Las dos Españas

Por Vicenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas de la UPF (EL PAÍS, 15/11/05):

Estamos hoy viendo campañas mediáticas en España que intentan movilizar a las poblaciones españolas y catalanas, enfrentándolas una contra otra, con fines electorales y partidistas. Las derechas, con el nacionalismo español, centralista y uniformizador que les caracteriza, están encabezando un movimiento catalanofóbico que encuentra su máxima expresión en la COPE, la emisora de la Iglesia española, que está incitando al conflicto civil entre dos partes de España. Junto a la COPE, está el partido nacionalista conservador, el Partido Popular, heredero del bando vencedor de la Guerra Civil (que se autodefinió entonces como “el bando nacional”), que está también intentando movilizar a la población española en contra de la voluntad de la gran mayoría de los representantes de la población en Cataluña. Otras instituciones conservadoras españolas como la Monarquía y el Ejército están también apoyando esta campaña, acentuando la necesidad de mantener “la unidad de España”, como si tal unidad estuviera amenazada por las propuestas surgidas de la mayoría del Parlament de Catalunya.

En Cataluña, las fuerzas nacionalistas catalanas conservadoras también se están movilizando en la promoción de su ideario, continuando así la labor realizada durante los últimos 23 años, en los que dominaron la cultura político-mediática del país a través de los medios públicos de información de la Generalitat (la televisión y la radio pública catalanas). Instrumentalizaron dichos medios, saturándolos con profesionales próximos a su ideario nacionalista, los cuales continúan teniendo gran influencia en tales medios, defendiendo ahora su permanencia en ellos alegando, paradójicamente, la necesidad de que tales medios de información y persuasión sean independientes del poder político. Un ejemplo, entre muchos otros, de esta movilización en los medios públicos de la Generalitat fue el programa de debate Àgora, dirigido por Ramon Rovira (que fue director de informativos de la televisión catalana durante el Gobierno nacionalista conservador), que hace unas semanas (10 de octubre) se centró en el análisis de cómo España (definida en la promoción de tal programa como “Madrid”) respondía al Estatut propuesto por el Parlamento catalán. Mientras que los periodistas catalanes invitados al programa eran Enric Sopena, de la COM, y Josep Maria Brunet, de La Vanguardia, los que representaban a los medios de información españoles fueron, sin embargo, el director de los servicios informativos de la COPE, Ignacio Villa, y otra periodista de ultraderecha de Telemadrid, Encarnación Curry Valenzuela. Estos dos últimos, con sus declaraciones incendiarias, movilizaron a grandes sectores de la audiencia telespectadora que enviaron una avalancha de mensajes de protesta en contra de España, identificando ésta con la COPE. Hubiera sido más justo y menos inflamatorio que se hubiera invitado como representantes de los medios de información no catalanes a profesionales como, por ejemplo, Iñaki Gabilondo, que hubiera presentado otra visión muy distinta, de clara simpatía hacia el Estatuto de Cataluña. Fue el periodista de la COPE, sin embargo, el que se presentó, siendo ésta la emisora más citada por los nacionalistas catalanes, asumiendo erróneamente que son las únicas voces que se oyen en España. Este supuesto ha motivado que varios articulistas nacionalistas catalanes hayan criticado en ocasiones a los articulistas e intelectuales españoles, no sólo por no haber defendido a Cataluña ante este ataque de catalanofobia, sino incluso por no hablar a favor de que se discuta tal proyecto de Estatut en las Cortes, acusación que traduce no sólo en malicia, sino también ignorancia. En realidad, hoy en el resto de España existen muchas voces y fuerzas políticas (amplios sectores del PSOE y la gran mayoría de Izquierda Unida) que están defendiendo el derecho de que se debata el Estatut en las Cortes Españolas, además de apoyar gran número de sus propuestas, realidad ignorada en la mayoría de los medios públicos de información y persuasión de Cataluña, donde las voces de izquierda -tanto catalanas como españolas- continúan siendo claramente minoritarias.

Desde Getafe, Madrid, hasta Andalucía, pasando por muchas partes del territorio español, hay hoy un debate sobre la definición de España en la que amplios sectores de las izquierdas están intentando recuperar una visión plurinacional y popular de España, distinta y opuesta a la visión dominante de la España centralizadora y asfixiante de la diversidad. Aparecen así, de nuevo, las dos Españas que se había asumido erróneamente (por muchos autores como Santos Juliá, el fallecido Javier Tusell y otros) que habían desaparecido a partir de la mal llamada Reconciliación Nacional. Ésta había reproducido la visión de España del bando vencedor de la Guerra Civil que ahora amplios sectores de las izquierdas españolas están cuestionando. De ahí que varias voces del nacionalismo español centralista, como el dirigente del Partido Popular Josep Piqué, se hayan lamentado de que los vencidos en aquel conflicto no hayan aceptado todavía el resultado de la Guerra Civil, quejándose de que deseen conseguir ahora lo que no consiguieron entonces. Piqué se equivoca porque los republicanos españoles lo consiguieron, ya que la España plurinacional, existente durante la República, fue derrotada no en las urnas, sino por un golpe militar del cual las fuerzas conservadoras españolas se beneficiaron y continúan beneficiándose. La cuestión es, pues, no la unidad de España, sino la redefinición que los nacionalismos españoles y catalanes están dificultando. Hoy, Cataluña, Galicia y el País Vasco son naciones donde la mayoría del electorado es de izquierdas (aunque el País Vasco continúa gobernado por un Gobierno tripartito con mayoría de derechas), y lo mismo ocurre en España. Sería un enorme error que sectores de las izquierdas españolas continuaran aferrados a esta visión centralista de España dividiendo a sus clases populares. La necesaria solidaridad entre las clases populares de las distintas naciones y los pueblos de España puede realizarse dentro de una España plurinacional, recuperando el proyecto que se inició durante la II República y que el fascismo interrumpió.