Las nuevas clases sociales

Los acontecimiento vividos en las últimas semanas en la política española han dado como resultado un extraño espectáculo parecido a una tragedia griega. Pese a su carácter único, la caída del Gobierno de Mariano Rajoy forma parte de una nueva corriente predominante en la política de los paisajes occidentales, caracterizada por una cada vez mayor inestabilidad y teatralidad. Desde Donald Trump a Emmanuel Macron, pasado por Sebastian Kurz en Austria y el Movimiento 5 Estrellas en Italia, las victorias espectaculares de nuevos actores políticos (y la desaparición rápida de otros) muestran un cambio drástico que no se limita al fin del bipartidismo en España, sino que implica una redefinición electoral global en Occidente. En todos los países ha fracasado la asunción de que el debate entre izquierda y derecha supone la base del sistema de partidos; el resultado de dicho fracaso ha sido un paisaje político mucho más fluido e imprevisible.

Muchos observadores intentan dar con una explicación racional a dichos cataclismos políticos abordando la nueva problemática política desde un punto de vista ideológico o moral de “oferta”: sociedades abiertas vs. cerradas, populista vsmainstream, etcétera. En mi libro La Quadrature des Classes, propongo abordarlo desde una perspectiva de «demanda», y explico que nuestro nuevo universo político es el resultado de una serie de cambios sociológicos profundos en relación directa con la crisis de 2008. En este sentido, desde Estados Unidos a Polonia y desde Canadá hasta a España, se observa de forma mucho más clara cómo nuestro paisaje político lo definen cuatro nuevos grupos socioeconómicos (“clases”):

1.La clase creativa fue la primera en surgir a principios de la década de 2000 y es de carácter principalmente urbano. Los creativos forman parte de un movimiento que ha recolonizado los centros de las ciudades y se ha convertido en una nueva clase superior con códigos culturales y políticos propios. Contrariamente a la clase obrera (que produce bienes) o la clase de servicio (que vende servicios para la comunidad), los creativos producen ideas y conceptos que convierten en aplicaciones, programas informáticos, esquemas financieros, etcétera. Ellos han revolucionado la forma en que entendemos el trabajo, y su enfoque en la creatividad como valor intrínseco ha llevado a una revolución cultural que promueve el individualismo, la flexibilidad y la diversidad, no solo para el bienestar de la sociedad sino también para la creación de riqueza. Liberal en el sentido económico, la clase creativa inicialmente formó parte de las coaliciones de izquierda a comienzos del siglo XXI, pero las han ido abandonado en favor de una representación propia, con Emmanuel Macron en Francia o Ciudadanos en España. Su auge y asertividad la convierten en poderosa, pero también generan inquietudes y reacciones entre el resto de la población.

2. La clase media provincial o suburbana lidera una de estas reacciones. Aunque es fundamentalmente liberal en el ámbito económico, percibe el surgimiento de la clase creativa como una imposición de valores creativos-sociales a su universo de rutinas, viajes diarios y conformidad con el ideal de vida suburbana. Así, no se fían de los experimentos sociales promovidos por los centros urbanos, ya sean la promoción del matrimonio gay, las restricciones al uso de automóvil en los centros de las ciudades o la promoción de la transparencia como valor. Representan un posible aliado para los creativos en su esfuerzo por modernizar la economía, pero están fundamentalmente en desacuerdo con ellos en cuestiones culturales, en particular en lo que respecta a la inmigración. Esta clase media provincial representa el corazón electoral de partidos de centro derecha tradicional como el Partido Popular en España, pero también del Partido Nacionalista Vasco y, de manera más sorprendente, del separatismo catalán, donde la burguesía provincial ha encontrado en el nacionalismo regional una solución confortable a sus temores ante la globalización.

3. La clase obrera blanca o nueva minoría, que incluye a los productores de bienes tangibles y a la parte más vulnerable de la clase media, forma una tercera clase social y se caracteriza por su rebelión contra el sistema. Son las principales víctimas de la globalización y la apertura de las fronteras; abandonados en la última década del siglo XX y la primera del XXI por los partidos de izquierda tradicional, sus miembros quieren regresar a un tiempo idealizado en que la sociedad era mucho más homogénea y el Estado de Bienestar les garantizaba una vida digna. Supone el corazón del electorado de Marine Le Pen en Francia o de Alternativa por Alemania (AfD), tiene presencia preponderante en el Este de Europa y define una política nacional contra la inmigración y la Unión Europea.

4. Finalmente los millennials representan una clase también rebelde pero con distinta motivación. Hijos espirituales de la clase creativa, llevan sus ideas de liberalismo, colaboración y diversidad social a un nivel mucho más radical. Se trata de una clase con un alto nivel educativo cuyo ingreso en el mercado laboral coincidió con el inicio de la crisis, lo que provocó que sus miembros hayan encontrado muchas más dificultades para hallar su lugar en la sociedad. De esta forma, la mayoría de millennials está frustrada con su vida y con una sociedad que no ha satisfecho las expectativas que le había generado antes de la crisis. Forman parte del corazón histórico de las reivindicaciones de la nueva izquierda del sur de Europa, particularmente de Podemos en España.

Desde la crisis de los refugiados de 2015, que sirvió de catalizador para estas cuatro clases sociales, encontramos de forma sistemática a varias o a todas ellas en los distintos procesos electorales que se han ido dando en los países occidentales. Sin duda, la articulación de los valores de cada una de estas clases por parte de los distintos actores políticos definirá los posicionamientos electorales de las próximas campañas españolas. De esta forma, resultará primordial para cada actor político ser capaz de movilizar a su corazón electoral, pero también de formar coaliciones antes y después de las elecciones; dichos votos serán primordiales para definir quién gobernará España a partir de 2020.

Thibault Muzergues es director del Programa Europeo del International Republican Institute y autor de La Quadrature des Classes (Ed. Le Bord de l’Eau).

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