Las tendencias del islam

Es hora de empezar a llamar a las tendencias u orientaciones musulmanas por su nombre. Al fin y al cabo, algunas cuentan con millones de seguidores y otras controlan gobiernos enteros cuya influencia abarca extensos territorios.

La razón para llamar a los grupos musulmanes por su nombre es obvia: no tienen las mismas creencias u objetivos y algunos de ellos mantienen incluso buenas relaciones con cristianos y judíos. Tomemos, por ejemplo, el caso de los wahabíes, la familia que gobierna Arabia Saudí con sus singulares enseñanzas. Los wahabíes forman una comunidad cuya doctrina constituye una de las interpretaciones rigoristas del sunismo y muestra puntos de vista extremos. No obstante, hay que esforzarse para establecer estos rasgos y para demostrar quién está detrás de ellos en cada caso.

Los wahabíes son suníes hanbalíes ( Ahmad ibn Hanbal, 780-855) y el viento sopla a su favor a fin de lograr la conversión de más personas y de difundir la doctrina y enseñanzas wahabíes, de dos siglos y medio de antigüedad. El viento sopla a su favor, pues Qatar y Arabia Saudí son los dos países más ricos del mundo en términos de reservas de petróleo y gas y ambos siguen la doctrina wahabí sin que nadie parezca oponer objeción.

La segunda escuela o doctrina que experimenta un despertar es la tendencia o doctrina musulmana chií, por una razón obvia: controlan un país entero, Irán, y nada les satisface en mayor medida que poner los recursos de ese país rico en petróleo a disposición de su estamento religioso. El chiismo antepone la organización religiosa que guía a la administración que controla y supervisa el gobierno. El líder de los musulmanes chiíes ocupa un rango superior al del Gobierno iraní. Se trata de un líder que dice cómo han de emplear su dinero los cien millones de creyentes en esta doctrina; dice, además, cómo deben gobernar los países que controlan.

El chiismo musulmán es básicamente antioccidental. Fuertemente controlado por el estamento religioso, que usa turbantes de distintos colores para indicar su rango, es una religión totalmente contraria a la adopción de costumbres occidentales, comprometida con la misión de perpetuar las palabras del profeta Mahoma. No tolera la mala interpretación o una nueva interpretación del islam susceptible de permitir el diálogo con el mundo occidental.

También se diferencia de otras tendencias, como el sunismo, que tolera la discrepancia y la reinterpretación del Corán de acuerdo con la voluntad del pueblo. El funcionamiento del chiismo, en esencia, guarda cierta similitud con el de la Iglesia católica en Occidente. El poder de la Iglesia para guiar al pueblo depende de la palabra y doctrina de la cabeza de la Iglesia y no de cualquier otra institución o cambio provocado por el paso del tiempo. Es una religión, en tal sentido, “testaruda”.

Debe mencionarse, asimismo, la escuela jurídica del hanafismo, la más flexible de las escuelas suníes, que propicia un discurso destinado a evitar un enfrentamiento entre los musulmanes y Occidente.

Pero el hecho relevante que debe subrayarse es que los musulmanes chiíes creen en un choque inevitable con Occidente, mientras que el sunismo parece propiciar el intercambio de criterios y el cambio.

El wahabismo controla Arabia Saudí a través de la Casa de Saud. Sin embargo, tal circunstancia no resulta evidente para todo el mundo, pues libra constante batalla con el sunismo. El apoyo de Occidente ya sea a los musulmanes chiíes o bien a la escuela wahabí del islam suní es vital para el éxito de cualquier tendencia de la noble religión. Por ejemplo, el islam chií controla totalmente Irán y el islam hanbalí controla Arabia Saudí, mientras que algún tipo de inclinación por parte de Estados Unidos hacia una de estas tendencias del islam garantiza probablemente su éxito contra la otra.

Los wahabíes de Arabia Saudí no son capaces de dirigir un país por sí mismos y, en consecuencia, dependen del apoyo de Estados Unidos en materia militar, de seguridad e incluso enseñanza. Pero, sobre todo, el wahabismo es intolerante con relación a otras tendencias o doctrinas de la religión musulmana, hasta el punto de prohibir que los chiíes accedan a la educación superior en la universidad. De hecho, un chií, a ojos del wahabismo, es un hereje que debería eliminarse.

Teniendo en cuenta que los chiíes representan el 15% de la población de Arabia Saudí, es de resaltar que quien pidió su eliminación no fue otro que el Consejo de los Ulemas. Es como si el secretario de Estado de la Santa Sede defendiera la eliminación de todos los protestantes. Como el 15% de Arabia Saudí es chií, el llamamiento a su eliminación y la prohibición de su ingreso en la universidad o alistamiento en las fuerzas armadas es un notable indicio de la intolerancia de esta orientación religiosa. Sin embargo, poco se oye hablar de ella, porque Arabia Saudí y Estados Unidos son aliados contrarios a ideas avanzadas a quienes incomoda el auge del chiismo. Conviene señalar que Osama bin Laden era un wahabí (pertenecía a la misma tendencia musulmana que la Casa de Saud). Tal circunstancia no se difundió excesivamente en la prensa, radio y televisión de Occidente. La Casa de Saud se vería perjudicada y esto no es ciertamente lo mejor tratándose de un país que posee el 20% de las reservas mundiales de petróleo conocidas.

El chiismo se opone a la difusión o publicidad de sus actividades, ya que Occidente considera que tanto la decapitación de personas como la detención sin motivo son inaceptables. Los mismos factores que provocaron disturbios en las calles de las ciudades de Irán están presentes en Arabia Saudí, bajo otra etiqueta; sin embargo, metemos al islam en el mismo saco y lo consideramos como si todos defendieran lo mismo.

Se gasta mucho dinero hoy día en el fomento de una tendencia del islam sobre otra, más de lo que se gasta en educación o formación técnica. Aún es la hora en que el chiismo ha de aprobar el uso de la corbata, que juzga “obra del demonio occidental”.

Todo esto es tan confuso como efectivamente parece. Estados Unidos apoya al grupo de musulmanes más radicales, los wahabíes, debido a razones políticas más que ideológicas. Arabia Saudí posee de hecho más petróleo que los países bajo control chií. Al propio tiempo, Qatar y Estados Unidos son aliados por la misma razón. Nada se dice sobre el wahabismo radical. Pese a todo el jaleo que arman los chiíes y las amenazas explícitas de su orientación islámica, EE.UU. sigue favoreciendo a los wahabíes más que a los chiíes. Las políticas de Estados Unidos no dependen de la doctrina, pero dependen de la amistad de los países que controlan grandes reservas de petróleo. Las cosas en Oriente Medio no son como parecen y la materia prima más estratégica del mundo es importante, al menos por el momento; en cualquier caso, tendremos ocasión de oír de ellos en el próximo futuro.

Por Said K. Aburish, escritor y biógrafo de Sadam Husein, autor de Nasser, el último árabe. Traducción: José María Puig de la Bellacasa.

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