Leopoldo López tiene un pie en la calle, ¿qué viene ahora?

Ni siquiera la familia cercana a Leopoldo López, uno de los principales líderes de la oposición venezolana y fundador del partido Voluntad Popular, conocía la medida que tomó el Tribunal Supremo de Justicia de otorgarle casa por cárcel al preso político más emblemático del gobierno de Nicolás Maduro.

López fue sentenciado a 13 años y nueve meses de prisión, en un juicio amañado y lleno de irregularidades, luego de convocar a la protesta en las calles en 2014. El sábado fue trasladado a su casa desde la prisión militar de Ramo Verde y en su primera declaración reiteró su compromiso de “seguir luchando hasta alcanzar la libertad de Venezuela”.

Su traslado ocurre luego de 100 días de intensas protestas y movilizaciones de sectores opositores en las principales ciudades del país que han causado la muerte de más de 90 personas hasta la fecha, principalmente por la acción de las fuerzas de seguridad que han empleado bombas lacrimógenas, perdigones y armas de fuego para sofocar la rebelión en las calles.

En el plano nacional, la medida a favor de López es un caramelo envenenado. Añade nuevas dificultades a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), coalición de partidos opositores, que no ha podido construir una cara visible que encarne el liderazgo de las protestas. López, que ahora tiene un pie en la calle, puede hacer valer su influencia en la toma de decisiones. O jugar con sus propias cartas como lo ha hecho en el pasado.

La medida, sin embargo, no cambia el tablero político venezolano. El gobierno sigue empeñado, contra viento y marea, en imponer el proceso constituyente que anula a la Asamblea Nacional electa democráticamente. Mientras tanto, la oposición ha convocado un plebiscito, a celebrarse el próximo domingo 16 de julio, para deslegitimar aún más la pretensión del Ejecutivo.

En este pulso, el país se está jugando su futuro. O el gobierno impone una dictadura comunista a través de un Estado comunal —siguiendo el modelo cubano— o la oposición restablece la democracia en Venezuela.

Luego del beneficio procesal otorgado a López, tanto la Mesa de la Unidad Democrática, como los propios voceros del chavismo, han coincidido en expresarse con cautela para no echarle más leña a la polarización que ha acelerado la escalada del conflicto político venezolano. La MUD espera que este hecho inicie un proceso de rectificación por parte del gobierno que conduzca a una “solución política a la tragedia que todos vivimos”. El general Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa, y uno de los hombres clave del régimen de Maduro, dijo que la medida fue producto de “la tolerancia y el diálogo”.

Tanto el chavismo como la oposición han tomado nota del estrepitoso fracaso del proceso de negociaciones de octubre del año pasado. Nadie ha hablado de condiciones, de objetivos ni del papel de los facilitadores o acompañantes. Las conversaciones se están llevando a cabo en un estricto secreto.

Y aún así los encuentros avanzan sobre un terreno minado. La liberación de López y de los demás presos políticos —ahora suman más de 400— era una de las cuatro exigencias hechas por la MUD para negociar una salida política. El hecho de que López tenga un pie en su casa y otro en la calle, plantea lo difícil de producir resultados. “Vamos a ver un goteo de liberaciones en los próximos días”, me dijo una fuente allegada al proceso. Aunque no habló de las concesiones que el gobierno espera a cambio.

Ante el asalto efectuado la semana pasada contra el Palacio Federal Legislativo, sede la Asamblea Nacional, uno de los episodios más tenebrosos de la violencia política que asedia al país, un grupo de intelectuales e influyentes personalidades venezolanas se sintió en la obligación de publicar un documento titulado “Llamado al entendimiento nacional”, cuya frase inicial advierte: “La inédita crisis política, económica y social que padece Venezuela no hará más que agravarse si el ejercicio de la inteligencia y el patriotismo del liderazgo no detiene la escalada de la confrontación”.

La liberación de López también era una exigencia del gobierno de Estados Unidos. Basta recordar que Donald Trump recibió en la oficina Oval a Lilian Tintori, esposa de López, junto con el senador Marco Rubio y el vicepresidente Mike Pence.

Ahora, que el gobierno de Raúl Castro renegocia la normalización de relaciones con un Trump hostil, algunos analistas vinculados a la cancillería venezolana (hasta hace poco liderada por Delcy Rodríguez, candidata a la constituyente y pieza clave en la medida cautelar a favor de López) dicen que La Habana, para hacer valer sus intereses, influyó sobre su aliado venezolano para que se tomara la decisión.

El beneficio es mutuo pues el gobierno venezolano, además, abrió una pequeña rendija para negociar con la oposición. La gestión de Rodríguez Zapatero, quien viajó de incógnito a Venezuela el pasado viernes, cuenta con el aval del gobierno de Mariano Rajoy y posiblemente con el respaldo de Felipe González, quien mantiene contactos directos con el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, en una operación cifrada de la Internacional Socialista a la que también pertenece Voluntad Popular, el partido de Leopoldo López.

Todavía, quizás, el cronómetro no ha señalado la hora cero de la guerra civil que parece avecinarse y de la cual se habla de forma banal en Venezuela. Pero aunque muchos venezolanos mantienen la esperanza de que el gobierno suspenderá la constituyente y retornará a un canal democrático, los voceros chavistas sostienen que es irreversible. Con esa carta en la mano, el gobierno buscará fuerzas para negociar su supervivencia en el poder, si bien seguirá acosado por la imparable crisis económica y social, así como por la amenaza de que se agrave la violencia política.

Pero en esta lucha por el poder, el chavismo está lejos de desaparecer como fuerza política y podría incluso reinventarse a través de sus grupos disidentes —en alianza con el llamado chavismo originario— para seguir gobernando.

Si el gobierno logra imponer el proceso constituyente habrá realineaciones políticas del chavismo y una recomposición en las filas opositoras que volverá a poner a prueba sus liderazgos. Posiblemente, las negociaciones se retomen después del 3 de agosto, día en que se instalaría la Asamblea Nacional Constituyente. En ese punto, la unidad será el más importante patrimonio de la oposición en la lucha por restaurar la democracia.

Hugo Prieto es periodista y narrador venezolano.

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