Letizia entra en campaña

Por Gabriel Colomé, profesor de Ciencia Política y director del Institut de Cièncias Polítiques i Socials de la Universitat Autònoma de Barcelona (EL PERIÓDICO, 05/11/03):

Antes de iniciarse la campaña de las elecciones catalanas el pasado viernes, 31 de octubre, los estrategas de los partidos se habían planteado cómo podía afectar a su buen desarrollo el posible fallecimiento del Sumo Pontífice. Tal hipótesis fue estudiada en todos sus extremos para minimizar los riesgos de emitir mensajes contraproducentes. Pero no podían ni imaginar que la noticia bomba que estallaría en plena batalla electoral sería la historia de amor entre el príncipe Felipe de Borbón y una periodista, Letizia Ortiz. Nadie podía prever una variable independiente tan sorprendente por inesperada, y aquel empeño por minimizar los riesgos quedó obsoleto.
Si en el diseño estratégico primigenio se pensaba en un espacio de luto y contención, el segundo, en cambio, se ve abocado hacia el color rosa y el optimismo y a preguntarse si los electores han vuelto a su única condición de ciudadanos sólo preocupados con los detalles del romance del heredero de la Corona.
Los efectos electorales que puede tener el fenómeno Letizia pueden ser de diferente índole. En primer lugar, tapa mediáticamente la campaña. El espacio más importante de los medios de comunicación queda ocupado casi exclusivamente por la futura princesa consorte y el Príncipe.

EN SEGUNDO lugar, el fenómeno Letizia distorsiona la agenda política que debe marcar la pauta de la campaña. Se convierte en ruido que altera los mensajes y tiñe la contienda electoral de otro color. Por ejemplo, ¿nos preocupa más el plebiscito convergente del sí a Catalunya o el sí del compromiso de Letizia de mañana?
El debate en el que se va a sumergir nuestra sociedad se centrará en concretar la fecha de la boda, olvidándose de la confrontación televisiva de los candidatos de las elecciones catalanas del viernes y de la fecha casi totémica del 16 de noviembre. Los electores, con tanto ajetreo, pueden olvidar que el domingo 16 se vota. Se podría pensar como otra hipótesis posible que el fenómeno Letizia puede tener efectos de anular todo el esfuerzo electoral de los partidos. La verdad es que una parte de la campaña ha durado casi dos años, y los electores pueden tener la sensación de cierto alivio desengrasante con la noticia del compromiso. En este sentido, la pregunta que nos podríamos formular es si, a este nivel, la contienda electoral sirve para mucho, con o sin Letizia.
La respuesta académica es que la campaña sirve para consolidar al electorado fiel e intentar convencer los segmentos de indecisos que pueden inclinar el resultado final. Es para lo que valen. Si el trabajo de los comités electorales ha sido realizado con la profesionalidad que se le supone, la búsqueda del voto habrá empezado dos años antes, analizando los resultados previos y movilizando al electorado propio para tener las huestes preparadas para la batalla final. Entre el 70% y el 80% de los electores decide si se abstendrá o votará y a quién antes de que se inicie la campaña. En ésta cada opción busca mantener las posiciones y crecer a costa de los indecisos. Aquí Letizia no tiene ningún efecto.

LA TERCERA hipótesis a plantearse es si el fenómeno Letizia incrementará la abstención, ya que la primera semana de campaña va a quedar tapada por compromiso del Príncipe y entraremos en la última semana con la futura princesa ocupando los espacios de comunicación.
¿A quién favorece esta situación? ¿Al candidato o partido que lleva ventaja en las encuestas o, por el contrario, al candidato o partido que debe remontar? La respuesta debería ser la no respuesta; pero, en principio, quien debe recuperar terreno necesita más ruido propio y el fenómeno Letizia no le favorece demasiado.
Sin embargo, también se podría pensar que el electorado es muy sensato y separa el romance rosa y optimista de Felipe y Letizia de los envites electorales que se juega con su voto el 16 de noviembre, que como siempre será una gran fiesta de celebración de la democracia. De la misma manera que se ha abierto una página en la historia de la Casa Real, también el domingo 16 se cierra una página en la historia de este país, porque nada será igual en Catalunya a partir de los resultados de las elecciones autonómicas.

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