Las decisivas elecciones de Iraq

Los iraquíes acuden hoy a las urnas por segunda vez para elegir un nuevo Parlamento según su Constitución del 2006. Muchos politólogos consideran que las segundas elecciones generales, y no las primeras, son la puesta a prueba más importante de una nueva democracia. En este caso, estas elecciones parecen presagiar malos tiempos por venir.

La situación de la seguridad en Iraq se ha deteriorado dramáticamente en los seis últimos meses. Aunque gran parte de la violencia ha sido aleatoria, destinada a blancos fáciles, como mercados y restaurantes, su naturaleza cambió el verano pasado. El 19 de agosto del 2009, sexto aniversario del atentado con bombas que mató al representante de la ONU en Bagdad, se produjeron una serie de ataques espectaculares. El blanco de aquellos atentados y otros posteriores fue el Estado iraquí y su infraestructura, incluidos los ministerios de Hacienda y Exteriores y oficinas judiciales y municipales. Además, como las tropas de Estados Unidos han dejado de ocupar posiciones prominentes, ha aumentado la violencia diaria.

También de mal presagio ha sido la prohibición de centenares de candidaturas por supuestas vinculaciones con el partido Baas, que indica una vuelta a la política sectaria y podría volver a encender una guerra civil. Entre aquellos cuyas candidaturas han sido prohibidas figuran el actual ministro de Defensa y varios diputados al Parlamento. El mensaje de los aliados de Irán en Iraq, que dominan el proceso de desbaasización, está claro. Mientras algunos chiíes que fueron aliados destacados del régimen baasista ocupan cargos de gran influencia en el nuevo Iraq, los suníes nunca sabrán hasta cuándo quedarán excluidos de dicho proceso.

Así pues, algunos dirigentes suníes de Iraq podrían concluir que la oposición armada permanente es su única estrategia viable. No por ello podrían derribar el nuevo régimen, pero sí podrán desestabilizar Iraq a largo plazo, con la esperanza de forzar una solución negociada de sus reivindicaciones. Las nuevas minorías rectoras chiíes que dominan Iraq han emulado a sus aliados en Irán, creando un sistema que en la práctica elige F. AMIN RASOUL, ex representante permanente adjunto de Iraq ante la ONU del 2004 al 2007 y principal redactor de su Constitución provisional del 2004 cuáles de sus rivales pueden constituir una oposición legítima y cuáles no pueden participar en el proceso político.

La lucha de los kurdos iraquíes ha de resultar instructiva. Como ha observado el politólogo iraquí Ghassan Atiyyah, los kurdos, aun sin aliados regionales, han podido desestabilizar Iraq durante 80 años. ¿Cuánto más podrán los suníes hacerlo – se ha preguntado-,al contar con el apoyo de la mayoría de las potencias regionales, incluidas Arabia Saudí, Siria y posiblemente Turquía?

Dejando de lado la política, no se deben subestimar los daños a largo plazo a las instituciones legales de Iraq causados por esas maniobras. Tras publicarse la orden de desbaasización (por una comisión que en realidad no tiene miembro activo alguno), el Tribunal de Apelación iraquí la invalidó esencialmente. Entonces el primer ministro se reunió con el presidente del Supremo iraquí, tras lo cual se revocó la decisión judicial.

Habrá varias formas de calibrar el éxito relativo de las elecciones. La primera será el tiempo que tardarán los vencedores en formar un nuevo gobierno. Si, como ocurrió tras las últimas elecciones, pasan meses, será la confirmación de que las minorías políticas rectoras de Iraq seguirán subordinando las urgentísimas necesidades del país – en seguridad, electricidad, agua y servicios básicos-a su futuro político, mientras negocian los cargos. Una señal reveladora será si se nombra a tecnócratas competentes o, como pasó en el pasado, a politicastros de partido.

Otra señal será la de hasta qué punto la nueva dirección, que probablemente será la misma en gran medida que la actual, tiende la mano a los verdaderos dirigentes suníes. Hacerlo podría significar una retirada de la prohibición de candidaturas anterior a las elecciones y demostraría una madurez entre las minorías dirigentes chiíes que hasta ahora no han mostrado.

La reacción de los perdedores será decisiva, incluidos no sólo aquellos cuyas candidaturas fueron prohibidas, sino también otros. Por ejemplo, es probable que el actual primer ministro no pueda formar un nuevo gobierno. Incluso los principales partidos kurdos afrontan la amenaza de un partido independiente, Goran, y podrían perder votos a favor de este. Si esos perdedores se lanzan a la lucha postelectoral para desplazar a sus rivales, pese a los escaños que hayan obtenido legítimamente, será una indicación muy ilustrativa sobre el futuro.

Ahora, de las nuevas minorías políticas rectoras depende, como siempre, que Iraq logre la estabilidad o se vea desgarrado una vez más por la violencia sectaria. Si el pasado es un indicio de su futura actuación, hay motivos para sentir honda preocupación.

Feisal Amin Rasoul © Project Syndicate, 2010. Traducción: Carlos Manzano