Latgalia: otro frente paneslavo en el Báltico

Sin perder de vista el desarrollo de los acontecimientos en Ucrania, y más concretamente en las regiones separatistas de Donestk y Luhansk que piensan, a través de una federación, conformar Novorrosia; en otras latitudes dentro del espacio post soviético de influencia rusa y siguiendo la hoja de ruta diseñada por el Kremlin de intensificar las acciones encaminadas a apoyar los movimientos pro rusos, se encuentra una de las cinco regiones históricas de Letonia, la más oriental y en contacto con Estonia: Latgalia.

Allí y dentro del contexto de las distintas etnias lituanas, desde los tiempos históricos de la Edad Media, y  bajo la Confederación Livona, fue evolucionando un sentimiento diferencial entre los habitantes de la región y los del resto de Lituania, basada en su lengua propia, costumbres y religión, la católica. De hecho esta región fue incorporada a Letonia en el año 1920 a consecuencia del Tratado de Paz con la URSS del mismo año.

Es por ello, que en los últimos años se ha ido desarrollando un sentimiento autonomista en la región, donde cohabitan no sólo latgali étnicos, sino el resto de Latgaliesi, que es el nombre cómo se conoce a todos los que habitan en la región, y entre los que se incluyen los rusos étnicos en un 27,8% y los ruso-hablantes en un 32,7%.

Sobre éstos últimos se está basando el apoyo del Kremlin, tal como lo está haciendo en otras zonas de la periferia con el ya conocido fin de asegurar áreas de influencia en la aplicación de un neo paneslavismo que le asegure el status de potencia regional y el control de este espacio de alto valor estratégico entre Estonia, Lituania, Letonia y Bielorrusia, colindantes con el no menos estratégico Mar Báltico.

En términos de geografía humana, Latgalia cuenta con cerca de 290.000 habitantes y la más alta concentración de rusos étnicos que existe en todos los Estados Bálticos, lo que junto con lo expresado en anteriores párrafos, facilita la labor del Kremlin; máxime cuando en Letonia existe una coalición de partidos con fuerte orientación pro rusa, de nombre la Unión Rusa;  y dentro de ella, el llamado Centro de la Concordia. Esta coalición que obtuvo representaciones en el Parlamento en los últimos años se ha visto ciertamente silenciada en los últimos meses, y la postura de los ruso étnicos y ruso-hablantes no es tan unánime como lo ha podido ser en otros países como Ucrania o Transnistria; en el caso de Latgalia se ha tratado de minorías. Además la mencionada Unión Rusa fue el único partido político del país que reconoció la anexión de Crimea por parte de la Federación Rusa.

Sin embargo, y tomando como ejemplo lo que está acaeciendo en Ucrania, el gobierno de Letonia ha pedido más apoyo a la OTAN, ya que está temerosa de que la mayor comunidad ruso-hablante de los Estados Bálticos se radicalice con el tiempo bajo la tutela de la Federación Rusa.

Pero realmente, estas recientes manifestaciones no tendrían tanto interés si no fuera por la política neo paneslavista de Putin y los trágicos acontecimientos en Novorrosia; además de darse el caso de que entre los activistas Latgaliesi, no sólo hay rusos, sino bielorrusos y polacos, con lo cual las sospechas de que se trata de un fenómeno inducido desde el exterior toma fuerza.

Y lo expuesto anteriormente, viene reforzado por los datos que se obtuvieron del referéndum que se celebró para decidir la cooficialidad del idioma ruso en Letonia en al año 2012, el cual arrojó las concluyentes cifras de un 74,8% en contra, frente a un 24,8% a favor, dentro de una participación en torno al 70% del censo electoral y concretamente en Latgalia del 60,03%. Ello no fue más que un intento de querer normalizar una situación que se había presentado difícil en los tiempos de la URSS, cuando el ruso era lengua oficial en detrimento del letón.

A colación de lo anterior, y como dato concluyente, la mayoría del voto favorable se concentró en Latgalia, donde como se observa en el párrafo anterior se produjo una alta participación en el referéndum, precisamente entre los habitantes rusos, bielorrusos y polacos, recordando además que cerca de un 15% de los habitantes de Letonia se consideran apátridas, sin derecho al voto.

En los últimos meses, han acaecido una serie de acontecimientos que recuerdan al más puro estilo de los tiempos de la Guerra Fría cuando aviones espía, como un IL-20 ruso fue interceptado por radares de la OTAN sobrevolando el Mar Báltico en dirección a Dinamarca, a la vez que Suecia continuaba con su dispositivo para intentar localizar a un submarino, supuestamente ruso, que se había introducido en aguas territoriales suecas.

Éstos y otros incidentes, no han hecho sino acrecentar el temor de los Estados Bálticos a las acciones del Kremlin y sus grupos de presión euroasianistas y por ello han solicitado refuerzos a la OTAN, e incluso la instalación de tropas permanentes en sus territorios; lo cual ha provocado la reciente decisión atlantista de proceder a la misma con destacamentos militares semi permanentes, tanto en los Estados Bálticos como en Polonia, materializando de ese modo el paraguas de la OTAN ante Rusia, posibilidad  que había sido puesto en duda por los citados grupos de presión rusos.

Visto todo lo anterior desde la óptica geoestratégica, a la intención decidida de defender a los rusos étnicos en la periferia que conforma el espacio post soviético, se podría añadir la opción de diversificar las zonas de acción con el fin de aligerar la presión de Ucrania y los países de la OTAN sobre las regiones rebeldes del Este; todo ello en conjunción con acciones políticas del Kremlin sobre el terreno del abastecimiento de fuentes de energía y la ganancia de tiempo para materializar el despliegue de unidades militares rusas en enclaves importantes.

Jorge Garris Mozota, Comandante de Ingenieros. Doctor en Historia y Politólogo. Máster en Liderazgo, Diplomacia e Inteligencia, CEU-FESEI-IEEE.

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