Las declaraciones de impuestos de Trump lo muestran como un terrible empresario o un estafador. Quizá ambos

El expresidente estadounidense Richard Nixon dijo la famosa frase “la gente tiene que saber si su presidente es un estafador o no. Bueno, yo no soy un estafador”. Ese comentario no se trataba sobre Watergate, sino sobre algún asunto raro en sus declaraciones de impuestos. Bajo presión pública, Nixon al final publicó esas declaraciones, revelando un importante pago insuficiente en sus impuestos. Eso motivó la creación de una nueva norma para la divulgación de impuestos, al menos parcial, que todos sus sucesores cumplieron.

Hasta el actual presidente, Donald Trump, claro.

Y la razón podría ser evidente ahora. El escandaloso reportaje del 27 de septiembre realizado por The New York Times —basado en la revisión de miles de registros fiscales personales y comerciales— sugiere que Trump, al igual que su deshonrado predecesor Nixon, participó en una gran cantidad de actividades financieras que también parecen ser estafas.

Según el informe, Trump pagó solo 750 dólares en impuestos federales sobre la renta en 2016 y 2017, y nada en absoluto en 10 de los 15 años anteriores.

¿Recuerdan cuándo Mitt Romney fue grabado condenando a los “parásitos” de Estados Unidos, ese 47% que no paga impuestos sobre la renta? Resulta que estaba hablando sobre Trump.

Trump no reclamó ninguna obligación tributaria durante tantos años porque, según los documentos revisados por el Times, sufrió sorprendentes pérdidas crónicas. La magnitud de estas pérdidas sugiere que Trump ha sido un empresario absolutamente incompetente o ha estado engañando al Tío Sam.

Lo más probable es que sea ambos.

Alan Garten, abogado de la Organización Trump, dijo que el informe del Times era inexacto y que Trump había pagado “decenas de millones de dólares en impuestos personales al gobierno federal”, una afirmación que parece confundir los pagos del impuesto sobre la renta con otros tipos de impuestos (como los del Seguro Social). Por su parte, Trump ha argumentado en el pasado que eludir sus obligaciones fiscales lo convertía en una persona “inteligente”. Trump sugirió que solo se había aprovechado de las lagunas legales, esas que están disponibles para los estadounidenses adinerados que pueden costear asesoramiento de preparación de impuestos de primer nivel. Y como ya he escrito antes, la industria inmobiliaria disfruta de un montón de lagunas y otras oportunidades para minimizar legalmente las obligaciones fiscales, sobre todo a través de deducciones por depreciación. Pero según el Times, los “tres campos de golf europeos, el hotel Washington, Doral y Trump Corporation informaron haber perdido un total de 150.3 millones de dólares entre 2010 y 2018, sin incluir la depreciación como gasto”.

En otras palabras: fueron pozos de dinero sin fondo.

Además, los periodistas del Times Russ Buettner, Susanne Craig y Mike McIntire incluyeron detalles de prácticas fiscales que fueron, en el mejor de los casos, extraordinariamente agresivas y, en el peor, un posible fraude a gran escala.

Estos incluyen deducciones en gastos de estilo de vida, como el costo de cortes de cabello, como si fueran gastos comerciales. O al parecer haberle pagado a Ivanka Trump honorarios de consultoría por los mismos acuerdos hoteleros que ayudó a gestionar como parte de su trabajo en la compañía de su padre, un arreglo que puede haber sido una manera de transferir activos sin pagar impuestos de regalía.

O, transformar 2.2 millones de dólares en impuestos a la propiedad como un supuesto gasto comercial en una propiedad de inversión que parece ser en realidad una residencia vacacional. Según el Times:

Los registros fiscales revelan otra forma en la que Seven Springs ha generado importantes ahorros fiscales. En 2014, Trump clasificó el patrimonio como una propiedad de inversión, en vez de una residencia personal. Desde entonces, ha transformado 2.2 millones de dólares en impuestos a la propiedad como un gasto comercial, incluso cuando su ley tributaria de 2017 permitía a las personas cancelar solo 10,000 dólares al año en impuestos a la propiedad.
Los tribunales han sostenido que para tratar a las residencias como negocios para efectos fiscales, los propietarios deben demostrar que tienen “un objetivo real y honesto de obtener ganancias”, por lo general haciendo esfuerzos para alquilar la propiedad y eventualmente generar ingresos.
Ya sea que Seven Springs se ajuste o no a esos criterios, los Trump han descrito la propiedad de manera un poco diferente.
En 2014, Eric Trump le dijo a Forbes que “en realidad este es nuestro complejo”. Durante su crianza, él y su hermano Donald Jr. pasaron muchos veranos allí, montando vehículos todoterreno y pescando en un lago cercano. En algún momento, los hermanos se instalaron en una de las casas antiguas de la propiedad. “Fue nuestra base de operaciones durante mucho, mucho tiempo”, le dijo Eric a Forbes.

