Las garantías del proceso

Por Txarli Prieto, secretario general del PSE-EE ÁLAVA (EL CORREO DIGITAL, 23/07/06):

Con frecuencia, los mejores deseos de poner fin al terrorismo de ETA se mezclan con las incertidumbres que el propio proceso acarrea. Muchos ciudadanos bien intencionados y demócratas por convicción temen que este proceso tenga un precio político, temen que por efectuar un revisionismo de la historia se inviertan los papeles, temen que se termine equivocando quién es víctima y quién es verdugo, temen que el proceso se haga a sus espaldas, sin control y sin garantías democráticas.

Un proceso que se radia, televisa y escribe todos los días, es un proceso que inevitablemente genera confusiones y a través de ellas diferencias de criterio y crispaciones. Sin embargo, cada día ni podemos ni debemos responder. El proceso necesita calma, necesita tranquilidad, necesita confiar en los valores y virtudes que representa José Luis Rodríguez Zapatero, en su capacidad demostrada de cumplir con sus compromisos, de cumplir con su palabra. Un proceso que conlleva el diálogo del Gobierno con ETA, con una organización terrorista, no es un proceso de escaparate, ni abierto al público, y razonablemente, estos condicionantes pueden crear preocupación.

Un proceso donde el principal partido de la oposición, el PP, niega la capacidad de representación del Estado al presidente del Gobierno de estar mezclado con ETA, de parecernos a Hitler y a Franco, de bailar sobre la tumba de los muertos asesinados por ETA, es un proceso muy difícil de seguir y de interpretar.

Un proceso en el que la opinión publicada mezcla el desarme de ETA con la política penitenciaria, la reinserción, la legalización de la izquierda abertzale, la territorialidad del País Vasco, el ámbito de decisión versión nacionalista, el futuro del Estatuto de Autonomía, o el modelo de relaciones con el Estado, es un proceso tan complejo de gestionar para los representantes políticos y para los representantes institucionales, que uno puede hacerse cargo de la complejidad que supone para el conjunto de la ciudadanía.

Este proceso toca ideas y sentimientos. Si en las ideas el consenso cuesta, en los sentimientos resulta imposible. En este proceso el denominador común de los demócratas convencidos, de los progresistas, de los amantes de la libertad, no puede ser otro que el de impulsar y arropar a su gobierno legitimo y democrático para que nunca se produzca una nueva víctima. Este préstamo de confianza que deberá ser devuelto al final del proceso resulta imprescindible para alcanzar el resultado que conviene a la democracia

En este proceso quienes desde el acompañamiento crítico o desde cualquier otra fórmula tan noble como esa piden garantías, hacen bien en pedirlas, porque se comportan como ciudadanos comprometidos con su país, con los valores democráticos, y con la corresponsabilidad de cuanto nos suceda. Sabiendo que el proceso será discreto por necesidad, y sus resultados un final no sujeto a modificaciones, ¿quién da garantías?, ¿cuáles son esas garantías? El ciudadano debe saber y debe asumir que las garantías sobre la transparencia final, el resultado democrático y el logro de los objetivos, se los da él a sí mismo con su voto. Que esto no es simple retórica, se puede ilustrar recordando cómo con su voto el ciudadano hizo que un gobierno llegara hasta el 14 de marzo del 2004 y que otro le sucediera a partir de ese día. Esta posibilidad se repetirá en el 2008 y entonces se volverá a sancionar a los gobernantes y a sus políticas. Hasta entonces y más allá de los resultados del proceso, a los socialistas se nos piden más pronunciamientos, se nos solicita que aclaremos más los términos políticos en los que nos estamos moviendo. A todos ellos, a todas ellas, quiero decirles que los socialistas sólo nos estamos moviendo y sólo nos vamos a mover en las siguientes coordenadas:

– En el diálogo y en los acuerdos políticos, sólo cabe lo que cabe en el Estado de Derecho, en la Constitución y en el Estatuto de Autonomía.

– El final del terrorismo de ETA, ni tiene premio para sus componentes, ni paga precio político a sus apoyos.

– El diálogo con ETA contemplará políticas penitenciarias, de inserción en la vida social, lo que se define como políticas humanitarias. Nada más.

– La legalización de la izquierda abertzale se realizará cuando ellos decidan integrarse, adaptarse al actual Estado de Derecho. El Estado de Derecho no se modificará para adaptarse a ellos.

– El diálogo político entre los partidos políticos democráticos sólo abarca a los partidos democráticos, a los que lo son con las actuales leyes y a los que lo quieran ser con estas leyes.

– La política de gobierno, la legislativa, la parlamentaria, en democracia se hace en las urnas y en las instituciones. Nadie está legitimado para hacerla al margen de ellas y a nadie legitimaremos en este sentido.

– La gobernabilidad en las instituciones, en las que participe el Partido Socialista, se hará sin la izquierda abertzale.

– La política socialista en el País Vasco se seguirá rigiendo por el modelo político que nace en la Constitución y se desarrolla en el Estatuto de Autonomía.

– Las víctimas tendrán siempre nuestro reconocimiento, nuestra solidaridad y nuestra protección.

– Los verdugos se podrán reinsertar cuando acepten la democracia y cuando cumplan sus deudas con la justicia. Para los socialistas los verdugos siempre serán los verdugos.

Estas diez expresiones no son las únicas diez garantías que los socialistas comprometemos, pero sí son las más relevantes. Son las que forman parte de nuestra trayectoria, de nuestra historia, de nuestros acuerdos congresuales.

Nadie está facultado para hacer o repartir certificados de buen o mal demócrata. Los socialistas tampoco. Los socialistas lo que sí podemos recordar es que venimos defendiendo las libertades, la democracia desde el siglo XIX. Si todos los demócratas de hoy lo hubieran sido ayer seguramente España se habría ahorrado cuarenta años de dictadura.Tómese esto último como una garantía más del socialismo con la vida y la libertad.