Las hermosas ciudades libres y el emirato costero

El Mediterráneo es un mar que tiene ciudades espléndidas como perlas en un collar. Hay muchas, siempre a prudente distancia de la costa. Sin embargo Gaza no es una de las grandes ciudades libres y ricas del Mare Nostrum. La ciudad y puerto de Gaza son antiguas, casi están ahí desde los albores de las primeras civilizaciones. Ciudad y puerto ya existían antes de que el volcán Tera hiciera saltar por los aires la civilización micénica. Por su dilatada vida, Gaza se construyó y se destruyó varias veces, como también Jerusalén. Uno de sus más crueles captores fue Alejandro. La pulverizó hasta no dejar sino los cimientos y masacró a su población. Pero demos una oportunidad a los experimentos mentales. Si se pudiera pensar Gaza, de nuevo y sin historia, podríamos separarla de ese destino. ¿Sería posible pensar en Gaza como compañera, por ejemplo, de Mónaco? ¿Por qué no? ¿Qué las distingue?

Poca cosa: un clima un tanto más caluroso, pero la misma buena costa, anchurosas playas y suaves vientos. Son lugares donde la naturaleza se deja ajardinar y responde a los cuidados. ¿Por qué en una está instalado uno de los grandes casinos mundiales, los Grimaldi llevan en ella una vida regalada, vive en la abundancia y en la otra reina el horror sin paliativos? ¿Hay algo de absolutamente necesario en ello?

Las hermosas ciudades libres y el emirato costeroRecorrer Palestina de norte a sur y de este a oeste es una buena cosa. Siempre que te dejen, claro. Resulta rápido. Hay, eso sí, que pasar sucesivos y enojosos controles. Lo cierto es que el territorio es tan exiguo que, con suerte, se puede hacer casi en un día. De modo que vas viendo las zonas israelitas y las palestinas. La diferencia puede ser bastante fuerte. Pero cuando preguntas por Gaza hasta los más templados de los representantes europeos dictaminan: no es exactamente lo que el resto de los territorios palestinos. Es otra cosa. Les cambia hasta la voz. «Gaza es un emirato», dicen. Si se piden mayores precisiones comparece el desánimo.

Cuando escuchamos en las noticias que Israel es atacado, Líbano siempre es una opción, pero lo más probable y seguro es que el ataque venga de Gaza. Allí anida algo. Está siempre agazapada. La propia ciudad infunde temor, es desasosegante. Un lugar inhabitable donde se aprietan casi medio millón de personas. Gobernado por Hamas, una vez que, no precisamente por medios pacíficos, expulsó a Al Fatah de su margen de influencia. Gaza es su feudo. Allí todo ha de llegar de fuera, desde al agua, la luz, los alimentos, los suministros básicos. No produce, no bulle, no vive en todo lo que vivir contiene de alegría. Supura.

Por eso yo diría que montar una rave justo al lado de la frontera con Gaza no es una buena idea. Se llame como se llame la disculpa para montarla, sea la paz o la desertificación. Sábado 7 de octubre del 23, final de la Fiesta de las Cabañuelas, Sucot, hay una rave convocada a tiro de piedra. Una por la paz y el entendimiento, dicen. Nada ortodoxa y no muy exitosa, añado. La preside una descomunal estatua de Buda. Esa precisa mañana Hamas revienta la cadena de bloqueo por varios lugares. Enfrente tiene algunos kibutz y la rave. Su plan, obviamente, es algo más ambicioso. Conviene que nos preguntemos qué quería Hamas que ocurriera. También, aunque no tan decisivo, por qué sus principales dirigentes están fuera y medio mundo hemos podido ver cómo contemplan los hechos y el resultado por televisión. Los de Hamas entran en todoterrenos, saltan desde parapentes, corren, avanzan, se emboscan. A su alrededor asesinan a quienes encuentran y también toman rehenes. Esto último indica que tienen un tiempo tasado para la vuelta a sus bases.