Ahora bien, no está claro si a los votantes les importará que, después de todo este tiempo, Trump aparentemente haya pagado menos en impuestos que el típico maestro, mesera, vendedor de tienda o cualquier otra persona que generalmente era considerado un “parásito” o “embaucador”. Los seguidores de Trump parecen dispuestos a perdonar casi cualquier cosa. Además, este tema de los impuestos podría parecer demasiado arcano como para que el público general se preocupe, en especial si los votantes creen el giro que le da Trump de que lo que hizo fue una elusión “inteligente” de impuestos en vez de una evasión fiscal ilegal.

Sin embargo, vale la pena considerar algunos otros puntos.

Incluso Trump se unió a Romney alguna vez para antagonizar y demonizar a los estadounidenses que no contribuían adecuadamente a las arcas del Tesoro:

Y cuando se les pregunta qué es lo que realmente les molesta del sistema tributario, las principales quejas de los estadounidenses no son que los pobres eludan la responsabilidad, o que el código tributario sea demasiado complicado, o incluso que sus propias facturas tributarias sean demasiado grandes. Lo que les molesta es que las corporaciones y los ricos no estén pagando su “parte justa”, legalmente o de otra manera.

Consideremos la factura de impuestos de Trump en otro contexto: Trump gastó 87 veces más en supuestamente pagar por el silencio de su amante estrella del porno de lo que pagó en impuestos federales sobre la renta en 2016 y 2017, combinados. Esos impuestos financian nuestras fuerzas armadas, carreteras, sistemas de atención médica, etc. Es difícil imaginar que estas cifras sean aceptables para la mayoría de los estadounidenses.

Cualquiera que sea la óptica que cubra la justicia, la razón por la que el público debería preocuparse más, como he argumentado durante mucho tiempo, involucra conflictos de intereses. Es muy probable que estos enredos financieros —de quién está obteniendo dinero el presidente, a quién le debe dinero y en qué términos— estén influyendo en la política del poder Ejecutivo, presumiblemente manipulándola a favor de acreedores y amigotes, y en contra del bienestar público.

El reportaje del Times documenta los conflictos de intereses hasta el último detalle. Informes anteriores ya lo habían revelado, pero no con cifras en dólares tan precisas. Hordas de personas y corporaciones han comprado acceso al presidente patrocinando propiedades de Trump, como Mar-a-Lago (su club social de Palm Beach) o Trump National Doral (un complejo de golf cerca de Miami):

Las ganancias en Mar-a-Lago aumentaron de manera drástica luego de que Trump declarara su candidatura, ya que los cortesanos que se unían ansiosamente aumentaron diez veces su monto de tarifa de inscripción: de 664,000 dólares en 2014 a poco menos de seis millones de dólares en 2016, incluso antes de que Trump duplicara el costo de la inscripción en enero de 2017.
Los registros fiscales muestran que algunos de los pagos más sustanciosos de grupos empresariales para eventos o conferencias en Mar-a-Lago y otras propiedades de Trump se han producido desde que Trump asumió la presidencia.
En Doral, Trump recaudó un total de al menos siete millones de dólares en 2015 y 2016 de Bank of America, y al menos 1.2 millones de dólares en 2017 y 2018 de una asociación comercial que representa minoristas y mayoristas de alimentos. La Cámara de Comercio de Estados Unidos le pagó a Doral al menos 406,599 dólares en 2018.

Entre los que compraron acceso, y presumiblemente esperan obtener favores, se encuentran ejecutivos, cabilderos y ciudadanos extranjeros. No está claro exactamente en qué medida su patrocinio a las empresas de Trump podrían haber influenciado la política, aunque ha habido muchas pistas.

Además, el Times reporta que Trump es personalmente responsable de varios préstamos y otras deudas que llegan a los 421 millones de dólares, la mayoría de las cuales vencen en menos de cuatro años. Si Trump estuviera todavía en la Casa Blanca durante ese tiempo, eso crearía algunos malos incentivos (lamentablemente, el artículo no proporciona detalles sobre la identidad de esos prestamistas; esperemos que en el futuro haya más información). Asimismo, una auditoría del Servicio de Impuestos Internos sobre la legitimidad de un reintegro de impuestos de 72.9 millones de dólares que recibió hace una década ha tomado un tiempo inusualmente largo en resolverse, lo que podría indicar que se ha estancado o puesto en pausa mientras Trump permanece en la presidencia. El Times estima que un fallo en su contra podría costarle más de 100 millones de dólares, incluyendo intereses y posibles multas.

Uno podría preguntarse de forma razonable por qué Trump, quien parece tuitear, ver televisión y jugar golf más de lo que ejerce sus deberes como presidente, querría un segundo mandato. Bueno, además de su deseo de finalmente construir su muro fronterizo o continuar eludiendo posibles acusaciones, ahora sabemos que Trump tiene una motivación valorada en 500 millones de dólares para permanecer en el cargo cuatro años más.

Como bien aconsejó Nixon hace décadas, los estadounidenses tienen derecho a saber si su presidente es un estafador. Como muestran las declaraciones de impuestos de Trump, los estadounidenses deberían saber si su presidente está gobernando en interés del pueblo o en el suyo propio.

Catherine Rampell is an opinion columnist at The Washington Post. She frequently covers economics, public policy, politics and culture, with a special emphasis on data-driven journalism. Before joining The Post, she wrote about economics and theater for the New York Times.

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