Las docentes como impulsoras del cambio ante las políticas educativas

Reforma educativa. Dos palabras que suelen ir juntas con demasiada frecuencia. Dos palabras que generan expectativa, debate, escepticismo, frustración. Pero más allá de las políticas educativas, la realidad de la escuela pasa por el compromiso diario y el esfuerzo del colectivo docente. Personas capaces de innovar y transformar la escuela, capaces de movilizar voluntades, allanar camino y convencer con hechos. Son ellas y ellos, y no las políticas educativas, el verdadero motor de la escuela del siglo XXI.

El pasado 29 de septiembre de 2015 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) presentó en Madrid su informe Política Educativa en Perspectiva 2015: hacer posibles las reformas, en el que se analizan 450 reformas educativas implementadas entre los años 2008 y 2014.

Se analizan reformas que han generado variaciones al alza o a la baja en los indicadores PISA, políticas que responden a distintas ideologías y contextos y que enfrentan una serie de retos más o menos comunes: el liderazgo docente, la formación del profesorado, la autonomía de los centros educativos, la cohesión y participación de los distintos actores educativos, la evaluación, las competencias del alumnado o el binomio equidad/calidad. (Andreas Schleicher, director de Educación y Habilidades de la OCDE, nos hablaba de todo esto precisamente en esta entrevista: https://youtu.be/DhdTzaqazwM)

Pero sobre todo hay una constante: no han sido convenientemente evaluadas porque no han tenido recorrido suficiente. Y por ello entre otros motivos no podemos identificar casos de éxito ni referencias claras. Insisto en el dato porque es revelador: nada menos que 450 reformas en apenas 8 años entre todos los países de la OCDE. No hay continuidad, la única constante es la reforma en sí misma.

Desde el punto de vista de la escuela, sería deseable que la administración pública ejerciera como impulsora de modelos de éxito y nunca como agente desactivador; que se promoviera un mayor liderazgo y autonomía; que se contara con las maestras, maestros y profesorado como diseñadores de políticas y no solo como meros implementadores. Sería deseable una mayor participación de los agentes educativos, incluyendo sobre todo a los propios alumnos y alumnas, en el proceso de reimaginar la escuela y sus porqués.. Y sobre todo dar estabilidad y tiempo para que las políticas educativas se asienten y ofrezcan resultados que puedan evaluarse, más allá de los indicadores de desarrollo económico.

Pero hay una realidad mucho más tangible y emocionante. Esa realidad que ocurre un martes cualquiera, en esa escuela que tenemos probablemente cerca de casa. Ese lugar mágico donde se reúnen niños, niñas y jóvenes para aprender, orientados por personas que dedican su vida a acompañarles en el proceso.

Suele haber una gran distancia entre las páginas de la ley educativa y lo que allí ocurre. Son escuelas que investigan, que innovan y permanecen despiertas para mejorar su práctica, que se hacen preguntas y no pierden de vista su propósito, que van por delante de las reformas educativas y generan tendencia. No son todas, pero existen estas personas que transforman la frustración o el escepticismo en energía positiva y ganas de cambiar y contagiar. A veces es una maestra aislada, otras veces un equipo alineado y en sintonía. Pero siempre son ellas (“ellos y ellas”, pero permitan que elija el femenino por ser mayoría entre el colectivo docente – un 70%) las verdaderas agentes de cambio.

Es cierto, falta mucho, pero el cambio está en marcha y es una tendencia imparable. No son las políticas educativas sino las maestras y maestros, desde la base, quienes están cambiando la escuela.

David Martín Díaz es Director de Educación y Jóvenes en Ashoka España (www.ashoka.es). Ashoka es la mayor red de emprendedores sociales del mundo y está trabajando para catalizar el cambio de paradigma educativo movilizando el ecosistema y reconociendo Escuelas Changemaker, centros educativos visionarios que están educando niños, niñas y jóvenes “agentes de cambio”.

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