En su victorioso retorno se permiten, si no es que lo propician, ser filmados en las actitudes más bárbaras. Todo el planeta ha podido ver a los secuestradores celebrando la razia. Imagino que es conocido el vídeo atroz de esa muchacha exhibida como trofeo: lo que parece ser su cuerpo semidesnudo paseado en una furgoneta abierta, bajo los pies de sus captores, en una postura diría que incompatible con la vida. ¿Para qué? ¿Acaso no han calculado la respuesta? Sería de extrañar. ¿Cuál es la ganancia de mostrar barbarie? Lo mejor es pensar que actúan sólo para su propia parroquia. Una gente, la que los apoya en Palestina, que en absoluto es la mayoría. Casi nunca me he encontrado allá a nadie que, palestino, esté de acuerdo con Hamas, les eche de menos o quiera vivir con ellos. Hamas presiona a la población palestina por encima del límite de lo tolerable. Son actores de la tragedia pero nadie piensa que sean parte de la solución. No lo son. Tan sólo sobreviven si la escalada sigue abierta.

Lo que viene quedando claro es que a los protagonistas algo les urge y también que han visto la oportunidad. Me parece que el progresivo acercamiento entre saudíes e israelíes no les conviene y tampoco les gusta. Eso les urge y su calendario puede tener ese origen. También que están aprovechando la debilidad gubernamental de Israel en estos últimos meses. Pero dos preguntas se siguen resistiendo ¿Cómo es que Israel, mejor dicho, que al Gobierno de Netanyahu se le han pasado los preparativos de esta acción? Han tenido que ser largos y complejos. La lluvia de cohetes lanzada desde Gaza en dos días no se improvisa. ¿Acaso no tuvo indicios de lo que se estaba preparando dada su magnitud? Segunda, que es la fundamental, qui prodest? ¿A quién aprovecha? Hamas es el protagonista, pero hay más actores.

¿Qué tiene que ver la violenta y enorme entrada de Hamas en Israel con las condiciones actuales de Irán? Por ejemplo. El asunto iraní es lo que más alarga su sombra. Está claro que, en estos momentos, el Gobierno de los ayatolás se siente poco capaz de controlar a su propia población. El cambio social del que forma parte la rebelión de las mujeres es un hecho para el que no tienen más respuesta que asesinatos policiales. Los Premios Nobel a sus disidentes es de suponer que les molestan más de lo que intentan aparentar. Pero hay un motivo todavía mayor para agitar las aguas: Irán tiene a escasas semanas la obligación de dar cuenta internacional de su programa nuclear. Si las condiciones de la zona se vuelven imposibles ¿quién va a recordárselo? La mejor solución a dos problemas complicados, a veces, es fabricar un tercero. Todo puede haber contribuido a la elección de fechas. Por eso es diferente y se necesita saber qué espera cada quien, porque puede que no sea lo mismo. Quienes secuestran rehenes tienen un plan. Los que cubren la maniobra quizá tengan otro. Mantener la vista sobre los ayatolás es imprescindible. ¿Qué esperan que suceda? En todo caso pueden ganar tiempo. ¿Se conforman con escurrir de momento el bulto?

Habría que cambiar el compás y osar imaginar un futuro radicalmente distinto. Hay cosas que no pueden volver a pasar. La experiencia de estas décadas es que cada negociación ha caminado siempre hacia el rearme y el fracaso. Cuando y al contrario, Gaza necesita un auténtico plan internacional que garantice la vida buena de sus habitantes. Ninguna comunidad humana tiene vocación de absceso. Puesto que está siendo destruida es de cajón que tenga que ser rehecha. Y ahí el cómo y el para qué son cruciales.

Rehacer una ciudad desde sus cimientos y orientarla a nuevos fines necesita un par de cosas, diseño claro y abundantes recursos. Los segundos hay un actor que los posee. Es una buena ocasión para Arabia, que le permitiría demostrar su efectivo cambio de rumbo, el entrar en la planificación de una nueva Gaza en esa franja costera tan apetecible. Pues puede ser complicado rehacer Gaza, pero es hacedero a cierto costo. En el grave tema del dinero los saudíes no tienen demasiados problemas y, además, pueden obtener ventajas.

La orientación es, sin embargo, el problema. Hay que cambiar el rumbo. Romper la dinámica suicida. Reconstruir para cambiar. Todo ello debería hacerse bajo la égida y vigilancia de una comisión internacional suficientemente prestigiosa. Un manos a la obra colectivo. Hacer de la ciudad el emporio que puede llegar a ser.

Amelia Valcárcel es catedrática de Filosofía Moral y Política en la UNED y ex miembro del Consejo de Estado.

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