Las pruebas de Polonia para la zona del euro

Los nuevos Estados de la Europa central y oriental que son miembros de la Unión Europea deben ingresar en la zona del euro como parte de sus acuerdos de adhesión, pero el de decidir cuándo adoptar el euro es un asunto objeto de un debate acalorado.

Lo que está en juego no es sólo un cálculo económico, sino también un juicio sobre las perspectivas de la propia moneda única. Para muchos, los beneficios de la pertenencia a la Unión han disminuido desde que se inició la crisis financiera y los candidatos al ingreso, como, por ejemplo, Polonia, pueden obtener la máxima ventaja de ello sólo si tienen claras las condiciones económicas que antes deben darse en sus países.

Los criterios oficiales para la entrada figuran en el Tratado de Maastrich de 1992, que establece objetivos relativos a la deuda estatal, los déficits presupuestarios, la inflación, los tipos de interés y los tipos de cambio, pero se ha demostrado que la simple consecución de dichos objetivos (o –peor aún– la proximidad a ella) en un momento determinado no es un fundamento suficiente para la adhesión. De hecho, la maleabilidad de los criterios de Maastricht ha causado muchos problemas de la zona del euro. Mientras las deudas de la zona del euro sigan aumentando y las economías que forman parte de ella divergiendo en lugar de converger, los países candidatos deben someterse también a pruebas de resistencia para ver si pueden soportar las perturbaciones externas y mantener a largo plazo el cumplimiento de los criterios para la adhesión.

Antes de que Polonia decida compartir la moneda con sus principales socios comerciales, debe examinar tres condiciones económicas fundamentales: su competitividad internacional, la flexibilidad de su mercado laboral y la solidez de su hacienda pública.

Los mercados de exportación de Polonia están aumentando constantemente, pero no porque el país comercie principalmente con otras dinámicas economías en ascenso ni porque exista una enorme demanda mundial de productos exclusivamente polacos. Al contrario: Polonia combina simplemente bajos costos (incluidos los salarios) con una producción de gran calidad. Por esa razón, a veces se la llama la “China de Europa”.

Pero la competitividad basada en el costo, en lugar de en el valor de la marca o la innovación, hace que la economía polaca sea vulnerable. Polonia carece de una competitividad profundamente asentada, como, por ejemplo, las de Alemania, los Países Bajos, Austria, Suecia o Suiza. Las exportaciones polacas se venden con nombres no polacos (italianos en el caso de los zapatos, por ejemplo, o ingleses en el de la ropa). Sus exportaciones de maquinaria forman parte de unas mayores redes multinacionales gestionadas por empresas alemanas, neerlandesas u otras empresas mundiales y, si el zloty se fortaleciera en gran medida, la ventaja de los costos de Polonia desaparecería.

Aunque las empresas polacas están esforzándose denodadamente para afianzar sus marcas en el extranjero, pueden necesitar decenios para conseguirlo. Entretanto, el país debe ser cauteloso a la hora de adherirse al mecanismo de tipos de cambio (MTC II): la estrecha franja dentro de la cual las monedas de los países candidatos deben funcionar durante al menos dos años antes de adoptar el euro. Hacerlo podría causar el fortalecimiento del zloty, como ocurrió con la corona eslovaca, y acabar con la ventaja competitiva de Polonia.

Otro importante aspecto de la competitividad de Polonia es su flexible mercado laboral. Uno de cada cuatro empleados no tiene un contrato fijo o es autónomo. Una cuarta parte del salario polaco típico comprende elementos variables, gracias a lo cual resulta fácil congelar o incluso reducir la remuneración en épocas de dificultades económicas. Eso quiere decir que las empresas pueden contratar a trabajadores con contratos a corto plazo cuando no están seguras de sus perspectivas de negocio; más en general, esa flexibilidad ayuda a la economía a resistir las perturbaciones externas.

Pero los mercados laborables flexibles tienen también desventajas. Las empresas no suelen invertir en el talento de los trabajadores ni impartir nuevas aptitudes y la calidad de las ya existentes puede resentirse de ello. A largo plazo, los mercados laborales flexibles aumentan también el desempleo estructural y alimentan el sector no estructurado de la economía.

Además, la escasez de viviendas de alquiler en Polonia limita la capacidad de los trabajadores para mudarse allí donde estén los puestos de trabajo. No cabe duda de que el mercado laboral de Polonia es más parecido al de España que al de Escandinavia, donde una generosa protección social permite una amplia capacitación de los empleados.

Por último, Polonia necesita una hacienda pública sólida, es decir, un margen fiscal para los estabilizadores automáticos durante las crisis económicas. Al ahorrar dinero para tiempos difíciles, el Gobierno puede aplicar medidas anticíclicas, sin por ello dejar de estabilizar la hacienda a lo largo de todo el ciclo económico.

Semejante política fue aplicada con éxito en 2009 y 2010, pero, cuando las condiciones económicas se deterioraron más adelante, el Gobierno careció de los fondos que necesitaba. Una hacienda pública sólida requiere no sólo una deuda pública escasa, sino también una política presupuestaria apropiada, que comprende recortes del gasto (o aumento de los impuestos) durante las épocas de auge, no durante las desaceleraciones, como ha ocurrido recientemente.

Una competitividad amplia, unos mercados laborales de verdad flexibles y una presupuestación prudente no están fuera del alcance de Polonia. En cada uno de los casos, hay otros ejemplos nacionales que emular: la competitividad de Suiza, los mercados laborales de Dinamarca y la hacienda pública de Estonia, por ejemplo. Antes de que Polonia se adhiera a la zona del euro, su política económica debe ir encaminada a la consecución de esos criterios de éxito económico a largo plazo.

Marek Belka, a former prime minister of Poland and former Director of the European Department of the International Monetary Fund, is President of the National Bank of Poland. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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