Las relaciones EE.UU.-Israel

Proverbios, el libro más optimista de la Biblia, contiene un versículo muy duro que dice así: “Quien escatima la vara odia a su hijo. El que lo ama lo corrige a tiempo”. Es decir, la persona que evita reprender o castigar a su hijo por su mala conducta en realidad demuestra que no lo ama verdaderamente, ya que prefiere hacer la vista gorda ante su malos actos, sólo con el fin de mantener la paz en casa y no crear un conflicto que puede causar daño a ambas partes. Pero aquel que de verdad ama a su hijo, lo regaña cuando ve que se desvía del buen camino y está dispuesto a castigarlo incluso si ello supone deteriorar por un tiempo su relación con él, pues lo que le importa es que su hijo rectifique.

La crisis actual que Estados Unidos ha provocado con el Gobierno de Israel a raíz de la construcción de un barrio judío en Jerusalén Este es, en mi opinión, una prueba de la auténtica amistad que Estados Unidos profesa a su pequeño protegido en Oriente Medio. El Gobierno de Barack Obama, dando un paso excepcional de firmeza moral, está diciendo a los israelíes algo así como: “Basta ya de construir innecesariamente en Jerusalén oriental. No sólo esa construcción perjudica el proceso de paz, importante para vosotros, para los palestinos y para el mundo árabe moderado, sino que es algo muy negativo para vosotros los israelíes, pues contradice la idea que proclamáis día y noche: mantener el carácter judío y democrático de Israel. Y es que instalándoos en medio de territorio palestino y levantando colonias lo que hacéis es negar la posibilidad de establecer una separación y fijación de fronteras entre Israel y Palestina. Por tanto, aunque a corto plazo no se llegue a un acuerdo de paz, dentro de poco os veréis obligados a conceder la nacionalidad israelí a todos los palestinos que viven en territorios que de facto os estáis anexionando. Y eso reduciría de forma significativa el carácter judío de vuestro Estado, a no ser que optaseis por adoptar un régimen de apartheid con los palestinos anexionados,con lo que acabaríais por completo con el carácter democrático de Israel. Hagáis una cosa u otra, el Gobierno norteamericano, sobre todo por el futuro de Israel y no sólo por el bien del proceso de paz y de los intereses americanos en la zona, ejercerá todo su influencia para frustrar todas las decisiones que toméis que vayan en contra de vuestros verdaderos intereses, aquellos que vosotros mismos proclamáis”.

Todo esto muestra una nueva postura de firmeza por parte de Estados Unidos y si no se queda en una mera declaración y va acompañada de una clara presión política y económica, entonces será una prueba ante el mundo de que es un verdadero amigo de Israel, y que por ello se preocupa tanto de la seguridad del pequeño Estado judío como de su futuro. Un amigo de verdad es el que te alaba pero también el que te reprende con dureza.

En la historia de las relaciones entre pueblos en la época moderna un capítulo especial será el que trate sobre la auténtica esencia de las relaciones entre EE. UU. e Israel. El antiguo secretario de Estado Kissinger las definió ante todo como muy emotivas y profundas, y en las que los intereses estratégicos comunes no eran en realidad un elemento fundamental.

Y es que para la mayoría de los estadounidenses, Israel es una especie de empresa con la que expiar el terrible holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial, holocausto que EE. UU. tardó en comprender, lo que hizo que sobre todo en los años treinta muchos judíos europeos que huían del infierno nazi llamasen en vano a sus puertas. Pero, además, Israel es para los norteamericanos, en especial para sus numerosos creyentes cristianos, la materialización de una profecía religiosa. Los habitantes de Israel realizan en la propia Tierra Santa algo parecido a lo que en su momento hicieron los cristianos norteamericanos que, como dando la espalda a sus orígenes europeos, quisieron vincularse en la nueva tierra con el mito cristiano bíblico y pusieron a las ciudades que iban fundando el nombre de antiguos lugares de la Biblia: Sión, Belén, Hebrón, etcétera.

Otro elemento fundamental en esta amistad es el régimen democrático del Estado judío. Cuando Israel se fundó tras la Segunda Guerra Mundial sólo había en el mundo unas treinta democracias auténticas, y la batalla ideológica por la superioridad moral de los regímenes democráticos frente a los no democráticos era crucial para los americanos. Por eso, un Israel democrático que luchaba con éxito por su supervivencia era una prueba importante para justificar la superioridad de la democracia y con ello la intervención, correcta o no, de Estados Unidos en otras zonas del mundo.

En definitiva, los líderes israelíes, en vez de insistir a los americanos en la importancia de Israel como aliada estratégica y militar, deberían escuchar a su amiga norteamericana, que con gran firmeza les está diciendo que, si ante todo se preocupasen de mantener el carácter democrático y judío de Israel en lugar de apropiarse sin necesidad de las pocas tierras que quedan en manos palestinas, comprenderían que el enfado del Gobierno norteamericano es el enfado de un amigo de verdad.

Abraham B. Yehoshua, escritor israelí, impulsor del movimiento Paz Ahora.