Las profecías que se cumplen

En 1977, en su libro Caníbales y Reyes, Marvin Harris profetizaba que en algún momento de su futuro próximo, las empresas perforarían mucho más hondo y profundo en busca de una energía cada vez más difícil de conseguir. En 1990 se lanzó masivamente la fractura hidráulica en pizarras embebecidas en petróleo, a grandes profundidades de la Tierra. Los pozos más tradicionales se están perforando hoy a un par de kilómetros bajo 3000 metros de agua en las costas de los continentes. Fue una buena profecía. ¿Cómo pudo hacerla? Marvin Harris denominaba «intensificación» al proceso social que no es más que la evolución no lineal de las civilizaciones y culturas.

En los sistemas con realimentación positiva, los extremos se amplifican hasta que los rompen. Marvin Harris señalaba la intensificación en los regadíos de Mesopotamia, Egipto, el Indo y el Ganges, China, Yucatán, el valle de México, y finalmente del sistema capitalista privado, como lo está hoy, de tierras donde expansionarse. Cualquier esfuerzo para incrementar la producción exige aumentar la energía -barata-, la energía que usa poca de ella misma para ser extraída, y de esa energía queda poca. El agua de los canales permite capturar la energía del sol mediante las plantas, pero cuando los canales se han llenado de barro, la energía de las plantas no es suficiente para liberarlos de él. Esto mismo está pasando en la cultura capitalista moderna: la energía que exige mucha energía para ser extraída (el fracking, o el refino de las arenas asfálticas de Alberta en Canadá) está paralizando el sistema redistributivo de los grandes bwanas: el sistema del paro y las pensiones de jubilación, que son hoy el equivalente de los grandes festines para el pueblo de los brahmanes en la India.

En el pasado la intensificación de las formas de captura de energía llevó al colapso de las culturas. Hoy conocemos la teoría. El primer paso para resolver un problema es reconocer que existe, y plantearlo adecuadamente. La negación de la existencia del problema es el método más seguro para conseguir que se convierta en irresoluble. En la India pre-budista, los pobres se hacían cada vez más miserables, puesto que la tierra estaba dando el máximo de rendimiento para una población que había crecido en número hasta el nivel de subsistencia: las doctrinas de Buda, y el jainismo se desarrollaron predicando la aceptación de la miseria y el premio en una vida tras la muerte: realmente en la aceptación social de la miseria.

Hoy se está predicando, en muchas partes, pero también en España, la doctrina de la aceptación de la pobreza, en forma de «aumento de productividad» (producir lo mismo cobrando la mitad), trabajos temporales o por horas, y reducción de las prestaciones en Educación, Sanidad, en infraestructuras (las calles de las ciudades están hoy llenas de baches). Lo que esta ocurriendo hoy son los primeros síntomas de la enfermedad, la primera palidez en la piel que señala la lepra.

La sociedad, y los gestores de esa sociedad que responden a los deseos de la misma, no se quieren dar cuenta de los síntomas, y probablemente, por falta de competencia, desconocen la existencia de la enfermedad, la existencia de las leyes de realimentación no lineales que rigen a las culturas humanas. Hay solución, pero es preciso aceptar el problema y ponerse a resolverlo. Mientras se mantenga que la crisis actual es una de las bajadas cíclicas seguidas de subidas, el problema se intensificará sin control.

Antonio Ruiz de Elvira es catedrático de Física en la Universidad de Alcalá de Henares.

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