Leones para un Pacto de Estado

Texto de la intervención del Presidente Ejecutivo de EL ESPAÑOL Pedro J. Ramírez, en la entrega de de Los Leones correspondientes al cuarto aniversario del periódico.

Excelentísimas autoridades, queridas amigas, queridos amigos:

Muchas gracias, Xabier Fortes, por conducir este acto. Ojalá la solvencia, empatía y esfuerzo permanente de ecuanimidad que caracterizan tu labor periodística se contagiaran al conjunto de la sociedad española.

Esta nueva entrega de Los Leones de EL ESPAÑOL, no sólo coincide con el cuarto aniversario del nacimiento de nuestro periódico, sino que se enmarca en dos circunstancias muy especiales.

Una de carácter general, porque se celebra al borde mismo de la campaña de las que serán nuestras cuartas elecciones legislativas en menos de cuatro años y en plenas turbulencias, tras la sentencia contra los líderes del proceso separatista catalán.

Otra de carácter particular, porque nuestro periódico ha convalidado su condición de líder nativo digital por tercer mes consecutivo y compite ya, de tú a tú, a apenas entre un diez y un veinte por ciento de distancia, en el ‘Top 5’ de la prensa española, con las cuatro cabeceras tradicionales (El País, El Mundo, La Vanguardia y ABC), con décadas y décadas de existencia.

Leones para un Pacto de EstadoLa combinación de estas dos circunstancias impone algunas reflexiones porque si un periódico que se llama EL ESPAÑOL tiene la confianza, certificada por Comscore, de más de 17 millones de lectores en España, su voz tiene que escucharse con claridad, en una encrucijada tan crítica. Si alguna aspiración política tiene hoy nuestro periódico, por encima de todas las demás, es la de contribuir a la estabilidad del sistema constitucional, fortalecer su centro de gravedad, fomentar la transversalidad y encauzar la moderación.

Sea cual sea el resultado, sea cual sea el vencedor, España necesita que el 11 de noviembre se empiece a trabajar en un gran pacto de Estado entre los partidos que defienden integralmente la Constitución del 78. Ese gran pacto de Estado debe garantizar la gobernabilidad, afrontar en común la crisis catalana, paliar el cambio de ciclo de la economía e impulsar la mejora de la Sanidad o la Educación, mediante la colaboración de los sectores público y privado.

Por eso, hemos contemplado con gran satisfacción que los principales tres partidos que representan esa centralidad constitucional, se hayan manifestado juntos el pasado domingo en Barcelona. Nos sentimos orgullosos de verlos tan dignamente representados en este acto (asistieron Ábalos, Robles, Marlaska, Duque, Rienda, Iván Redondo, Miguel Ángel Oliver y Félix Bolaños, representando al PSOE y al Gobierno; Casado, Teo García Egea, Terol, Tejerina, Ana Pastor y el alcalde Martínez Almeida, en nombre del PP; y Albert Rivera, Begoña Villacís, Juan Carlos Girauta, Miguel Gutiérrez, Fernando de Páramo, Marcos de Quinto y Marta Rivera, representando a Ciudadanos) Y, por eso, les pedimos que se impregnen del espíritu de la institución que nos acoge como anfitriona.

El Comité Olímpico Español y las federaciones que lo integran, con sus correspondientes clubes y deportistas de élite, representan el mejor ejemplo de cómo, quienes primero compiten en las ligas nacionales, luego son capaces de pactar, coaligarse y complementarse en la Selección Nacional, para que sea España entera la que salga triunfante.

Ese fue el secreto del éxito de la Transición: la disposición a sumar, la generosidad, la transigencia mutua. Esta es la receta que necesitamos aplicar en un momento tan complicado para España: menos vetos y más abrazos, menos cálculo egoísta y más valentía solidaria, menos imposiciones y más concesiones recíprocas.

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La política debe también asimilar, desde este prisma, el principio de realismo que impregna la gestión empresarial. Y entro ya de lleno en la otra gran analogía que esta noche resulta pertinente. Si siempre se habla de los éxitos de los deportistas españoles y hoy abundaremos en los de las deportistas españolas, o del brillo de las figuras de nuestra cultura, creo que ha llegado el momento de hacer justicia a los emprendedores, a los empresarios españoles.

Me alegro mucho de que hoy nos acompañe el presidente de todos ellos, el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi. Si las pymes equivalen al deporte de base, las grandes multinacionales españolas en sectores clave como las telecomunicaciones, las finanzas, la construcción y los servicios o, desde luego, la electricidad y la energía, son las que nos representan, sumando éxito tras éxito, en la gran competición de la economía global.

Y quiero decir, sin la menor restricción, que tenemos motivos más que sobrados para sentirnos orgullosos de ellas y de las personas que las lideran. Esas empresas, punteras en innovación y tecnología, son la locomotora de nuestro progreso y el amortiguador de nuestras crisis.

