Las migraciones, un desafío global

Por Luiz Inácio ‘Lula’ Da Silva, presidente de Brasil (EL PERIÓDICO, 05/11/06):

Acostumbramos a ver la globalización como algo impersonal, determinado por las fuerzas económicas y tecnológicas y muchas veces fuera de nuestro control. Pero ese fenómeno tiene una fase humana, que se refleja en el día a día de millones de personas que dejaron su tierra natal en busca de oportunidades: la inmigración internacional.
La magnitud de los flujos migratorios se expresa en números impresionantes. En los países de destino, los inmigrantes contribuyen de forma significativa al crecimiento eco- nómico. Según el Banco Mundial, contribuyen con unos 3.000 billones de dólares, o sea, una media del 7% del PIB de los países desarrollados. Los inmigrantes también son esenciales para la sostenibilidad del sistema de previsión social y del dinamismo económico en las sociedades envejecidas.
Los países en desarrollo se benefician de ese movimiento de personas. Remesas financieras de 180.000 millones de dólares al año favorecen directamente a millones de familiares en los países de origen de los inmigrantes. Esos recursos tienen un poderoso efecto macroeconómico, y representan muchas veces un ingreso superior a las inversiones directas extranjeras y a la ayuda oficial al desarrollo. Para algunos países más pobres, esas transferencias constituyen hoy la principal fuente de divisas extranjeras, alcanzando en algunos casos al 25% del PIB, lo que ha ayudado al esfuerzo de esos países para cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Sabemos, no obstante, que las causas principales de esa migración internacional son las desigualdades entre las naciones y la falta de oportunidades en los países en desarrollo. Como la propia globalización, las migraciones son un fenómeno complejo y controvertido, que genera efectos a veces contradictorios.
Por ello es importante el tratamiento integrado de sus múltiples dimensiones: promoción y protección de los derechos humanos y del trabajo de todos los inmigrantes, responsabilidad compartida entre los países de origen, tránsito y destino, así como el tratamiento de las causas de las migraciones, en sus vertientes económica, social y política.
La globalización derrumba barreras e ideas a priori, pero también puede atizarlos. Nuestro principal objetivo debe ser promover el respeto de los derechos humanos y del trabajo de los inmigrantes, estén o no documentados. El desafío colectivo es asegurar la aplicación de las leyes y compromisos internacionales que protegen los derechos fundamentales de los inmigrantes.

CUESTIONAMOS nociones simplistas que estimulan el retorno en masa de inmigrantes irregulares y rechazamos medidas unilaterales que apuntan a restringir la inmigración.
Creemos que un proceso de liberalización comercial equilibrado, que atienda a los intereses de los países más pobres tenderá, por sí mismo, a atenuar el fenómeno de la inmigración por motivos económicos y sociales. Por eso Brasil, junto con sus socios del G-20, ha defendido la apertura del sector agrícola de los países ricos y la eliminación de los subsidios y apoyos internos distorsionadores.
No deja de ser contradictorio, por otro lado, que los mismos países que defienden la liberalización de la mayoría de los sectores de servicios sean los que aumenten las restricciones al movimiento de los trabajadores inmigrantes que son una mano de obra indispensable en los países de destino.
Estoy convencido de que la Declaración de Salamanca, que adoptamos en el 2005, durante la 15ª Cumbre Iberoamericana, señala el camino a seguir. Tenemos el desafío de proponer políticas públicas de inmigración y desarrollo inspiradas en nuestra historia de intercambio de ideas y mestizaje de culturas.
La experiencia pionera que Brasil viene desarrollando con los brasileños de origen nissei, en Japón, puede servir de modelo. El programa ofrece servicios, cursos y oportunidades de negocio para que esos inmigrantes se capaciten y puedan abrir micro y pequeñas empresas competitivas cuando se produzca su retorno a Brasil.
Estamos dando una respuesta a uno de los principales desafíos de la inmigración: la tendencia en los países desarrollados de privilegiar cada vez más a trabajadores cualificados con el objetivo de deslocalizar fuerza de trabajo activa y bien formada de los países en desarrollo, donde son tan necesarios.

MÁS AÚN, con el objetivo de aumentar los efectos positivos de la inmigración para los países de origen, mi Gobierno viene desarrollando un programa para facilitar y abaratar el envío de remesas para familiares. Más del 80% de las transferencias se hacen a un coste de casi cero, por canales oficiales y contabilizados, con la ventaja adicional de favorecer la inclusión de ciudadanos en el sistema bancario,
Esas son algunas de las ideas y propuestas que Brasil defendió en el Diálogo de Alto Nivel sobre Inmigración y Desarrollo, en Nueva York, en septiembre. Queremos construir asociaciones y compartir las mejores prácticas. La institucionalización de un foro de diálogo sería una importante contribución para que, también en el campo de la inmigración internacional, caminemos en dirección hacia una gobernanza global.
Por medio de una política consistente y clara para las migraciones internacionales, tenemos la oportunidad de demostrar nuestro compromiso con otro tipo de globalización, centrada en los seres humanos y la solidaridad. La lucha por la justicia en el trato de los inmigrantes es parte de la lucha por un orden internacional más justo y por un desarrollo sostenible y equilibrado para todos.