Las revoluciones de otoño de Pedro Sánchez y Pablo Casado

Pedro Sánchez y Pablo Casado, a las puertas de Moncloa
Pedro Sánchez y Pablo Casado, a las puertas de Moncloa

Quieren lo que necesitan y necesitan lo que quieren. Por esas dos poderosas razones, Pedro Sánchez y Pablo Casado van a utilizar el congreso del PSOE y la convención del PP para imponer su propia revolución en el interior de sus partidos. Sánchez quiere reinventar la socialdemocracia al igual que hizo Felipe González. Casado quiere reinventar la derecha como hizo José María Aznar.

Tanto el presidente del Gobierno como el presidente del Partido Popular van a actualizar, con matices, una frase de don Inda, el hombre que lo fue casi todo durante la II República y que tuvo una importancia decisiva en el desenlace de la Guerra Civil y en el socialismo histórico que se estableció en México: “Socialista [o conservador, en el caso de Casado] a fuer de liberal”.

Antes de que le llamaran don Inda, Indalecio Prieto, que había nacido en Oviedo, pero que hizo toda su carrera como periodista, empresario y político en Bilbao, entró en la vida pública como una apisonadora y sin volver la vista atrás. Fue elegido diputado provincial por Vizcaya representando al PSOE en 1911 y tras vencer internamente a Francisco Perezagua, al que no dudó en expulsar del partido tres años más tarde.

A medio camino de Largo Caballero, que sería un ejemplo adelantado del Pablo Iglesias de Podemos, y de Julián Besteiro, que tendría en Íñigo Errejón a uno de sus discípulos, Prieto tuvo más influencia que ninguno de los ministros y dirigentes políticos que protagonizaron las luchas políticas de la II República.

Trabajó como redactor en El Liberal y acabó convertido en director y propietario del periódico, la mejor forma de dar a conocer y defender sus opiniones dentro y fuera del socialismo. Astuto como pocos y sin miedo a la polémica parlamentaria, Prieto sería hoy un excelente ejemplo para casi todos nuestros dirigentes políticos, desde la izquierda radical a la derecha más conservadora. Hasta su posición sobre la monarquía y las críticas al rey Alfonso XIII son muy parecidas a las que en este 2021 se escuchan dentro de la izquierda contra Juan Carlos I y Felipe VI.

Felipe González logró que el PSOE abandonara su pasado radical y se convirtiera en el partido socialdemócrata más liberal de toda Europa tras purgar a toda la dirección histórica del partido, con Rodolfo Llopis a la cabeza. Era un PSOE situado mucho más a la derecha de lo que lo estaban el sueco Olof Palme, el francés François Mitterrand o el alemán Willy Brandt.

José María Aznar no hizo menos tras conseguir la presidencia del PP en el congreso de Sevilla. Aznar barrió de un plumazo toda la estructura de poder y nombres de Manuel Fraga, empezando por los siete vicepresidentes de la antigua Alianza Popular.

Estos dos ejemplos se van a repetir este otoño en el PSOE y en el PP de la mano de sus máximos responsables. Los dos quieren mandar sin impedimentos ni oposición en sus respectivos partidos, y los dos lo necesitan por los mismos motivos. Sánchez, para afrontar todos los problemas políticos, económicos y sociales que van a convulsionar España. Casado, para intentar que el único posible recambio en la Moncloa sea él.

En el PSOE, el cambio de ministros y la salida de José Luís Ábalos de su cargo como secretario de organización ha hecho que Sánchez vaya a sacar a Adriana Lastra del Congreso de los Diputados para dedicarla a tiempo completo a la organización del congreso de octubre y al control de los representantes de cada una de las federaciones, por encima de lo que puedan pensar y elegir líderes autonómicos como Emiliano García-Page, Javier Lambán o Ximo Puig.

En el PP, esa labor de control de cara a la convención del partido la está haciendo Teodoro García Egea desde hace meses. Egea tiene además que controlar las ambiciones de Isabel Díaz Ayuso tras su triunfo en las elecciones autonómicas del mes de mayo, y las de Juanma Moreno tras conseguir por primera vez en la historia de nuestra democracia el gobierno de Andalucía para el PP, tras derrotar a Susana Díaz en diciembre de 2018.

Habrá cambios de nombres y cambios en la estructura interna de ambos partidos. También una reformulación de sus filosofías políticas, de sus objetivos y de sus ofertas para los españoles. Ambos tienen tanto a derecha como a izquierda a esas nuevas formaciones que han nacido en el último lustro y que tendrán que responder a su vez a esos movimientos si quieren sobrevivir al renovado deseo de socialistas y populares de que nuestro país regrese al bipartidismo.

Raúl Heras es periodista.

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