Nunca dejaremos de denunciar comportamientos contrarios a la legalidad o a la ética, pero EL ESPAÑOL está convencido de que la libertad de empresa es la sal de la tierra y de que, frente a la demagogia que trata de embadurnar, con tópicos recurrentes o chuscas anécdotas sin trascendencia real, la imagen de nuestros empresarios, es de justicia subrayar lo que individual y colectivamente aportan a la sociedad.

Hay quienes actúan, y no hablo sólo del periodismo, como si la influencia consistiera en acertar a poner una mosca en la sopa en el plato oportuno, en el momento adecuado, para luego tratar de rentabilizar la retirada de la mosca o el blanqueamiento del plato. Nosotros creemos, por el contrario, que la verdadera influencia consiste en ayudar al lector a conocer y distinguir los ingredientes que hacen que un plato sea saludable para la sociedad o lo convierten en nocivo, con mosca o sin ella.

Por eso reivindicamos el esfuerzo y el mérito acumulados de quienes arriesgan su dinero y el de sus accionistas, creando puestos de trabajo, generando valor para la sociedad, moviendo las fronteras del progreso humano y ejerciendo con serena lucidez la responsabilidad social corporativa. Si defender estos valores es ser ‘pro business’, entonces sí -yo me acuso- EL ESPAÑOL es un periódico ‘pro business’.

Leones para un Pacto de EstadoIgnacio Sánchez Galán es un ejemplo palmario de todo esto y sólo siento que la Harvard Business Review se haya adelantado en unos pocos días a EL ESPAÑOL al subrayarlo, designándole como el quinto mejor CEO del mundo -se dice pronto- y desde luego como el número uno de su sector.

Los motivos de esa designación son apabullantes. A veces tiene que venir alguien de fuera para que nos demos cuenta del valor de lo que tenemos en casa. Resulta que este salmantino jovial y extrovertido, este hombre familiar y entrañable, este interlocutor firme y sin pelos en la lengua ante cualquier gobierno, este español de corbata y corazón verde, a quien he venido tratando de forma ininterrumpida desde sus tiempos de consejero delegado de Airtel, es quien lidera empresarialmente, a nivel mundial, el decisivo proceso de la transición energética hacia un ecosistema sostenible, mediante la inversión en energías limpias, utilizando las redes inteligentes y el almacenamiento de energía a gran escala.

Su estrategia implica que todas las bendiciones de la digitalización quedan al servicio de los clientes de Iberdrola y de la causa de la conservación del planeta. Y con estrictos mecanismos de gobierno corporativo -esto lo ha valorado decisivamente la Harvard Business Review– y una clara conciencia de que gran parte de los beneficios de la empresa deben revertir en la sociedad.

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Decía Bismarck que un líder es alguien que pone su oído sobre la hierba y detecta, antes que nadie, el sentido del galope del caballo de la historia. No es casualidad que la Iberdrola de Sánchez Galán, además de ser pionera en la promoción de las energías renovables, se haya distinguido también por el impulso del deporte femenino en España.

Son las dos grandes causas de nuestro tiempo que EL ESPAÑOL ha abrazado también con entusiasmo: el medio ambiente y la igualdad real de la mujer. Si antes elogiaba el juego de equilibrios y transigencias mutuas de la Transición es porque ha permitido la transformación radical de aquella España, vetusta y encogida, que heredamos y a la que, en efecto y para bien, como pronosticó Alfonso Guerra, «ya no la reconoce ni la madre que la parió».

El signo más patente de ese cambio prodigioso es la plena incorporación de la mujer a ámbitos que secularmente le estuvieron vedados, desde la judicatura a las fuerzas armadas -aquí tenemos hoy a la ministra de Defensa-, desde los sillones del Ibex hasta los asientos de los pilotos de los vuelos transatlánticos. Y dentro de esos ámbitos, sin duda el más extendido y omnipresente es el, otrora machista por antonomasia, gran recinto del deporte.

Si, siguiendo los ejemplos literarios de las cartas persas o marruecas, un viajero de un entorno diferente llegara hoy a España, reseñaría enseguida cómo gran parte de las mujeres practica el deporte. El 42% según la Encuesta de Hábitos Deportivos. Y, afinando un poco, relataría con asombro cómo en un estadio de fútbol se congregan 65.000 espectadores para ver un partido femenino.

Algo cambió para siempre en la idea que España tiene de sí misma cuando nuestras atletas regresaron en 2012 de los Juegos Olímpicos de Londres con más medallas que nuestros atletas. El fenómeno se repitió cuatro años después en Río. En gran medida, es fruto del trabajo bien hecho por el Comité Olímpico Español que preside Alejandro Blanco, que será quien recoja este León de EL ESPAÑOL, dedicado colectivamente a nuestro deporte femenino.

Han pasado casi cien años desde que Lilí Álvarez fuera nuestra primera representante olímpica y más de un cuarto de siglo desde que Blanca Fernández Ochoa logró aquella primera medalla mítica de Albertville. Hoy quiero rendirle el homenaje del recuerdo por su talla de deportista, por su calidad humana y por lo que significó para todas vosotras y todos nosotros.

