Lecciones del norte

Por Jeffrey D. Sachs, catedrático de Economía y director del Earth Institute de la Universidad de Columbia (EL PAÍS, 25/04/06):

Si el mundo pasara más tiempo analizando qué es lo que verdaderamente funciona y qué no, harían falta menos discusiones sobre economía. Casi por doquier se ha desatado un debate sobre cómo combinar las fuerzas del mercado y la seguridad social. La izquierda pide una ampliación de la protección social; la derecha dice que el hacerlo debilitaría el crecimiento económico y aumentaría los déficit presupuestarios. Pero podemos hacer que el debate avance examinando los buenos resultados económicos de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Holanda, Noruega y Suecia. Aunque ninguna experiencia regional es directamente transferible, los países nórdicos han sabido combinar la asistencia social con unos niveles de renta elevados, un crecimiento económico sólido y la estabilidad macroeconómica. También han alcanzado alta calidad de gobierno.

Ciertamente, hay diferencias entre los países nórdicos, con un gasto social superior en Dinamarca, Holanda, Noruega y Suecia, y un poco más bajo en Finlandia e Islandia. No obstante, mientras que los impuestos nacionales en Estados Unidos rondan el 20% del PIB, en los países nórdicos la proporción es superior al 30%. La fiscalidad elevada mantiene a escala nacional la atención sanitaria, la educación, las pensiones y otros servicios sociales, dando como resultado niveles bajos de pobreza y una diferencia de renta relativamente baja entre las unidades familiares más ricas y las más pobres. En EE UU, el 20% de hogares más pobres recibe sólo un 5% de la renta total, lo cual sitúa su renta aproximadamente en una cuarta parte de la media nacional. En cambio, en los países nórdicos, el 20% de hogares más pobres recibe casi un 10% de la renta total, lo que sitúa su renta en la mitad de la media nacional.

Los conservadores estadounidenses sostienen que un sector público grande está sujeto a la ineficacia y a la mala gestión, la corrupción y el abuso burocrático, mientras que la fiscalidad necesaria para soportarlo desgasta la eficacia económica. Pero cada una de estas proposiciones queda refutada por la experiencia nórdica. Reflexionemos sobre las afirmaciones de ineficacia y dispendio. Como consecuencia del seguro sanitario nacional financiado por el Estado, los países nórdicos tienen una esperanza de vida mayor y una tasa de mortalidad infantil más baja que EE UU. La esperanza de vida se acerca en los países nórdicos a los 80 años, mientras que en EE UU, donde el gobierno no garantiza el seguro sanitario nacional y millones de familias son demasiado pobres para pagarlo por su cuenta, es de 78 años. Irónicamente, la fuerte dependencia del sector privado en el sistema estadounidense es tan ineficaz que sus ciudadanos pagan en salud un porcentaje más elevado del PIB (14%) que los países nórdicos (11%), pero consiguen menos. De manera similar, aunque el gasto en asistencia social es menor en EE UU que en los países nórdicos, su déficit presupuestario en proporción a la renta nacional es mucho mayor. EE UU gasta menos en el sector público, pero recibe en impuestos aún menos de lo que gasta.

Y la fiscalidad elevada tampoco ha afectado negativamente a los resultados económicos de los países nórdicos. En lugar de basarse principalmente en los impuestos sobre la renta, como en EE UU, los países nórdicos se basan en los impuestos sobre el valor añadido, que proporcionan una cantidad de ingresos relativamente elevada con unas tasas de evasión fiscal relativamente bajas.

La experiencia nórdica también desmiente la afirmación de los conservadores de que un Estado de asistencia social amplia debilita los incentivos para trabajar y ahorrar. El ahorro nacional en los países nórdicos es por término medio superior al 20% de la renta nacional, frente aproximadamente el 10% en EE UU. Además, el crecimiento económico en los países nórdicos ha sido similar al de EE UU en años recientes. Los niveles de renta son por término medio superiores en EE UU, pero principalmente porque los países nórdicos trabajan menos horas a la semana. En cualquier caso, éstos disfrutan de rentas muy elevadas, y de hecho la renta per cápita noruega supera a la estadounidense.

Varios factores parecen explicar el éxito económico de los países nórdicos. La fiscalidad es de base amplia y relativamente no distorsionadora, mientras que se confía en el comercio internacional abierto, las fuerzas del mercado y la propiedad privada para mantener los incentivos. Los países nórdicos no son economías “socialistas”, basadas en la propiedad y la planificación estatal, sino economías del “Estado del bienestar”, basadas en la propiedad privada y en los mercados, con servicio público de protección social. Lo importante es que invierten fuertemente en educación superior y en ciencia y tecnología, de forma que se mantienen a la vanguardia de las industrias de alta tecnología. Hace medio siglo, el economista del libre mercado Friedrich von Hayek sostenía que un gran sector público amenazaría a la propia democracia, y pondría a los países europeos en “una senda hacia la servidumbre”. Pero los países nórdicos han prosperado, no sufrido, gracias a un Estado del bienestar amplio, con mucha menos corrupción en el sector público y niveles mucho más elevados de participación del electorado que en EE UU. De acuerdo con Transparencia Internacional, los países nórdicos tienen los sistemas políticos menos corruptos del mundo, mientras que EE UU, con sus grandes políticas monetarias, ocupa un puesto bastante bajo de la lista.

¿Pero en qué medida son reproducibles los éxitos nórdicos? Estos países tienen poblaciones pequeñas, fácil acceso al mercado internacional, recursos naturales y vecinos pacíficos. Lo más destacado es que son étnicamente homogéneos, de modo que las divisiones sociales son más proclives a los acuerdos. Sin embargo, esto significa que el reto de mantener un Estado del bienestar social fuerte en sociedades étnica y racialmente diversas como Estados Unidos no tiene que ver con la economía, sino con cómo promueven el respeto y la inclusión.