Las condiciones de Netanyahu

Desde la guerra de los Seis Días, hace ya 42 años, ha habido un grupo reducido de personas en Israel, y no todas precisamente del bloque de la izquierda, que ha defendido la idea de la partición de la tierra en dos estados como solución necesaria para resolver el conflicto árabe-israelí. Esta idea, en cambio, fue rechazada tajantemente por la mayoría de los israelíes y de los palestinos. Y durante años los israelíes se decían ingenuamente: “¿Quiénes son los palestinos para merecer un Estado?”, y por su parte los palestinos pensaban: “Los judíos son en realidad una comunidad religiosa dispersa por el mundo, ¿por qué han de tener un Estado propio?”.

Mucho tiempo tuvo que pasar para que la idea de la partición en dos estados, la única solución realista, ética y políticamente sensata, empezase a calar en los distintos sectores políticos tanto israelíes como palestinos.

Es cierto que un reconocimiento verbal sin más no ibaa crear un Estado palestino y que a menudo se producían hechos sobre el terreno que no hacían sino complicar aún más las cosas, pero en el lenguaje de la calle ya era cada vez más normal, tanto entre palestinos como israelíes, que se hablase de “la visión de dos estados”, y los que defendían esa visión conseguían apoyo y prestigio en el ámbito internacional.

Tras Peres, Rabin y Baraq en el Partido Laborista, se oyeron las primeras voces a favor dentro del Likud: Tzipi Livni, Olmert y Sharon, y ahora desde el mismo corazón de la derecha surge la voz de Netanyahu. Desde luego, más vale tarde que nunca. Todos sabemos que habrá muchas piedras en el camino, y entre las condiciones previas que fijó Netanyahu en su discurso en la Universidad de Bar Ilán para establecer un Estado palestino, hay algunas que son absolutamente necesarias, pero otras están de más y lo que hacen es complicar aún más la situación.

La condición de que el futuro estado palestino tenga que estar desmilitarizado de armamento pesado es una exigencia obligatoria y justificada. Cualquiera que mire el mapa de Oriente Medio lo comprendería. También Egipto tuvo que acatar esa misma condición y desmilitarizar la península del Sinaí, y esa es una de las razones de que la paz entre ambos estados haya sido estable. Además, esta exigencia no es ninguna novedad; países como Alemania, Japón o Austria llevan décadas con restricciones sobre la cantidad de armamento que pueden poseer.

También la condición de impedir que los refugiados palestinos, ya sean procedentes de la Diáspora como de Cisjordania o Gaza, puedan regresar a territorios que actualmente están dentro de las fronteras de Israel es una condición razonable, lógica y justa. Pues ¿qué sentido tiene que vuelvan millones de refugiados palestinos a un país totalmente extraño para ellos en cuanto a los símbolos, la mentalidad y el carácter nacional de la mayoría de sus habitantes? ¿Para qué volver a unas casas que de hecho ya no existen? Además, estos refugiados pueden regresar a su patria, a Palestina, y estar así entre sus compatriotas, en un lugar con bandera palestina, bajo soberanía palestina, y a tan sólo 30 o 35 km de las casas y las tierras que abandonaron o de las que fueron expulsados hace más de 60 años.

Sin embargo, la condición que estableció Netanyahu por la que los palestinos debían reconocer la existencia de la nación judía y el derecho del pueblo judío a tener su Estado es totalmente innecesaria. Está de más el pedir a los palestinos que reconozcan algo así a un pueblo con una historia milenaria y cuyo Estado mantiene relaciones diplomáticas con más de ciento cincuenta países. Además, ni a Egipto ni a Jordania se les exigió algo parecido. Bastaría con que en el futuro acuerdo de paz se reconociese la legitimidad del estado de Israel, del mismo modo que nosotros reconoceríamos no al pueblo palestino sino a un estado palestino soberano con las fronteras del 67.

La cuestión de la identidad nacional judía resulta compleja incluso para los propios judíos y no está nada clara desde un punto de vista demográfico; también el hecho de que muchos judíos se consideren judíos sólo por el lado religioso, pero no como parte de una nación, hace aún más difícil la definición de pueblo judío.

Los palestinos se niegan a cumplir la exigencia de Netanyahu argumentando que con ello podrían complicar la situación de la minoría palestina en Israel, y ese ya es un buen motivo para descartar esa condición. Las relaciones entre la mayoría judía y la minoría palestina dentro de Israel son un asunto muy delicado que sólo nos atañe a nosotros y en el que no se debe inmiscuir a los palestinos no israelíes. Por más de 60 años, judíos y palestinos israelíes hemos convivido de modo relativamente digno en medio del infierno del terrorismo y la ocupación que nos rodeaba; y cuando llegue la paz esperamos que esa convivencia sea mejor ahondando en una ciudadanía común.

En las negociaciones para establecer un Estado palestino nos toparemos con muchos obstáculos; así que concentrémonos en lo importante: la desmilitarización, los asentamientos, las fronteras y los refugiados, y dejemos para más adelante cuestiones de tipo teológico e histórico.

Abraham Yehoshua, escritor israelí, impulsor del movimiento Paz Ahora. Traducción: Sonia de Pedro.