento de marketing digital—, creció a toda velocidad hasta ser el partido más votado en 2013, transformando el sistema italiano de partidos.

La repercusión del movimiento en el sistema de partidos es casi incalculable. Pero también ha habido un efecto recíproco: convertirse en uno de los grandes actores del escenario político italiano ha cambiado el M5S.

La influencia del movimiento se palpa tanto en el formato del sistema de partidos como en las cuestiones que definen el ámbito de la rivalidad política. El M5S ha convertido un sistema bipolar en tripolar. En 2013, cuando los números impedían la formación de un gobierno de centro-izquierda o de centro-derecha, el M5S rechazó cualquier posibilidad de coalición. La consecuencia fue un Gobierno de gran coalición entre el Partido Democrático y el Pueblo de la Libertad de Berlusconi.

También cambiaron las prioridades de la agenda política, porque el M5S logró imponer sus temas preferidos a los demás partidos. El primero, la financiación de la política: gracias a una ley aprobada en 2013, a partir de 2018 quedan abolidas todas las contribuciones públicas y subvenciones electorales. Los ciudadanos pueden destinar parte de sus impuestos al partido que prefieran, pero solo de manera voluntaria. El segundo, la UE ha pasado a primer plano del debate político. En Italia, en otro tiempo el Estado miembro más entusiasta y europeísta, la principal fuerza política actual pone en tela de juicio no solo las políticas de austeridad de la UE sino incluso la presencia italiana en el euro, una cuestión sobre la que el M5S quiso —y no logró— celebrar un referéndum en 2014. Aunque su posición sobre Europa se ha suavizado en los últimos meses, sigue siendo incierta.

También ha cambiado la naturaleza del movimiento, como suele ocurrir con los partidos nuevos cuando entran en las instituciones representativas. En este sentido, sigue siendo válida la “ley de hierro de la oligarquía” de la que hablaba Robert Michels en 1911 sobre los recién llegados de entonces, los partidos socialistas. Cuando nació, el M5S era una organización totalmente horizontal (su eslogan favorito era Cada uno cuenta como uno) y su propósito era devolver el poder de los partidos a la gente mediante la participación a través de Internet; hoy es un partido con toda la organización correspondiente.

En la última actualización de sus estatutos (diciembre de 2017) se estableció una jerarquía de órganos del partido, empezando por el jefe político, Luigi di Maio. El fundador y líder carismático, Beppe Grillo, parece cada vez menos dispuesto a dirigir el partido personalmente, pero se reserva un papel de garante. En la práctica, eso significa que tiene la última palabra sobre las decisiones importantes. Por ejemplo, puede invalidar de forma unilateral el resultado de cualquier votación interna, o puede prescindir del jefe político, y es prácticamente imposible recurrir la medida. Por otra parte, no interviene directamente en las decisiones cotidianas ni en la campaña electoral. Además, su blog personal, beppegrillo.it, que era motor y altavoz del movimiento, está hoy desvinculado de la página web del partido. Su sustituto es Rousseau, la plataforma digital para votaciones internas y la organización del partido, llamada en honor al filósofo francés defensor de la superioridad de la volonté générale del pueblo. Son cambios importantes, pero no extraños. El partido ha ido normalizando su organización desde 2013, y este es un paso más en esa dirección.

Si los sondeos aciertan, el 4 de marzo, el M5S será el partido más votado en Italia, pero lejos de una mayoría parlamentaria. Entonces surgirá un dilema (como en 2013). Formar un gobierno de coalición con alguno de los aborrecidos “viejos partidos” culminaría el proceso de normalización y seguramente decepcionaría a los partidarios acérrimos. Volver a ser oposición es menos peligroso a corto plazo, pero el coste es un callejón político sin salida que puede acabar siendo caldo de cultivo de las fuerzas populistas.

Filippo Tronconi es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Bolonia y autor del artículo ‘El Movimiento 5 Estrellas italiano durante la crisis, ¿Hacia la normalización?’ publicado en la revista South European Society and Politics, número 23, 2018.

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