Las dos reacciones contra la globalización

Daily life In multicultural Birmingham.
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Cuando dej√© la India para estudiar un posgrado en los Estados Unidos en 1975, nadie usaba la palabra ‚Äúglobalizaci√≥n‚ÄĚ. En ese entonces cruzar fronteras era un gran tema y obtener una visa estadounidense no era f√°cil. Cuando llegu√© a Estados Unidos, ser de la India todav√≠a ten√≠a un aire ex√≥tico y poco familiar.

Hoy la globalizaci√≥n es ineludible. En menos de tres d√©cadas, las barreras aduaneras se derrumbaron y la combinaci√≥n de viajes a√©reos baratos, televisi√≥n por sat√©lite y la Internet ha creado un tipo de ‚Äúaldea global‚ÄĚ interconectada. Pero hoy dos tipos de reacci√≥n est√°n planteando dudas sobre su futuro.

La crisis econ√≥mica de 2008 parece haber sido el punto de inflexi√≥n en la percepci√≥n p√ļblica. En los a√Īos que llevaron a la crisis, millones de personas salieron de la pobreza y la democracia se volvi√≥ m√°s prevalente que nunca, creando la sensaci√≥n general de que hab√≠a comenzado una edad de oro. Francis Fukuyama¬†se√Īal√≥ que en la gran lucha global por el futuro de la organizaci√≥n econ√≥mica y pol√≠tica, las fuerzas de la democracia y el capitalismo liberal hab√≠an ganado definitivamente.

Luego lleg√≥ la crisis y la arrogancia de esa √©poca se desacredit√≥ r√°pidamente. La gente comenz√≥ a observar una clara disparidad, que no hac√≠a m√°s que profundizarse, entre los ganadores y los perdedores de la globalizaci√≥n, con un d√©bil aumento de los salarios frente a s√≥lidas utilidades para los ricos. Por ejemplo, en el Reino Unido los sueldos han crecido solo un 13% desde 2008, pero la bolsa de valores lo ha hecho un 115%. Seg√ļn un informe anual de Credit Suisse, la desigualdad del ingreso hoy aumenta fuertemente en 35 de 46 econom√≠as importantes, en comparaci√≥n con apenas 12 antes de 2007.

En el mundo desarrollado, los pobres y desempleados comenzaron a sentir que no tenían parte en el sistema globalizado, y condenaron el sistema político por impulsar medidas que enviaban sus trabajos a tierras distantes como China e India, y exigieron el regreso del viejo orden económico, y con ello la promesa de que cada generación ganaría más y viviría mejor que la que le precedía.

Pero la reacción contra la globalización económica es solo la mitad de la historia. También ha habido una contra la globalización cultural (que abarca el cosmopolitismo, el multiculturalismo y el secularismo), reacción impulsada por quienes buscan los refugios de la identidad nacional, étnica o religiosa tradicional.

Un buen ejemplo de esta reacci√≥n centrada en la identidad es el Presidente de EE.UU., Donald Trump. Cuyo eslogan ‚ÄúMake America Great Again‚ÄĚ (Hagamos grande a Estados Unidos otra vez) en realidad ‚ÄúHagamos blanco a Estados Unidos otra vez‚ÄĚ, mensaje que atrajo a los votantes obreros desempleados, amargados y cada vez m√°s xen√≥fobos que componen el n√ļcleo de la base de apoyo de Trump. Pero los Estados Unidos que propone no van a volver: para 2030, la mayor√≠a de la fuerza de trabajo estadounidense no ser√° blanca.

Si bien se suele ver a Trump como un fen√≥meno espec√≠ficamente estadounidense, en realidad es solo una parte de una revuelta m√°s amplia de nacionalistas y tradicionalistas contra la elite globalista y cosmopolita, en el nombre de una identidad con m√°s ra√≠ces religiosas y culturales. El Primer Ministro h√ļngaro Viktor Orb√°n, el Presidente turco Recep Tayyip Erdogan y, a su propio modo, el Primer Ministro indio Narendra Modi est√°n todos capitalizando esta tendencia. Hasta en lugares donde los partidos de extrema derecha, xen√≥fobos y nacionalistas no han ganado poder, sus representantes han avanzado mucho, como Alternative f√ľr Deutschland en las √ļltimas elecciones federales alemanas.

Sin embargo, el resentimiento hacia las llamadas elites que ha sido aprovechado por estos líderes también se puede ver a la izquierda. Considérese el movimiento Occupy Wall Street en los Estados Unidos, compuesto por gente joven que decía representar el 99% de las personas que quedaron excluidas mientras el 1% seguía prosperando. La insurgencia del Partido Demócrata, liderada por el Senador Bernie Sanders, se opuso a Clinton por la misma razón que sus contrapartes de derecha: con sus bien pagados discursos en Goldman Sachs, se la veía como una representante de la elite global vinculada a Wall Street.

Un sentimiento similar de rechazo a las elites, alimentado en parte por el rechazo de la clase obrera al cosmopolitismo y la desigualdad social, apuntaló el voto del Reino Unido de salir de la Unión Europea. Hoy existen en el mundo 1800 multimillonarios, 70 de los cuales viven en la rica y cosmopolita Londres, cuyos residentes se opusieron abrumadoramente al Brexit. Pero la oposición a la UE se asentaba en asuntos más fundamentales de nacionalismo e identidad, como el desagrado de los ciudadanos por las grandes cantidades de inmigrantes de habla distinta a la inglesa procedentes de otros países miembros.

Las reacciones econ√≥mica y cultural contra la globalizaci√≥n no siempre se superponen. Mientras Erdogan y Modi, como Xi Jinping en China, prometen la reafirmaci√≥n nacional, siguen siendo globalizadores econ√≥micos: el ‚ÄúHombre de Davos‚ÄĚ que ha llegado a representar la elite global. Pero el espectro actual de incertidumbre econ√≥mica est√° reforzando su nativismo y chovinismo, justo cuando en Occidente est√°n al alza tendencias similares.

Consideradas en conjunto, los dos tipos de reacción contra la globalización explican por qué han surgido barreras proteccionistas al libre flujo de bienes, capital y mano de obra, incluso en países occidentales desarrollados que por tanto tiempo habían promovido una mayor apertura. Las cifras hablan por sí solas. En 2007, los flujos de capitales alcanzaron un récord de $12,4 billones, o un 21% de la economía global. Para 2016 el total anual se había desplomado a $4,3 billones, o un 6% de la economía global, menos que en 1980. La globalización ha retrocedido décadas, con el crecimiento económico total superando el crecimiento del comercio mundial de menos de un 2,5%.

Sin embargo, si bien la globalización no es perfecta, ha sacado a millones de la pobreza en países en desarrollo como China e India, ha creado nuevos mercados para bienes producidos en países pobres y ha reducido los precios para los consumidores de países ricos. Es necesario resistir a las reacciones económica y cultural, al tiempo que la promesa de una integración global se hace realidad para todos.

Shashi Tharoor, a former UN under-secretary-general and former Indian Minister of State for Human Resource Development and Minister of State for External Affairs, is currently an MP for the Indian National Congress and Chairman of the Parliamentary Standing Committee on External Affairs. He is the author of Pax Indica: India and the World of the 21st Century. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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