Las elecciones europeas, esenciales

Ventiladas las elecciones regionales en Galicia, hora es de ir hablando de las inminentes elecciones europeas, a nuestro juicio, las más importantes del 2024 para el futuro de los ciudadanos españoles (salvo que se adelantaran las generales, muy poco probable). De hecho, los resultados del sufragio galaico refuerzan nuestra personal opinión sobre la relevancia de las elecciones en la Unión Europea para el futuro de España.

Consideramos que los dos grandes mensajes que se derivan de los resultados de Galicia son, uno, que este PP, el PP “Feijoano”, ha ganado sin ambages avalando potentemente la estrategia y la visión de España del señor Feijoo. Y dos, que la otra gran ganadora de los comicios ha sido, sin duda alguna, la dinámica desbocada hacia una España plurinacional desguazada, insolidaria e injusta, lo que prueba la “explosión” de un partido separatista y anti español ¡en Galicia! Recordemos, para basarnos en hechos, que el BNG abogaba en campaña por la erradicación del español en Galicia y la sustracción de la región de la tutela del Tribunal Constitucional, manifestándose del brazo de Bildu y de ERC. Pero recordemos también que los votos han respaldado la política del PP de arrinconamiento del español en Galicia o de banalización de “Junts” y de los indultos, entre otras “tolerancias amables” de la España plurinacional desigualitaria… Es por lo tanto razonable decir que se ha evitado un panorama aún peor de la situación política española, pero que los problemas estructurales y fundamentales de la democracia española, que le impiden consolidarse como un conjunto de ciudadanos libres, iguales y solidarios, además de prósperos, siguen intactos, o aun reforzados.

Si resumiéramos sumarísimamente esos problemas nos atreveríamos a decir que son tres: 1/ La transformación de España en una confederación asimétrica inconstitucional con sus destructivas consecuencias para la ciudadanía (pérdida de mercado interior, de la “Koine”, de la seguridad jurídica, de un proyecto común integrado, etc…) 2/ Destrucción de los valores de igualdad y solidaridad en la convivencia de la “demos”. La desigualdad inevitablemente creciente creando el horror antidemocrático de ciudadanos de distinta categoría con distintos derechos. Y 3/ que todo ello se está haciendo burlando las leyes y destrozando las instituciones democráticas y el Estado de Derecho.

Bueno, pues, ¿nos puede ayudar algo la UE (o incluso “Europa” si tenemos en cuenta el Consejo de Europa y su Comisión de Venecia) para combatir nuestros males torales? Aunque estamos convencidos que sí, conviene tener presente con mesura lo que puede hacer “Europa” y no dejarse llevar por euforias y entusiasmos levantados por frivolidades de los “mass media” que tenemos. La UE, como toda Institución democrática y defensora activa de los valores democráticos es, en su esencia, un conjunto de Leyes y procedimientos. La misión primera de la Comisión Europea es la defensa de los Tratados, y a través de ellos, de los derechos fundamentales de los ciudadanos y para hacerlo tiene unos procedimientos muy tasados que siempre pueden, y muchas veces deben, ser sometidos a la Justicia Europea a través del Tribunal de Justicia de la UE (en Luxemburgo).

Este Tribunal tiene la misión exclusiva de dictar que se cumple la legislación europea, el acervo comunitario, los reglamentos y directivas vigentes. La Comisión también debe velar por el cumplimiento de sus normas… y debe proteger sus recursos económicos y su “hacienda” del mal uso, de la malversación y afines. Para ello dispone del uso de medidas sancionadoras, sobre todo económicas, llegando al extremo políticas, siempre recurribles ante el citado Tribunal por el Estado sancionado. Hay que rememorar, además, que la UE no tiene jurisdicción en varias áreas o sub áreas como la gestión de la Educación, la Defensa Nacional, etc… Es frecuente en el Parlamento y en la recientemente muy de moda Comisión de Peticiones que ante una iniciativa se plantee una cuestión previa a los servicios jurídicos para asegurarse que el tema de la iniciativa entra dentro de los temas que los Tratados no consideran exclusivamente nacionales.

¿Y el Parlamento qué rol puede tener? Aparte de aprobar o rechazar las normas que le propone la Comisión en multitud de temas, y negociar con Comisión y Consejo Europeo (los Estados miembros) la redacción final de las normas, produce declaraciones y propuestas de intervención o de iniciativa legislativa para la Comisión de marcado sentido político, mucho más que técnico, que tienen cada vez mayor influencia política en la labor legislativa de la Comisión. Ambos organismos son, por supuesto, una enorme caja de resonancia política y el mayor lobby político que los Estados no pueden ignorar, pudiendo “reconducir” desvaríos de los Estados por la simple presión, sin necesidad de recurrir a procedimientos sancionadores y judiciales.

Entonces ¿puede ayudarnos, en ese marco, “Europa”, a combatir nuestros males existenciales y anti democráticos? Sí, sin duda alguna, si logramos alertar y demostrar que el Gobierno de España atenta, o permite atentar contra los Tratados o contra los Derechos fundamentales ( por ejemplo políticas lingüísticas contra los derechos de la infancia), si permite la malversación impune de fondos europeos, si atenta contra la legislación comunitaria (libre circulación de las personas o libertad de establecimiento) o si atenta contra las Instituciones democráticas fundamentales (independencia del poder judicial, por ejemplo). Se iniciarían procesos largos, muy técnicos jurídicamente, con muchas zonas de grises y de resultados tal vez ambiguos. Pero eso ya será un logro y una gran ayuda porque el propio procedimiento, su inicio, supondrá poner el foco europeo en nuestras anomalías democráticas y una presión política importante sobre las destructivas políticas de Gobierno. Nadie dude que esas presiones políticas son efectivas, como se ha visto en los casos rumanos, húngaros o polacos. Y esas presiones políticas se inician en activismo parlamentario, que denuncie, involucre a la Comisión y desenmascare las prácticas antidemocráticas y lesivas para el interés general. Ahí empieza la potencial gran ayuda de la UE para combatir nuestras lacras antidemocráticas enemigas del bien común, las esenciales. Y todo puede depender de las elecciones Europaes, las esenciales.

Por Enrique Calvet Chambon, ex europarlamentario y Presidente de ULIS.

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