Las ideas de Sarkozy vencieron a los tópicos ideales de Ségolène

Por Zoé Valdés, escritora cubana en el exilio. Ha publicado recientemente Bailar con la vida, editorial Planeta (EL MUNDO, 16/05/07):

La pregunta se la seguirán haciendo aún cientos de personas que acaban de votar en Francia a favor de Ségolène Royal, la primera mujer candidata a la Presidencia de la República. La socialista ha perdido, aunque ha alcanzado un porcentaje de votos muy superior al que obtuvo su corregionario de partido Lionel Jospin en los anteriores comicios, celebrados en 2002, quien ni siquiera logró pasar a la segunda vuelta electoral.

Sin embargo, la enorme alharaca mediática que durante meses se ha armado en torno a esta mujer socialista había llegado a hacer creer en amplios sectores que sería ella, y no Sarkozy, la futura inquilina del Elíseo, y que, además, ella lograría salvar a la izquierda y al PSF de su profunda crisis de valores. Pero no ha sido así. Y me atrevo a concluir que no, precisamente, por la manipulación sexista que trato de establecer la candidata desde el inicio de la campaña.

Cada vez que un periodista le hacía una pregunta compleja o incómoda, su respuesta invariablemente era la misma: «Usted me hace esta pregunta porque soy una mujer». No imagino a ningún hombre respondiendo de la misma manera. Como mujer que soy, siento hartazgo de que tantas mujeres usen esta condición y no sus ideas para escalar en puestos claves sociales y políticos. También mujeres, enormemente inteligentes, magníficas profesionales y absolutos animales políticos, han sido Michelle Alliot-Marie, ministra de la Defensa en el Gobierno de Jacques Chirac, y las portavoces del equipo de Nicolas Sarkozy, Rachida Dati, de origen árabe, y Rama Yade, de origen senegalés, ambas nacidas y criadas en los suburbios parisinos, obreros. Sus nombres suenan ahora para formar parte del Gobierno que formará el nuevo presidente.

En cambio -qué curioso-, los medios franceses, en general muy inclinados a la defensa de Ségòlene Royal y a vertir críticas extremas a su contrincante, se han ocupado muy poco del trabajo de estas mujeres en la vida política del país, y en la acción que efectuaron para movilizar a tantos franceses a las urnas. ¿Será porque como integrantes que son de un partido de derecha no tienen derecho a que se les reconozca su valor como políticas?

Por el contrario, en la campaña de Royal han brillado las mujeres por su ausencia; la candidata se ha hecho acompañar en todo momento por los viejos y gastados dinosaurios del socialismo francés, hombres todos. Y junto a la falta de mujeres, lo que es mucho peor, han faltado las ideas.

El equipo de Sarkozy, de la UMP, diseñó un programa contundente para sacar a Francia de su inmovilismo social, político y económico. El partido está compuesto por veteranos y experimentados líderes, pero también por mucha gente joven, hombres y mujeres de una gran capacidad profesional. La trayectoria de los miembros del partido es sencillamente impresionante, igual que la transparencia que está caracterizando a la formación. Sarkozy presentó un proyecto con peso específico, de ideas claras, que, por lo mismo, podían resultar en algunos casos incluso impopulares, aunque necesarias. La candidata socialista, en cambio, ofreció a los electores una vez más un programa de sesgo ideológico. Entre las ideas y los ideales, ganaron las primeras.

El Partido Socialista, a través de varias organizaciones, ha invertido durante la campaña una suma económica desenfrenada en confeccionar pegatinas en contra de Sarkozy. De buenas a primeras, querían hacer creer a la opinión pública que éste era peor que Le Pen. Burdamente, trataron de diabolizar al candidato de la derecha, pero no lo consiguieron. El nivel de asquerosidad con que fue ridiculizado -llegándole a colocar bigotitos a lo Hitler en carteles y fotos- se volvió en contra de sus autores.

La gente está cansada de la manipulación y de las mentiras de la izquierda, que sigue actuando como si tuviera el monopolio de la solidaridad, de los actos de buena fe; como si sólo de ella dependiera el bien de la Humanidad, apertrechándose del dinero que no le corresponde, del dinero de los obreros y de los contribuyentes para efectuar sus obras caritativas.

¿Por qué ha ganado Sarkozy y no Ségolène? Porque, además de todo lo dicho, mientras él estuvo respetuoso, claro, calmado, en el debate televisado en el final de la camapaña, ella estuvo lamentablemente agresiva, confusa y a la ofensiva, como si para ganar unas presidenciales bastara con atacar y aplastar al contrario. Mal consejo le dieron los dinosaurios del PS. Mientras él siempre ha reconocido su respeto por su contrincante, ella en todo momento ha evadido reconocer los valores de su opositor.

