Las nucleares españolas un lustro después de Fukushima

Cinco años después de Fukushima, las centrales nucleares españolas han llevado a cabo acciones encaminadas a garantizar la robustez de las instalaciones ante situaciones similares a las ocurridas en la central japonesa. Tras el accidente, todas las centrales nucleares de la Unión Europea se sometieron a las llamadas pruebas de estrés o de resistencia. Una vez finalizadas, los países de la UE acordaron elaborar un Plan de Acción Nacional para implementar mejoras y lecciones aprendidas. El Plan de Acción del Grupo de Reguladores Nucleares Europeo (Ensreg), emitido en julio de 2012, homogeneizaba las acciones que se debían adoptar. El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), el organismo regulador español, aprobó el Plan de Acción para España en 2012, revisado posteriormente en 2014.

Es importante destacar que, en España, las conclusiones de las pruebas de estrés mostraron las condiciones de seguridad en las que operan las instalaciones, la solidez de sus diseños y sus altos márgenes de seguridad. No se identificó ningún aspecto que supusiera una deficiencia relevante en la seguridad y que pudiera requerir la adopción de medidas urgentes. Los análisis y estudios realizados pusieron de manifiesto que existen márgenes que aseguran las condiciones de seguridad de las centrales más allá de los supuestos considerados en el diseño.

Aun así, las medidas post-Fukushima que se están adoptando en los distintos países con centrales nucleares, y que en España están prácticamente finalizadas en un 80 por ciento, incrementan aún más los márgenes de seguridad de las plantas. Una parte de estas medidas requeridas por el CSN a las centrales nucleares españolas fueron propuestas por los propios titulares de las instalaciones. Todas las centrales nucleares están comprometidas con su implantación. El calendario es muy exigente, y el esfuerzo técnico, organizativo y económico que comportan estas acciones es significativo. Para llevarlo a cabo, las instalaciones nucleares españolas cuentan con una tupida red de suministradores nacionales e internacionales con los que trabaja asiduamente y que le permiten cumplir con los compromisos adquiridos. Las acciones desarrolladas por las centrales españolas se han planificado en varias fases, en función de sus características técnicas y de los plazos necesarios para su implementación.

Existen, por un lado, las acciones y medidas de protección frente a fenómenos naturales extremos, como inundaciones y efectos sísmicos, que se encuentran completadas prácticamente en un cien por cien. Por otro lado, se han reforzado los sistemas de prevención y mitigación, mejorando los existentes y añadiendo equipos portátiles y sistemas de refrigeración adicionales, que puedan funcionar en caso de aislamiento eléctrico de las instalaciones. También se ha implementado un Centro común de Apoyo exterior en Emergencias (CAE) y está previsto un Centro de Apoyo para la Gestión de Emergencias en cada emplazamiento (CAGE). Muchas de estas acciones ya están completadas y otras se encuentran en fase final de implementación.

Un lustro después de Fukushima, podemos afirmar que las centrales nucleares están cumpliendo con lo establecido en el Plan de Acción Nacional. Esto ha permitido contar con un parque nuclear más modernizado y mejor preparado para responder a sucesos extremos, que cumple con los más estrictos niveles de seguridad nacionales e internacionales, y que constituye un importante activo, que aporta estabilidad al sistema eléctrico, competitividad y la no emisión de gases de efecto invernadero. Actualmente, la energía nuclear produce el 20 por ciento de la electricidad que consumimos.

Las mejoras e inversiones anuales llevadas a cabo en las instalaciones nucleares españolas refuerzan la garantía de su funcionamiento a largo plazo. El conjunto de los estudios, análisis y mejoras introducidos tras las lecciones aprendidas después de Japón, sumado a los programas de modernización y puesta al día de cada uno de los reactores, ofrece un horizonte muy apropiado para que puedan operar a largo plazo, tal y como se está haciendo en gran parte de los países con instalaciones nucleares. Actualmente, se sigue esta estrategia en países como Estados Unidos, Rusia, Holanda, Bélgica, Suecia o Suiza.

Los planes de desarrollo nuclear mundial previstos antes de Fukushima han continuado en marcha, a excepción de algunos países, como Alemania, donde tras Fukushima se decidió reducir el peso nuclear hasta su abandono en 2022. Según datos del Organismo Internacional de Energía Atómica de Naciones Unidas, hay 66 reactores en construcción en todo el mundo, que se suman a los 442 reactores en operación. Existen, al menos, un centenar de reactores más planificados. En la Unión Europea, 14 de los 28 estados miembros tienen centrales nucleares en operación, y hay cuatro unidades más en construcción. Hay un total de 131 reactores en funcionamiento, que producen una tercera parte del total de la electricidad que se consume en el conjunto de la UE. Estos datos reflejan la apuesta internacional por esta tecnología.

Antonio Cornadó, presidente del Foro de la Industria Nuclear Española.

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