Leones para un Pacto de EstadoNuestra estirpe de grandes campeonas no ha dejado de tener a partir de entonces continuidad, desde la gran Arantxa Sánchez Vicario -aquí está hoy su hermano Emilio- hasta Carolina Marín, pasando por Mireia Belmonte, Garbiñe Muguruza, Ona Carbonell, Teresa Zabel, la Secretaria de Estado, María José Rienda, o Coral Bistuer que también nos acompañan, y tantas otras. Si distinguiéramos a todas las que lo merecen, este acto sería hoy más interminable que la gala de los Oscar.

Por eso, hemos querido premiar al conjunto de las 900.000 españolas federadas, representándolas en cuatro figuras emblemáticas. Dos individuales: la consagrada y laureada Lidia Valentín que viene demostrando, en una disciplina tan exigente como la halterofilia, que la fuerza puede ser parte de la feminidad, y la joven motociclista, Ana Carrasco, que ha probado que una mujer puede ganar a los hombres y ser campeona del mundo, cuando conducen la misma máquina.

Los otros dos galardones son colectivos pues van destinados a las selecciones femeninas de baloncesto, por su medalla olímpica, su campeonato del mundo y sus cuatro campeonatos de Europa, y de fútbol, por su espectacular progresión de los últimos años. Nos gustaría que con estos cuatro galardones os sintierais representadas y motivadas todas las deportistas españolas y en especial las aquí presentes. Muchas de vosotras vais a participar en los Juegos de Tokio y unas cuantas vais a volver, sobre carros de fuego, con las medallas colgadas al cuello. Tened claro que sois nuestra esperanza y seréis nuestro orgullo.

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Si el deporte es la mejor metáfora de la vida es porque coloca al ser humano frente a sus límites y le obliga a dar lo mejor de sí mismo. Estoy seguro que vosotras entenderéis mejor que nadie que el otro gran galardón de este año, el León de EL ESPAÑOL a la Solidaridad, vaya destinado a quien, desde la mayor admiración y respeto, desde el reconocimiento a su abnegado tesón, a su lucha por ayudar a los demás, me atrevería a definir como el actual campeón del mundo de movimiento de párpado porque nadie ha hecho nunca tanto, simplemente con su cerebro y sus pupilas oculares.

Leones para un Pacto de EstadoTraté a Francisco Luzón en sus años de esplendor como banquero. Había sido uno de los jóvenes prodigios del Banco Vizcaya, había creado Argentaria y era el hombre de confianza de Emilio Botín, liderando la expansión del Santander en América Latina. Sabía lo que quería y cómo conseguirlo. Era convincente, carismático, seductor.

Coincidiendo con su jubilación, que auguraba un confortable retiro en un estanque dorado, le diagnosticaron ELA, la enfermedad degenerativa que la ciencia ha logrado a duras penas contener pero nunca ha conseguido vencer. En lugar de tirar la toalla y entregarse en manos del destino, Francisco Luzón emprendió, desde ese mismo día, su último gran empeño personal, su última gran competición, en la modalidad de carrera contrarreloj, y puso en marcha la fundación que lleva su nombre, para impulsar, con modélicos criterios de eficiencia y transparencia, la investigación de su enfermedad y aportar luz y esperanza a sus compañeros de infortunio.

Aunque no puede moverse, ni oler, ni comer o hablar, en el sentido convencional del término, luego escucharéis su voz (a través de unas palabras grabadas con sintetizador). En una reciente entrevista nos ha dejado dos mensajes que adquieren todo su significado, conociendo el papel esencial que, a su lado, viene desempeñando su esposa María José Arregui. “La vida es amor, amaré la vida hasta el último segundo. Disfruto del disfrute de los míos”, sostiene Luzón. “Plantaría un árbol, aunque el mundo se acabara mañana”, añade.

El mundo no se va a acabar mañana, admirado, admirable, querido Paco Luzón. Pero hoy, como cada día que pasa, has plantado ya ese árbol con tu inteligencia y tenacidad. Es un árbol más que puebla el bosque de tus sueños.

Pero es un árbol que Ignacio Sánchez Galán va a contribuir a preservar, al seguir potenciando las energías limpias y es un árbol en el que todas estas deportistas a las que premiamos están colocando ya la línea de meta, el listón, el desafío imaginario que van a tratar de alcanzar más rápido, más alto y más fuerte.

Porque tu ejemplo, admirado, admirable, querido Paco Luzón, es la demostración más extrema de que, como escribió John Donne hace quinientos años: “Ningún hombre es una isla en sí mismo, todos formamos parte del continente”. Y esa solidaridad que tú ejerces en el límite mismo de la capacidad humana, germina y se reproduce esta noche porque, como alegaba Condorcet, terciando en el famoso debate entre Rousseau y Voltaire sobre el origen de la vida y el sentido de la existencia humana, nuestra misión en la tierra consiste en legar un mundo mejor a las nuevas generaciones.

Vosotros también predicáis con el ejemplo y bogáis en pos de esa meta, querido Ignacio, queridas deportistas españolas, y por eso os honramos hoy a todos como Leones de EL ESPAÑOL; y os aplaudimos, ahora, como lo que sois: grandes de España.

Pedro J. Ramírez, director de El Español.

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