Lecciones de Londres

Walter Laqeur, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Washington (LA VANGUARDIA, 12/07/05)

Siempre que se produce un atentado importante es probable predecir los discursos de los políticos: que los terroristas son unos bárbaros y que no conseguirán sus objetivos. Afirmaciones ciertas pero que no ayudan demasiado a comprender lo sucedido y lo que podría suceder en un futuro próximo. Por otra parte, surgen las habituales voces que sostienen que debemos hacer un mayor esfuerzo para comprender los motivos de los autores de semejantes atrocidades y entablar un diálogo con ellos. Como ha dicho un colaborador de The Guardian, la guerra contra el terrorismo no se ganará mientras no comprendamos mejor a los árabes y sus agravios. Sin embargo, la guerra contra el terrorismo no se ganará en nuestra época por una serie de razones; y en este momento hay más motivos para creer que los atentados fueron llevados a cabo por jóvenes musulmanes británicos de origen marroquí o paquistaní más que por árabes. Un destacado clérigo musulmán ha dicho al Gobierno británico que “Al Qaeda no tiene nada que ver con nosotros”, que su padre es Estados Unidos, y su madre, Israel.De ser así, cabe esperar que el clérigo pida a sus seguidores que proporcionen el máximo apoyo a las autoridades para acabar con Al Qaeda; sin embargo, hasta ahora eso no ha ocurrido. La gran mayoría de los musulmanes no tiene nada que ver con los ataques, afirman los políticos. Del todo cierto, de nuevo. Sin embargo, también lo es que hay muchos simpatizantes entre los jóvenes de sus comunidades y que algunos sabrán dónde se esconden los terroristas y no lo comunicarán a las autoridades. Es decir, que se dicen y escriben muchas tonterías, y todo el mundo intenta vender su medicina preferida, como buhoneros en una feria.

Existe también el peligro de la sobrerreacción, la vieja historia de atrancar la puerta del establo después de que se haya desbocado el caballo. ¿Por qué cerrar las estaciones de ferrocarril y los aeropuertos, por qué evacuar gran parte de la ciudad de Birmingham? La experiencia nos enseña que no hay momento y lugar más seguro que después de un ataque terrorista, porque los recursos de los terroristas son limitados y las posibilidades de que se produzca un atentado importante son mínimas. La policía debería restablecer las condiciones normales lo antes posible. Con cierto retraso, este error ya se ha corregido.

Según las autoridades, hay en Gran Bretaña entre 600 y 3.000 personas entrenadas en Afganistán. Pese a que la cifra superior pueda ser exagerada, puede haber varios centenares. Y también estaban presentes antes de los atentados de Londres. Gente influyente creía que Gran Bretaña estaría segura si seguía una política amistosa y tolerante con los militantes musulmanes e incluso los sospechosos de terrorismo; nadie se ha mostrado más amistoso que Ken Livingstone, el alcalde de Londres, con los representantes del fundamentalismo islámico. Londres Este eligió en las últimas elecciones a George Galloway, el mejor amigo de Saddam Hussein a este lado de Bagdad. Por desgracia la gratitud no existe en política.

Han pasado unos días desde el ataque y, si bien en un primer momento varios comentaristas proclamaron que se trataba de un golpe mortal en el mismísimo corazón de Occidente, pocos son los que sostendrían semejante afirmación tras pensarlo mejor. Antes del atentado, crecía en Gran Bretaña y Estados Unidos el número de quienes afirmaban que se exageraba mucho la amenaza terrorista. ¿Por qué dedicar mucho tiempo y energía, por qué gastar mucho dinero para combatir un enemigo que no es muy peligroso? Una reacción natural; han pasado casi cuatro años desde el 11-S, y no se ha producido ningún desastre de la misma magnitud. La BBC emitió un programa en varios capítulos (muy alabado y premiado internacionalmente) donde se sostenía que el terrorismo venía a ser un mito inventado por George W. Bush y los neoconservadores estadounidenses.

Muchas voces pidieron la retirada de las leyes y medidas antiterroristas por ser en realidad innecesarias. Ahora el partido de los “no seamos malos con los terroristas” ha quedado debilitado, al menos por un año; y, además, el daño causado a los infieles tampoco ha sido tan grande. Incluso la bolsa, cuyo histerismo es conocido, no ha parecido demasiado afectada; en realidad, el índice de cotización de acciones ha subido. Por lo tanto, ¿cuál puede haber sido la razón estratégica? ¿Por qué no esperaron hasta tener armas mucho más letales que las actuales y que Occidente hubiera bajado más la guardia? ¿Quizá fue por ignorancia de los terroristas y por accionismo, por necesidad de demostrar a los jóvenes cuadros que los terroristas siguen en activo?

¿Qué hacer para evitar atentados similares en el futuro? Resulta evidente que no es posible impedir todos los atentados, pero sí se pueden poner a los terroristas las cosas mucho más difíciles de lo que están ahora. No obstante, no se trata de algo que podamos hacer con nuestro actual marco legal y, como resultado de ello, centenares de terroristas se moverán libremente por las ciudades europeas y de un país a otro. Los gobiernos no pueden ir mucho más allá de la opinión pública y los medios de comunicación, pues de otro modo corren el riesgo de ser acusados de violar derechos humanos elementales. Si hay cada vez más atentados mortales, se generará una presión imparable en favor de medidas más drásticas. Y si no hay nuevos atentados, esas medidas no serán necesarias y todo podremos dormir en paz y tranquilos. Por desgracia, las posibilidades de que esto vaya a ocurrir no son demasiado altas.