Las vanas ilusiones

Hemos aprendido poca o mucha economía, pero hasta ahora no nos ha servido para solucionar nada. Para comprender las causas de la situación actual, y aún gracias, pero para creer en expectativas de mejora a tantos males como nos afligen, más vale recurrir a adivinos de bola de cristal y cartas del tarot que a los economistas. La economía, con crisis entra, pero por mucho que algunos lo sepan, continuamos dentro del túnel y ni siquiera sabemos si se convierte en laberinto o conduce directamente a la boca del lobo.

Como los humanos no podemos vivir sin esperanzas, es natural que queramos esquivar la desgracia. Muchos son los que antes no jugaban y ahora sí compran lotería. A fin de cuentas, un billete de lotería es una pequeña, efímera, poco costosa y renovable dosis de esperanza. Por mucho que el cálculo matemático de probabilidades aconseje pasar de largo, prevalece la necesidad psíquica sobre la razón.

De manera similar, podemos observar cómo la ilustración española se aferra a la no tanto segura victoria del candidato François Hollande como talismán para cambiar el signo de la economía y salir raudos del ciclo infernal donde nos hemos metido: recesión con incremento de la deuda. Según la derecha y la izquierda hispanas, una vez gane, Hollande obligará a entrar en razón a la tan testaruda como errada Frau Merkel, de manera que se relajarán los objetivos de déficit, se pondrán en marcha los eurobonos y la delicadísima situación española pasará a ser tan solo delicada. No harán falta tantos recortes, volverá la confianza, iremos saliendo de la UCI.

Da igual que el pronóstico más probable, incluso en caso de ganar Hollande, algo que está por ver, apunte a una intervención efectiva de España, que a su vez intervendrá autonomías como una muñeca rusa intermedia, para que así el Gobierno central pueda pintar algo. Con Hollande o sin él, en España bajarán los sueldos de los funcionarios y las pensiones, aumentará el paro, subirá el IVA y se recortará más. Con Hollande o sin él, y por culpa de la indecisión del Ejecutivo de Rajoy, que aplaza fatalmente una solución para Bankia, la banca española sufrirá una sacudida inaudita. La izquierda hispana a través del pensamiento mágico y la derecha para aflojar el abrazo brutal de la anaconda de los mercados, confían en Hollande y en su supuesta capacidad para tumbar la austeridad germana, tan rígida, equivocada, contraproducente y suicida como siempre.

Es evidente, a España le conviene que las locomotoras europeas vuelvan a arrancar. El resto son vanas ilusiones. La incompetencia y el galimatías del equipo económico formado por Rajoy, Guindos y Montoro es la causa del aumento de la desconfianza de los mercados, proveedores del pan de cada día cada día a precio más alto. La verdad de los hechos lo explica, estamos peor que antes de las elecciones a pesar de las formidables inyecciones del BCE, que han evitado la catástrofe (y se han decidido sin Hollande, no lo olvidemos). ¿Qué haría el PP en caso de un hipotético relajamiento? ¿Trenes de alta velocidad? ¡Más vale que nos intervengan!

Otro día hablaremos de Francia, de las dos Francias y las preocupaciones que generan. Hoy nos toca preguntarnos por qué, en términos comparativos, Francia, Alemania y la Europa central van tan bien, por qué Italia tiene todavía tanto margen, mientras que España se adentra más y más en el túnel. Aquí también coincide el ánimo colectivo hispánico en señalar a los mercados y a la señora Merkel en vez de admitir que se ha malgastado a diestro y siniestro, que en vez de pensar en la economía productiva, el PSOE, el PP y el Banco de España alimentaron la burbuja inmobiliaria y el exceso de endeudamiento.

Todo menos encajar la adversidad, eso es lo que hacen los mimados. Todo menos aprender de la propia experiencia, todo menos desprenderse de las vanas ilusiones, eso es de mimados, de las generaciones mimadas. En España, el grueso de los que tienen entre 30 y 65 años forma parte de las generaciones mimadas, las que no han sufrido de veras, las que se niegan a entender que los errores graves suelen conllevar efectos poco deseables y aún peor, se niegan a asumir que no se puede incrementar de manera indefinida el cáncer de la deuda. La tristísima realidad, la que tanto sufrimiento conlleva y todavía tiene todas las de empeorar (con Hollande o sin Hollande), es que la economía española no tiene empuje para remontar la deuda, que crece y crece a pesar de los buenos propósitos de contención del déficit público. No es necesario que se relajen los objetivos porque igualmente los incumplimos, y el resultado no es estancamiento sino recesión. Sísifo empujaba hasta arriba una enorme roca, que volvía a caer y estaba condenado a subir una y otra vez. España se desliza por la pendiente de una montaña en expansión y en vez de hacerse cargo de su situación y entender que debe salir por sus propios medios, se inventa salvavidas que Europa no tiene intención de proporcionarnos.

Xavier Bru de Sala, escritor.

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