Las diez plagas de Egipto

Caída del consumo. Reducción del número de turistas. Retirada de dinero de los bancos. Fuga de empresas. Desplome de los pedidos. Impacto negativo en el empleo el mes pasado. Parece que estén cayendo sobre Catalunya las diez plagas de Egipto. A ellas se une ahora el boicot a los productos catalanes, muy activo en las redes sociales, y el castizo «no vayas de vacaciones a Catalunya». ¿A quién perjudica realmente este instrumento de presión?

Para analizarlo, hemos descompuesto dos cadenas de valor. La primera corresponde al sector del automóvil que supone el 19% de las exportaciones españolas, y experimenta un crecimiento del 34% en los últimos cinco años. Cualquier vehículo que se fabrica en España requiere materias primas, piezas, componentes, equipos y módulos de la estructura, la propulsión, la tracción y guiado, las ruedas, los interiores, la gestión y la alimentación eléctrica. Una vez fabricado el vehículo, los concesionarios, los talleres y los servicios posventa lo acercan a los clientes.

La segunda cadena de valor estudiada atañe a la leche, cuya producción es deficitaria. Componen esta cadena un grupo nada desdeñable de proveedores:

–De producción en las explotaciones; piensos y alimentación; inseminación, servicios sanitarios; cultivos; instalaciones; herramientas y aperos.
–De logística de recogida.
–De transformación industrial, pasteurización, esterilización,, refrigeración, envasado
–De logística de distribución, plataforma, almacenamiento, importación-exportación, transporte a tienda o a canal Horeca.

A todo ello hay que añadir los centros de innovación, las asesorías, las comercializadoras, los gobiernos que crean las normativas, los lobbys nacionales e internacionales diseminados por el territorio español y europeo.

En la cadena de valor del automóvil hemos detectado en la fase productiva 40 localizaciones –poblaciones y regiones españolas y europeas distintas-, y en la de la leche, 25 puntos geográficos por los que atraviesan los distintos componentes y servicios hasta que alcanzan el producto final. En la fase comercializadora se unen los miles de puntos de venta presenciales y virtuales de cada uno de los dos productos.

De este modo, en el mundo tan global como el del club económico de la Unión Europea y más allá de ella, no deja de ser irónico que quien boicotea airadamente un producto catalán acabe perdiendo en la otra punta de España su puesto de trabajo sin enterarse del motivo; y viceversa.

El otro día en Extremadura comprobé cómo anda lo del boicot a los productos catalanes en España. Hablábamos, cómo no ante un catalán estos días en España, de la situación y de todo eso. Alguien comentó que era justificable el boicot a los productos catalanes como la reacción más adecuada frente al intento de los independentistas de separarse de España. Otro le cortó taxativamente: «boicoteadlos todos, menos el cerdo extremeño».  Otro añadió: «Todos, menos el tomate»… Resulta ingenuo pensar que la marca España se mantendrá o mejorará vendiendo menos productos catalanes o retirándolos de los lineales. Las interrelaciones en las cadenas de valor indican que cualquier región española tiene tanto que perder en este momento como Catalunya.

En una  sociedad democrática y en una economía de libre mercado, como la zona donde vivimos, ideas y productos reciben adhesiones o rechazos por la consistencia de sus valores y componentes. Usted piensa de una manera o prefiere un vino. Consume, se adhiere a algo y no por ello va a asociarse para hundir las ideas ni los productos que no le gustan. Debatirá, se adherirá, pero no deseará el mal o la muerte del prójimo, máxime cuando forma parte del mismo entorno económico. La Unión Europea se ha convertido en un caso de éxito de cooperación entre países y regiones por permitir un marco donde las ideas y los productos circulan libremente,  y que gane el mejor.

Además, al boicotear productos determinados puede ocurrir como con las diez plagas a las que nos referíamos. Moisés y Aarón, Éxodo dixit, le pidieron al faraón que dejara que lo judíos se marcharan de Egipto. Sangre. Ranas. Mosquitos. Peste. Úlceras. Granizo y fuego. Langostas. Tinieblas y oscuridad. Y muerte de los primogénitos. La situación llegó a ser tan desoladora tanto para los egipcios como para los judíos. Ya saben todo lo que ocurrió. Sun Tzu dixit: «Quien desea luchar debe primero saber el costo»

Josep-Francesc Valls, catedrático de ESADE Business School.

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