Leer los labios de China

Por largo tiempo, los chinos han admirado el dinamismo económico de Estados Unidos. Sin embargo, han perdido confianza en el gobierno estadounidense y su disfuncional administración económica. Sentí ese mensaje de manera muy clara en mi reciente viaje a Beijing, Shanghái, Chongqing y Hong Kong.

Puesto que ocurre tan poco tiempo después de la crisis de las “hipotecas basura”, el debate sobre el techo de la deuda y el déficit presupuestario representa la gota que derrama el vaso. Los altos funcionarios chinos ven horrorizados cómo Estados Unidos permite que la política se las arregle para afectar la estabilidad financiera. Una alta autoridad observó a mediados de julio: “esto es realmente sorprendente … entendemos los vericuetos de la política, pero la constante imprudencia de su gobierno es asombrosa.”

China no es un espectador inocente en la carrera de Estados Unidos hacia el abismo. A raíz de la crisis financiera asiática de finales de los 90, China acumuló 3,2 billones de dólares en reservas en moneda extranjera con el fin de aislar su sistema de las perturbaciones externas. Invirtió las dos terceras partes -alrededor de 2 billones de dólares-  en activos denominados en dólares, principalmente bonos del Tesoro de EE.UU. y de valores de agencias (por ejemplo, Fannie Mae y Freddie Mac). Como resultado, China superó a Japón a finales de 2008 como el mayor tenedor extranjero de activos financieros estadounidenses .

No sólo en China se sentían seguros con una gran apuesta por los componentes una vez relativamente libres de riesgo de la moneda de reserva del mundo, sino su política de cambio le dejaba pocas otras opciones. A fin de mantener una estrecha relación entre el yuan y el dólar, China tuvo que reciclar una parte desproporcionada de sus reservas de divisas extranjeras en activos basados en dólares.

Esos días han terminado. China reconoce que ya no tiene sentido mantener su actual estrategia de crecimiento, que se basa principalmente en una combinación de exportaciones y una gran cantidad de reservas de divisas extranjeras en dólares. Tres acontecimientos clave llevaron a las autoridades chinas a esta conclusión:

En primer lugar, la crisis y Gran Recesión de 2008-2009 fueron una llamada de atención. Si bien las industrias de exportación chinas siguen siendo muy competitivas, hay dudas comprensibles acerca del estado posterior a la crisis de la demanda externa de productos chinos. De los EE.UU. a Europa y Japón -economías desarrolladas que resultaron maltratadas por la crisis y que, en su conjunto representan, más del 40% de las exportaciones chinas- es probable que la demanda del mercado crezca a un ritmo más lento en los próximos años que durante el auge de las exportaciones de China de los últimos 30 años. El ímpetu exportador, por largo tiempo el más potente conductor del crecimiento chino, ahora presenta considerables inconvenientes.

En segundo lugar, los costos de la prima de seguro -las enormes reservas de divisas extranjeras de China, en gran parte en dólares- han aumentado por el riesgo político. Ahora que está en juego el repago de la deuda del gobierno de EE.UU., se ve en duda el concepto mismo de activos libres de riesgo denominados en dólares.

En los últimos años, el premier chino Wen Jiabao y el presidente Hu Jintao han expresado repetidamente su preocupación por la política fiscal de EE.UU. y la condición de refugio seguro de los bonos del Tesoro. Como la mayoría de los estadounidenses, los líderes chinos creen que EE.UU. finalmente esquivará la bala de un impago absoluto. Pero ese no es el punto. En la actualidad existe un gran escepticismo en cuanto al fondo de cualquier “arreglo”, especialmente uno que se base en cortinas de humo para postergar un ajuste fiscal significativo.

Todo esto presagia un daño duradero a la credibilidad del compromiso de Washington con la “plena fe y crédito” del gobierno de EE.UU. Y ello plantea serias dudas sobre la sabiduría de las grandes inversiones de China en activos denominados en dólares.

Finalmente, las autoridades chinas son conscientes de los riesgos que implican sus propios desequilibrios macroeconómicos y del papel que su crecimiento impulsado por las exportaciones y la acumulación de divisas extranjeras denominadas de dólares desempeñan en la perpetuación de tales desequilibrios. Más aún, los chinos entienden la presión política que un mundo desarrollado con bajo crecimiento está poniendo sobre su estricto manejo del tipo de cambio del yuan respecto al dólar, presión que recuerda sorprendentemente una campaña similar dirigida a Japón a mediados de los 80.

Sin embargo, a diferencia de Japón, China no va a acceder a las peticiones de un drástica y única revaluación del yuan. Al mismo tiempo, reconoce la necesidad de abordar estas tensiones geopolíticas. Sin embargo, lo hará estimulando la demanda interna, con lo irá dejando atrás su dependencia de los activos denominados en dólares.

Con estas consideraciones en mente, China ha adoptado una respuesta muy transparente. Su Duodécimo Plan Quinquenal lo dice todo: un cambio a favor de consumo en la estructura económica china aborda de frente los desequilibrios insostenibles de esta nación. Al centrarse en la creación de empleo en el sector de servicios, la urbanización masiva y la ampliación de su red de seguridad social, habrá un gran impulso a los ingresos laborales y el poder adquisitivo de los consumidores. Como resultado, la proporción de consumo de la economía china podría aumentar en al menos cinco puntos porcentuales del PIB para 2015.

Un reequilibrio impulsado por el consumo aborda muchas de las tensiones antes mencionadas. Aleja el crecimiento económico de una excesiva y peligrosa dependencia de la demanda externa, mientras pasa a apoyar una demanda interna sin explotar. Además, quita parte de la presión a una moneda subvaluada como un refuerzo al crecimiento de las exportaciones, dando a China un margen considerable para acelerar el ritmo de las reformas monetarias.

Sin embargo, al aumentar la proporción de consumo de su PIB, China también va a absorber gran parte de su ahorro excedente, lo que podría llevar su cuenta corriente a un equilibrio – o incluso un ligero déficit – para 2015. Eso reducirá notablemente el ritmo de acumulación de divisas y cortará la interminable demanda china de activos denominados en dólares.

Así, China, el mayor comprador extranjero de bonos públicos en EE.UU., pronto dirá “basta”. Sin embargo, otro acuerdo sobre el presupuesto vacío de contenido, junto con un ritmo de crecimiento para la economía de los EE.UU. en los próximos años menor de lo esperado, permite esperar un prolongado período de grandes déficits públicos. Esto plantea la pregunta más importante de todas: sin la demanda china de bonos del Tesoro, ¿cómo se va a financiar la economía de EE.UU., de por sí escasa de ahorros, sin sufrir una fuerte caída del dólar y/o un aumento importante en las tasas reales de interés a largo plazo?

La respuesta caballerosa que se escucha de la gente de Washington es que los chinos no se atreverían a iniciar un escenario así. Después de todo, ¿sobre qué podrían hacer sus apuestas en activos? ¿Por qué habrían de arriesgar enormes pérdidas en su gran cartera de activos denominados en dólares?

La respuesta de China a estas preguntas es clara: ya no está dispuesta a arriesgar la estabilidad económica y financiera debido a las falsas promesas y la deficiente administración económica de Washington. Finalmente, los chinos están listos para decir que no. Leed sus labios.

Stephen S. Roach, miembro de la facultad de la Universidad de Yale, presidente no ejecutivo de Morgan Stanley Asia y autor de The Next Asia.  Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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