Las fuerzas de ocupación

Siguen siendo la mitad de los catalanes y si se acometiera la reforma pendiente de la ley que privilegia los caladeros de votos secesionistas, principalmente en Lérida y Gerona, serían muchos menos de la mitad. En 2017 eran dos millones y ahora 1.300.000. Pero el 14-F es otra fase del Programa 2000 que Jordi Pujol trazó hace treinta años para ocupar la ‘sociedad civil’. El objetivo: la infiltración nacionalista en todos los ámbitos. El marco: los ‘Países Catalanes’ con una Cataluña hegemónica; ‘nación europea emergente’, pero ‘discriminada’ al no poder desarrollar ‘libremente’ su potencial cultural y económico.

Ironías del destino. «Fuera las fuerzas de ocupación», he aquí una proclama típica en las manifestaciones de los setenta dirigida a la Policía Nacional y la Guardia Civil. La consigna remitía a un mito muy manoseado por el nacionalismo. La contienda del 36 -se decía ignorando a los catalanes que estuvieron en el bando franquista- fue contra Cataluña (como si el resto de España no hubiera padecido los desastres de la guerra).

Las fuerzas de ocupaciónEl Programa 2000 fomentaría ‘fiestas populares, tradiciones, costumbres y trasfondo mítico’. Encuadramiento educativo: apostolado docente del nacionalismo; control de los tribunales de oposición al funcionariado; cuerpo de inspección para vigilar la ‘catalanización’ de profesores y alumnado (hoy Plataforma por la Lengua); control de las asociaciones de padres (recordemos colaboración de escuelas e institutos en el 1-O).

Las organizaciones sindicales y empresariales estarían comprometidas con la construcción nacional; y los ‘criterios nacionales’ regirían la justicia y el orden público. Entre las ‘bravatas’ del exjuez Vidal, espigar letrados adictos para depurar ‘quintacolumnistas’; la Ley de Transitoriedad de septiembre de 2017 ilustrará esa abolición de la separación de poderes.

Tras el fiasco del ‘procés’ al que todas las fuerzas políticas, incluidas las independentistas, dan por finiquitado, llega el momento de cambiar la tempestad por la lluvia fina de la ocupación social: Esquerra lo etiqueta con el eufemismo de ‘ensanchar la base’.

La lluvia fina va a durar esta legislatura en la que no habrá DUI (Declaración Unilateral de Independencia) sino pactos de no agresión entre Esquerra y el gobierno Sánchez; victimismo y plantes al Estado a cargo de Junts y las CUP; y, eso sí, la ocupación de los objetivos pendientes.

Si Joan Canadell -tercero en las listas de Junts y posible sustituto de Laura Borràs si fuera inhabilitada- tomó en 2019 la Cámara de Comercio, en unas vidriosas elecciones telemáticas en las que la Fiscalía sostiene que se «anularon votos de forma arbitraria», el pasado diciembre, Joan Guàrdia, candidato favorito de la ANC, se hizo con el rectorado de la Universidad de Barcelona.

El 23-F -¡menuda fecha!- la candidatura Eines de País que promueve la ANC abordará la presidencia de la Pimec, la patronal de la pequeña y mediana empresa. El objetivo del candidato secesionista, Pere Barrios: convencer al gobierno de la Generalitat para que la Pimec sea la única patronal catalana y condenar al ostracismo institucional al poco manejable Fomento del Trabajo.

No es extraño que Antoni Cañete, candidato de la junta que presidió 23 años Josep González, acuse a Barrios de pervertir la organización empresarial catalana: «Hablar de una sola patronal me recuerda a otros tiempos, a los del sindicato vertical». A nosotros también: tiene mucho del corporativismo mussoliniano que inspiró el ‘verticato’ franquista.

Y de la patronal a los sindicatos. Después de hacer el paripé a la ANC y Òmnium en la efímera Taula per la Democràcia (2017), Javier Pacheco (CC.OO.) y Camil Ros (UGT) se hicieron la foto con Marcel Mauri (Òmnium) y el vicepresidente de la ANC Josep Cruanyes (el de los Papeles de Salamanca).

El invento para poner lazo amarillo al sindicalismo se bautizó como ‘Espacio Democracia y Convivencia’. El 15 de abril de 2018 los sindicatos se manifestaron por los políticos presos y esos ‘exiliados’ que insultan la memoria de los republicanos de 1939.

No era la primera vez: en 2014, los líderes de UGT Josep Maria Álvarez y Joan Carles Gallego -secretario general de CC.OO. y número 2 de los comunes- ya se habían hecho la foto, cual guardia de corps, con la fallecida Muriel Casals, presidenta a la sazón del burgués Òmnium Cultural.

La mansedumbre ante la entidad nacionalista se escenificó ante las Tres Chimeneas del Paralelo, donde arrancó en 1919 la huelga de La Canadiense en la que la CNT consiguió la jornada de ocho horas: ¡Si Ángel Pestaña y el Noi del Sucre levantaran la cabeza! Aquella foto, advirtió Javier Pérez Andújar en un memorable artículo (‘Ser español es de pobres’, El País, 28 de abril de 2014), exteriorizaba «plásticamente el paso de sindicatos de clase a no se sabe qué clase de sindicatos». Unos sindicatos que ven, nerviosos, cómo la separatista Intersindical CSC del exconvicto Carles Sastre -asesinato de Bultó, banda terrorista EPOCA- organiza huelgas políticas, alguna de la mano del sindicato docente Ustec.

Y el deporte. El fracaso de las selecciones catalanas pasó el testigo secesionista al F. C. Barcelona. El club que Núñez preservó del pujolismo se hizo independentista con Laporta, Rosell y ahora, Bartomeu. Este último, acusado de tibio por permitir que el Barça jugara a puerta cerrada el 1-O, se quiso hacer perdonar dejando que la ANC repartiera ‘esteladas’ y pancartas en el Camp Nou; Gerard Piqué ha trazado con el místico Guardiola o Xavi -ese admirador de Catar- una topografía con Madrid en el centro de todos los males.

Tal promiscuidad entre política y deporte -propia de sociedades totalitarias- explica que Sandro Rosell atribuya su arbitraria condena a su presidencia del Barça y haber cedido el Camp Nou para el ‘Concierto de la Libertad’ de Òmnium y ANC en junio de 2013. El próximo 7 de marzo, Laporta podría retornar a la tribuna con su independentismo ‘sin complejos’.

Nuestro recorrido, como el de Larra de 1836 en el cementerio civil donde yace la esperanza, proseguiría por los colegios profesionales, las asociaciones de vecinos… pero excedería los límites de esta Tercera.

Tras el golpe de Companys el 6 de octubre de 1934, Agustí Calvet, ‘Gaziel’, aludió a una ‘Cataluña enferma’ con un símil propio de estos tiempos pandémicos. El único método de sanación social no podía ser otro que «las autovacunas, buscando en el propio organismo catalán y extrayendo meticulosamente de sus propias entrañas las antitoxinas capaces de renovarlo».

Con el paisaje que deja el 14-F parece que antes se conseguirá el antídoto para el Covid-19 que una solución al virus corporativista que amenaza la pluralidad social catalana.

Las fuerzas de ocupación siguen alcanzando posiciones. Ensanchar la base, dicen.

Sergi Doria es periodista y escritor

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