Durante la campaña, pero incluso desde mucho antes, los medios no cesaron de hablar mal y criticar la vida sentimental del candidato de la UMP. De las infidelidades de François Hollande y de Ségòlene Royal no se dijo ni pío, pese a que muchos ya estaban al corriente. En breve saldrá un libro titulado La mujer fatal, donde dos periodistas del diario Le Monde revelan estos temas de la pareja socialista. Hollande y Royal se han apresurado en atacar a las periodistas Raphaëlle Bacqué y Ariane Chemin. ¿No es esto un atentado a la libertad de expresión? En el caso de que hubieran sido Cecilia y Sarkozy los que estuvieran en su lugar, seguro que el asunto habría sido tratado con otro prisma.

Pero, insisto, la gente no es tonta. En el segundo debate televisivo entre los dos candidatos, Royal envió de manera subliminal una consigna a sus electores: en caso de que saliera elegido su contrincante, la gente se tiraría a las calles a destruir todo, cientos de descontentos se lanzarían a quemar coches y un nuevo Mayo del 68 tendría lugar, con ladrillos en las manos… En el momento de anunciar quién había sido el ganador, un cámara de televisión recogió las impresiones de los electores de Royal frente a la sede de su partido; una joven, con las lágrimas en los ojos, dijo: «Tengo miedo, ahora la gente se lanzará a la calle». Cabía pensar que si ella había prestado su apoyo a Royal era, simplemente, porque tenía miedo de que no salir ésta elegida, hubiera disturbios en las calles de Francia.

Y, de hecho, es lo que ocurrió en La Bastilla esa misma noche y en las tres siguientes, y no sólo en los suburbios de París, sino también en los de otras ciudades en todo el país. Hasta el propio Hollande, secretario general del PS, tuvo que pedir que cesaran los ataques. ¿Por qué lo hizo? Seguramente, no por conciencia ciudadana, sino porque sabe que se acercan las elecciones legislativas, y que si se siguen incendiando coches, destruyendo comercios y apaleando, las perderán, igual que acaban de perder las presidenciales. Una vez más, lo que falta son las ideas.

Entre tanto, François Bayrou, más solo que nunca, ha creado el Movimiento Democrático. El mayor error de Royal fue invitarle a un debate público, con la intención de ganarse los votos de los electores del centro, antes del debate con su rival principal. Si en algo ha tenido razón Laurent Fabius, antiguo ministro de François Mitterand, ha sido en afirmar que los socialistas han perdido las elecciones porque no se puede confundir a los partidarios de la izquierda dando un giro monumental hacia los intereses centristas, que, como se ha comprobado, eran intereses más de centro derecha que de centro izquierda.

¿Por qué Sarkozy y no Ségolène? Porque el primero centró su discurso en las cuestiones que verdaderamente preocupaban a los ciudadanos, en temas internacionales, como la situación de Africa y la Francoafrique, de Chechenia o la masacre en Darfur; en el papel de la mujer en la sociedad, defendiéndola frente a los extremismos religiosos, con especial hincapié en la situación de Ingrid Betancourt, secuestrada en Colombia (en pocas ocasiones la candidata se refirió a estos problemas). Además, demostró solvencia al referirse al desempleo, a la seguridad, a la inmigración…

¿Y ahora qué? De momento, la izquierda deberá trabajar profundamente en su regeneración y reorganización, abandonar las rencillas y envidias personales, reconstruirse, renovarse. Ha de ofrecer ideas concretas a la gente, no sólo tópicos ideales. Porque los ciudadanos quieren, sencillamente, vivir mejor y gastar su dinero en las causas que ellos elijan, ser solidarios como ellos escojan serlo, y no como se lo impongan otros que, a la larga, tampoco son tan solidarios como parecen o quieren hacer creer.

Mucho se ha criticado estos días a Nicolás Sarkozy, que en breve será investido presidente, por los dos días que ha disfrutado de vacaciones, a bordo de un barco privado que le prestó un importante hombre de negocios y buen amigo suyo. A una pregunta por este asunto del presentador de un programa de televisión, Rachida Dati contestó: «Sarkozy no posee residencia secundaria como otros en Marruecos o en la campiña chic de Francia». Casi todo el mundo sabe quiénes son los que poseen residencias secundarias en estos sitios. A buen entendedor, pocas palabras, e ideas claras. Y eso es lo que entenderá en las legislativas la masa silenciosa de franceses que acaba de votar a su nuevo presidente.